Regreso a Paiporta con Raquel, que pas dos das con el cadver de su to en el saln, y otras dos familias conectadas por la dana: «Fue una guerra sin bombas»


Es torcer en la calle de San Joaquim hacia la de Benlliure y mudrsele el rostro. Desde la esquina ya se ve el ramo de rosas rojas artificiales prendido en la reja de la ventana de la tercera casa de la fila de la izquierda, la que lleva el nmero 20. «No s si os acordaris; bueno, claro que os acordis. Ah haba una montaa enorme de coches, todo esto estaba lleno de barro, las alcantarillas llenas, todo el mundo tirando el barro en ellas…».

Raquel Navarro Muoz, de 49 aos, seala aqu y all y hace como que carga y tira una palada de lodo mientras camina, an entera, hacia la vivienda del ramo. «Hay algunas casitas que ya han arreglado; sta de la esquina, por ejemplo; esta otra est en proceso», dice junto a dos sacos grandes de escombros, cuando est ya frente a la casa de las rosas rojas.

Se acerca a ellas, las acaricia y se derrumba. «Me dijeron: ‘No entres, Raquel, es mejor que no lo veas, no entres’. Pero yo quise entrar para despedirme de l. Y eso no se me va a olvidar en la vida. No tuvo posibilidad de salvarse, ni mi to ni mucha ms gente. Cada vez que vengo se me retuerce el estmago. Desde entonces he venido slo una vez a ver a mi ta. Debera venir ms, pero es que no puedo, no puedo».

A Raquel Navarro la conocimos hace un ao, exactamente el jueves 31 de octubre de 2024, dos das despus de la dana. Hasta esa maana, ni los servicios de emergencias, ni el Ejrcito, ni los medios de comunicacin haban entrado en Paiporta, a la que solo se poda acceder a pie. Cuando llegamos, la tragedia estaba prcticamente virgen, casi sin mirar ni contar. Habamos arrancado a caminar desde una Valencia impoluta -ni un cristal de escaparate roto o manchado de barro- y unos cinco kilmetros despus nos asomamos a un escenario dantesco.

Reda Slafti

Los vecinos -27.750 censados- no tenan agua, ni luz, ni comida, ni cobertura telefnica. La riada los haba golpeado con tanta fuerza que haba arrancado los cierres metlicos de los negocios o los haba retorcido como si fueran de papel albal. Todos los comercios de Paiporta haban sido saqueados. Los de bienes de primera necesidad, como supermercados y farmacias, pero tambin las joyeras o las tiendas de aparatos de aire acondicionado.

Las familias que haban perdido a un ser querido tenan an a los muertos en casa. Los equipos forenses, a quienes se autoriz extraordinariamente para que pudieran realizar levantamientos de cadveres ante la saturacin de los jueces de guardia, acababan tambin de llegar a Paiporta. «Fue una guerra sin bombas», nos dir despus Carmen Romero, quien estuvo nueve das buscando a su hijo Fidel, al que finalmente encontraron muerto. En Paiporta la dana dej 46 cadveres de los 237 que se cobr en total.

Un ao atrs, exactamente a las 14.30 horas del 31 de octubre de 2024, giramos en la esquina de San Joaquim, como hemos hecho ahora pero arrastrando los pies por el lodo, y encontramos a Raquel, vestida de negro, embarrada, y sentada en una silla frente a la ventana donde ahora estn las flores. Dentro de la vivienda, 43 horas despus de que el agua anegara la casa de una sola planta, permaneca tumbado en un colchn el cuerpo inerte de su to, Reyes Gmez, de 78 aos.

A la izquierda de Raquel, en otra silla, con unas bolsas de basura negras atadas en las piernas para tratar de proteger los bajos de los pantalones, estaba Nuria, nieta del difunto. La nica hija de Reyes, Inma, permaneca de pie, empujando sin parar el agua sucia hacia la boca de la alcantarilla con un cepillo, como una autmata. As las retrat Carlos Garca Pozo aquel medioda, poco despus de que los bomberos se marcharan: «Ahora vendrn a por l», dijeron. Fue la impactante imagen de la portada de EL MUNDO el 1 de noviembre de 2024.

La imagen de portada en la que Raquel esperaba que recogieran el cad

La imagen de portada en la que Raquel esperaba que recogieran el cadver de su to.

