Europa despus de la ingenuidad
Europa ha entrado en una nueva etapa histrica. No es una afirmacin retrica ni alarmista, sino una constatacin poltica. Durante demasiado tiempo hemos vivido bajo la conviccin de que la estabilidad era permanente, la seguridad estaba garantizada y el progreso econmico era irreversible. Hoy sabemos que el confort europeo que conocimos durante dcadas ya no existe, y seguir actuando como si existiera sera una forma peligrosa de engaarnos.
La acumulacin de amenazas -militares, tecnolgicas, comerciales, energticas y migratorias- ha alterado de manera profunda el contexto en el que hoy se desarrolla Europa. Las naciones europeas nos enfrentamos a ataques recurrentes que erosionan nuestra cohesin, nuestra soberana y el propio proyecto de Unin que algunos pretenden debilitar desde dentro; ataques que, en no pocos casos, proceden de partidos con representacin en el Parlamento Europeo.
Ante esta realidad, la respuesta no puede ser ni la resignacin ni la improvisacin. Exige liderazgo, claridad estratgica y una visin de futuro capaz de defender y fortalecer Europa. Los aos 2026 y 2027 sern decisivos. Las elecciones que se celebrarn en muchos Estados miembros decidirn si nuestra Unin se limita a gestionar su declive o si asume su responsabilidad histrica. Ha llegado el momento de recuperar una poltica comunitaria basada en la realidad, no en el voluntarismo.
La primera obligacin de esa poltica es la seguridad. Europa necesita capacidades reales para protegerse. Las inversiones en defensa deben responder a prioridades claras: tecnologas avanzadas como los drones; el refuerzo efectivo del flanco oriental; la atencin estratgica al flanco sur, donde Espaa ocupa una posicin clave para la estabilidad, la seguridad y el control de fronteras de toda la Unin; la construccin de un Escudo Areo y un Escudo Espacial europeos; y una cooperacin industrial y operativa orientada a reducir dependencias estratgicas. Todo ello sin olvidarnos de nosotros mismos, porque la seguridad europea empieza tambin en el interior de nuestras naciones. En ese marco se inscribe el respaldo a quienes garantizan el orden y la convivencia, y el impulso del Partido Popular espaol al reconocimiento de la labor policial como profesin de riesgo.
Ahora bien, la seguridad no es un fin en s mismo. Sirve para preservar algo ms profundo: un modelo de convivencia basado en la libertad, la ley y la dignidad de la persona. Ese es el sentido del Estado de derecho, que debe exigirse con la misma firmeza dentro y fuera de nuestras fronteras. Europa pierde autoridad cuando tolera vulneraciones democrticas o guarda silencio ante regmenes que persiguen a la oposicin y anulan las libertades.
En Iberoamrica, y muy especialmente en Venezuela, esa ambigedad ha tenido consecuencias evidentes. Espaa, por historia y por responsabilidad, debera ejercer un liderazgo claro en la defensa de la democracia. Cuando el Gobierno de Snchez renuncia a hacerlo, otros asumimos ese compromiso en el mbito europeo. En el Partido Popular lo hemos hecho siempre y lo seguiremos haciendo, sin equidistancias.
De las experiencias vividas al otro lado del Atlntico hemos aprendido una leccin clara: los valores solo perduran si generan prosperidad. Europa necesita volver a crecer, competir y creer en su propia capacidad de liderar. Es imprescindible corregir una deriva que durante demasiado tiempo ha penalizado a nuestra industria, desincentivado la inversin y asfixiado a empresas y autnomos bajo una burocracia cada vez ms espesa.
La competitividad europea empieza por reglas que funcionen y por instituciones que no sustituyan al talento individual. La legislacin debe ser comprensible, utilizable y evaluable. Las normas inaplicables no refuerzan la proteccin ambiental ni los derechos sociales; terminan bloqueando la actividad econmica. De ah la necesidad de un calendario vinculante que obligue a las instituciones europeas a aplicar, revisar, simplificar y corregir sus propias decisiones.
Esa misma lgica debe guiar nuestra poltica medioambiental. Solo ser sostenible si es compatible con el crecimiento econmico y el empleo. La neutralidad tecnolgica no es una concesin, sino una condicin imprescindible para que sectores clave como la automocin o la siderurgia puedan adaptarse, innovar y seguir formando parte del futuro industrial de Europa.
El comercio internacional ha sido uno de nuestros principales instrumentos de prosperidad y autonoma. Abrir mercados y diversificar socios forma parte de una poltica exterior inteligente. Desde esa conviccin, quiero defender el libre comercio con rigor. Acuerdos como el de Mercosur solo tienen sentido si refuerzan la capacidad de competir de Europa y si incorporan mecanismos efectivos frente a la competencia desleal.
El sector primario europeo no puede seguir expuesto a los costes de acuerdos mal ejecutados. Proteger a agricultores y ganaderos no es proteccionismo: es garantizar reciprocidad, con controles reales y salvaguardas eficaces. La Poltica Agraria Comn y la Poltica Pesquera Comn deben seguir siendo una herramienta esencial de cohesin territorial, seguridad alimentaria y estabilidad social. Defender el libre comercio y defender a nuestro campo forman parte de la misma idea de Europa cuando los acuerdos se negocian bien y se aplican con firmeza.
La inmigracin es otro mbito donde decir s exige hacerlo con reglas claras. Europa ha establecido un marco comn para gestionar la inmigracin desde la responsabilidad, el control y la legalidad. Pero la regularizacin impulsada por el Gobierno de Pedro Snchez, sin controles ni exigencias claras, rompe esa lgica comn y debilita la poltica migratoria europea en su conjunto. No ordena la inmigracin ni mejora la integracin: genera un efecto llamada, fortalece a las mafias y traslada las consecuencias del desorden ms all del mbito nacional.
Defiendo una poltica migratoria europea basada en reglas claras y exigibles, en un control efectivo de fronteras y en el respeto al Estado de derecho. Para que un inmigrante obtenga un permiso de residencia en un pas europeo, debe hacerlo por vas legales, con un contrato de trabajo, sin antecedentes penales ni policiales y cumpliendo las mismas leyes y obligaciones a las que estn sometidos los propios nacionales con los que va a convivir.
Porque, adems, todo esto tiene un destinatario claro: los ciudadanos europeos, especialmente los ms jvenes. Una generacin que afronta mayores dificultades para acceder a un empleo estable, a una vivienda y a un proyecto de vida previsible. A ellos no quiero fallarles. Recuperar la ambicin europea es, tambin, volver a ofrecerles un horizonte de progreso: seguridad, oportunidades y confianza en el futuro.
Insisto. Europa est dejando atrs la era de la ingenuidad. El tiempo que ahora comienza es el de la valenta. Necesitamos valenta para protegernos, para crecer y para defender los valores que nos sostienen. Para comprometernos cuando la historia exige algo ms que contemplacin. Esta es la Europa en la que creo: la que no se deja constreir por marcos ajenos y asume la responsabilidad de defender su propia libertad y prosperidad.