Mientras barra el lodo, la hija contaba por encima el destrozo humano que la dana haba hecho en la casa. «Dentro estaban mi madre y mi padre, que vivan aqu solos. Mi madre logr subirse a la uralita del patio -no s ni cmo lo consigui la mujer, que ya tiene 80 aos-, pero mi padre, que estaba en silla de ruedas, no. Cuando logramos llegar a la casa, a las tres de la madrugada, ya no pudimos hacer nada».

Circul luego la historia de que Filomena, que as se llama la octogenaria superviviente, haba tenido que elegir entre ahogarse con su marido impedido o salvar al menos una vida, la suya. As nos lo cont unas semanas despus un voluntario al que entrevistamos por otro tema y que provena del pueblo de Filomena, Don Benito (Badajoz). Hasta all haba llegado el relato distorsionado, segn aclara ahora Raquel.

«Mi ta estaba en el patio tratando de quitar la trampilla del desage, a ver si tragaba agua, pero nada. Y fue a abrir la puerta para entrar de nuevo en la casa y ya no pudo por la presin del agua, que haba subido mucho. Mi to estaba en la habitacin de al lado. ‘Reyes, Reyes, Reyes!!!’. Ella lo llamaba, pero l no la oa. Aparte de que haba mucho ruido, nos quedamos todos a oscuras. Mi to estaba acostado en la cama; si el colchn hubiera flotado… Hubo mucha gente que se salv as».

Los vecinos de las casas cercanas vean a Filomena en peligro en el patio y le gritaban desde las ventanas: «Sube, sube, sube!!!». «El patio tena una uralita de plstico duro arriba y gracias a que haba unas escaleras plegables logr subirse a la uralita. Pas all toda la noche. Los primeros en llegar a la casa fueron mi hermana Mnica, mi sobrina Miriam, una chica de Paiporta que es polica y un vecino. Tuvieron que derribar la puerta con un martillo. A mi ta la encontraron subida en la uralita, temblando de fro. A mi to…».

Raquel nos contaba esto antes de la dolorosa visita a la casa de su to Reyes, tomando un caf en la plaza Xquer. Su relato lo interrumpa el megfono de un vehculo municipal que recorra la poblacin anunciando el fallecimiento de un vecino. «Es algo habitual, suelen hacerlo», aclaraba Raquel ante nuestra extraeza.

El coche haba entrado en la plaza por la esquina donde ahora est Reforhome, uno de los muchos negocios que han surgido ante la enorme necesidad de obrar las viviendas destruidas por la riada. «Ah antes haba como un almacn en el que un seor guardaba sus herramientas de trabajo», explica Raquel. No hay calle en el que no se oigan martillazos o sierras metlicas. Paiporta est an en fase de reconstruccin.

«Tardaron cinco das en llevarse a mi to». La seguridad con la que Raquel dice esto nos desconcierta. Le explicamos que eso no es posible, puesto que nosotros las retratamos velando el cuerpo el 31 de octubre -dos das despus de la dana- y al da siguiente, 1 de noviembre, regresamos y ya no haba nadie en la vivienda. Slo encontramos la silla de ruedas de Reyes vaca.

La madre de Raquel, Mara Jos, con quien nos cruzaremos despus, insistir en lo mismo: «Cinco das estuvo mi cuado Reyes en el comedor. Haba tantos difuntos que tardaron cinco das en llevrselos».

Y tras nuestra visita a Paiporta, ya de vuelta a Madrid, recibimos un audio de Raquel. Sigue dndole vueltas a que fueron cinco das y ha consultado a una nieta de Reyes. «Le he preguntado: ‘Al yayo cuantos das tardaron en llevrselo?’. Y me dice que al quinto por la noche. Me acuerdo de que estaba oscuro ya. Vinieron los bomberos, lo pusieron en una camilla, lo taparon y tuvimos que andar hasta donde estaba la pizzera Capri ms o menos [300 metros]. All haba furgonetas, no una, haba varias, y tenan como literas. No se me olvida: a mi to lo pusieron de los ltimos abajo; haba cuatro o as en cada furgoneta.

No se vea entonces por el barro, pero el suelo de la calle donde viva Reyes es adoquinado. Frente a las fachadas de las viviendas, donde hace un ao apilaban los muebles que el agua haba destruido, hay ahora una hilera de macetas con plantas. Una montaa de coches taponaba entonces el paso a mitad de la calle y haba otro embotellamiento similar al final de la va, de modo que los vecinos de en medio quedaron atrapados.

«A una seora mayor de esa casa le ataban la comida a una cuerda y se la suban», dice Raquel sealando a un primer piso. En otra de estas viviendas aisladas una familia custodiaba el cadver de la abuela. No sabe Raquel cunto tiempo tardaron en poder sacarla.

Del nmero 20 de la calle Benlliure a la rambla del Poyo, el barranco que se desbord con una fiereza nunca antes vista en Paiporta, hay unos 300 metros sembrados de casas con fallecidos. «Aqu falta la madre de mi amiga Eva», dice Raquel sealando a un solar del Carrer de la Font en el que antes de la dana haba dos casas bajas. «Estuvo con el yerno aguantando, aguantando, pero trag tanta agua… Pas 30 das en el hospital y falleci».

A su izquierda est la fuente en la que grabamos a los vecinos haciendo cola para llenar botellas y garrafas porque no tenan agua. «En esas dos casas tambin haba coronas de flores», contina Raquel sin moverse del sitio, apuntando ahora con el dedo a dos viviendas a su derecha: a la que tiene pintada una «x» en la fachada junto a la leyenda «no entrar, peligro», y a la de al lado.

Carmen Romero y su hijo David, con el retrato de Fidel Montero, gemelo de David fallecido en la dana.

Carmen Romero y su hijo David, con el retrato de Fidel, gemelo de David fallecido.

Por estas mismas calles avanzbamos siguiendo a David Montero Romero el 1 de noviembre de 2024, tres das despus de la dana. Era viernes, inicio del Puente de Todos los Santos, y Paiporta haba sido tomada por un ejrcito de voluntarios. Entre aquella marabunta encontramos a David, desesperado porque les faltaba su hermano gemelo, Fidel, de 49 aos.

Haba salido de casa para poner a resguardo su coche y, sorprendido por la repentina riada, haba aguantado agarrado durante horas a una farola o un rbol de la plaza Xquer. Desde una ventanita del trastero lo vieron su mujer y su hijo cuando, ya bajando el nivel del agua, regresaba a casa. «Fidel, sube ya!», le pidi ella. «Voy!», respondi l.

Esto fue lo ltimo que supieron de l, nos contaba David sentado en el patio de la casa del desaparecido. De ella entraban y salan los voluntarios que estaban ayudndole a limpiar y a tirar lo inservible, que era prcticamente todo. Entre lo poco rescatable estaban las fotografas familiares de su hermano. David les quit un poco el barro con las manos y las mostr a la cmara. As apareci en la portada de EL MUNDO el 2 de noviembre.

La b

La bsqueda de Fidel, en la portada de EL MUNDO.

Un ao despus, cuando bajamos por la calle Primero de Mayo hacia el barranco del Poyo, nos cruzamos de casualidad con la madre del fallecido Fidel, Carmen Romero, a quien acompaa la madre de Raquel. Las familias se conocen mucho: «Fidel era amigo de mi hermana y yo iba a clase con su hermano Ral», nos sita Raquel. As, para nuestra sorpresa, se conectan los dos primeros reportajes sobre la dana que hicimos en Paiporta. Y an nos falta por descubrir el nexo, mucho ms impactante, con una tercera historia.

Nos lo revela Carmen Romero, la madre de Fidel. La mujer camina ayudada por un andador y tira de un carrito de la compra de color marrn. Es menuda pero muy corajuda. No hace falta casi preguntarle para que suelte del tirn el dolor y el rencor que lleva dentro. «Sigo sin quitarme a mi hijo de la cabeza. Quin se iba a imaginar que haca media hora que haba hablado con l y… No avisaron a tiempo, porque ellos lo saban, lo saban. Conozco a gente a la que sus hijos les avisaron desde Utiel [el primer punto de la comunidad valenciana embestido por la dana; all lleg a las 14.00 horas -cinco antes que a Paiporta-; seis muertos], les dijeron que se subieran a los balcones. Y le echan la culpa a los que fueron a por los coches. Pero, desgraciados, si no llova, si lo que vino fue un tsunami», se desahoga Carmen antes de sealar a la interseccin de las calles Florida y Lepanto, lo que en Paiporta llaman «las cuatro esquinas».

«Por esa calle muri mi hijo. Al cruzar para su casa le pill un coche o una nevera y le dio un golpe. Trece das desaparecido y estaba en una tienda de aire acondicionado al lado del [supermercado] Dia. Y sabe lo que pone en el certificado de defuncin? Muerte por accidente el da 30. Pero, seris sinvergenzas? Por accidente de qu?, qu accidente? Fuerte, atleta, trabajador, familiar… y que se fuera en media hora. Esto ha sido una guerra sin bombas», dice de carrerilla y muy encendida.

Se viene abajo, y acongoja ms tarde, cuando le preguntamos si nos acompaara al cementerio. La negativa es rotunda. No ha ido nunca a ver la tumba de su hijo. No ha sido capaz de enfrentarse a ello. «Ni el da del entierro pude entrar; me qued en la puerta», cuenta.

La mencin que antes ha hecho Carmen sobre que su hijo fue hallado dentro de una tienda de aparatos de climatizacin nos deja pensativos. Resulta que, tras aquella primera incursin en Paiporta, regresamos diez das despus para entrevistar a quienes se haban quedado sin negocio y sin casa. Era el caso de Mariloli Fernndez, a quien la tromba sorprendi en el establecimiento de aire acondicionado que regenta en un bajo de la calle Santa Ana. Se haba salvado escalando a los pisos de arriba con la ayuda de los vecinos. «Desde all vi a la gente ahogarse, vi cmo una persona entraba en mi tienda ahogada. Dije desde el primer da que all haba un fallecido y han tardado ocho das en sacarlo», contaba entonces.

La primera ma

La primera maana de Mariloli y su familia de regreso a su casa.

«S, Fidel estaba en mi tienda, nos responde ahora», cuando le escribimos para transmitirle lo que nos ha contado Carmen. No podemos visitarla en persona porque se encuentra de viaje fuera de Espaa. «Yo saba que haba alguien pero no me queran ayudar. Es que fue todo impresionante. Si echo la vista atrs, ni me creo lo que hemos pasado«, dice.

Le preguntamos si ha recuperado ya la casa y el negocio y nos enva una imagen en la que se la ve junto a su marido, sus dos hijas y el perro, en el sof, todos en pijama: «La foto de la primera maana que despertamos juntos otra vez en casa. Uf, ver esa foto… se me saltan las lgrimas». Hasta entonces -1 de julio de 2025, ocho meses despus de la dana- estuvieron viviendo separados: las hijas con unos abuelos; el matrimonio con los otros. El negocio lo abrieron en marzo.

Mariloli nos dijo que haban tardado ocho das en ir a recoger el cuerpo de su tienda. La madre de Fidel pensaba que haban sido 13. David, el gemelo, nos escribi esto el 7 de noviembre, nueve das despus de la riada: «Hola, Ana. Hoy me ha llamado la Guardia Civil. Me han confirmado que han identificado a mi hermano. Ya se ha acabado nuestra angustia«.

Mariloli en su casa, destrozada, unos d

Mariloli en su casa, destrozada, unos das despus de la riada.

La dana les distorsion el paso del tiempo, les desorden el calendario y les par la vida. Cuntas cosas previstas para el da siguiente nunca sucedieron. La cita que tena Raquel, por ejemplo, para que le dieran los resultados de una biopsia de mama. «No fui hasta un mes despus porque era imposible salir de aqu. Fue sentarme en la consulta y me dice la mdica: ‘Es un carcicoma, hay que intervenir urgente'».

Durante la entrevista se acerca a saludarla otra mujer operada de cncer de mama.

-A m me duele ms ahora, eh?

-A m me lo quitaron todo y la oncloga me dijo: «El dolor no se te va a ir, sobre todo con los cambios de tiempo».

-Hay que asimilar que va a ser as.

El 30 de octubre tambin se inauguraba el negocio de frutas y verduras que hay en un esquinazo de la plaza Xquer y que regenta una familia india. Fueron muy grabados y fotografiados en los das posteriores a la dana porque repartan vveres en el local que haba arrasado el agua ataviados con coloridos turbantes. Hasta hace un mes no pudieron abrir la tienda, cuenta Manik, el dueo.

Al lado est la iglesia de San Ramn, a cuya poyata, de no menos de dos metros de altura, lograron subirse la hermana y la sobrina de Raquel cuando el agua ya las arrastraba. «Nunca vimos la muerte tan cerca», se escucha decir a las sobrina en una entrevista en televisin.

Raquel sobrevivi agarrada a una tubera unos 50 metros ms arriba, en la misma calle San Antonio. Cuando la encontramos sentada en la puerta de la casa de su to, tena los brazos morados y agarrotados de la fuerza que tuvo que hacer -«durante cuatro o cinco horas»- para que no se la llevara la corriente.

Justo donde est la tubera, en la esquina con la calle Luis Mart, han puesto un baldosn que a unos dos metros y medio de altura. «20.10.2024. Fins ac va a arribar la riu. Sols el poble salva al poble«, est grabado en la loseta. «Hasta aqu lleg la riada. Slo el pueblo salva al pueblo».





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