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Barrio de Salamanca, ciudad de vacaciones: vecinos estacionales en pisos que cambian rápido de manos | Noticias de Madrid


Un hombre con un plan. Ese era Carlos Mazo, educador y desarrollador inmobiliario. Una mañana del mes de junio de 2024, envió a uno de sus más jóvenes trabajadores a la Puerta de Alcalá con una única misión: contar ventanas. No valía cualquiera. Las únicas que le interesaban eran aquellas desde las que se pudiera ver el monumento. El motivo es que soñaba con hacerse con todas y cada una de ellas. En total, le informaron, unos 38 pisos cumplían la premisa. “Son las vistas del millón de euros”, asegura Mazo, socio de la promotora Logika European Partners. Hace unas semanas, vendió uno de estos preciados tesoros. “Fue un cliente mexicano. Le dije: ‘Que sepas que estás comprando un piso que no está reformado y que, si lo compraras tres plantas más abajo, te podría costar dos millones menos, y para entrar a vivir”, recuerda. La respuesta fue contundente: “Quiero esa vista”.

Barrio de Salamanca, ciudad de vacaciones. Si alguien quisiera promocionar en televisión este opulento barrio madrileño, este sería el eslogan más ajustado a la realidad. Hoy, lo que un día fue el refugio de la alta aristocracia madrileña es el distrito de la capital donde existe mayor número de segundas residencias, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). En concreto, de las 79.809 viviendas que hay censadas, el 21,47% —17.142 inmuebles— son lo que la entidad cataloga como “viviendas no principales”, una denominación que incluiría tanto segundas residencias —propiedad de dueños que no residen ahí de forma habitual— como viviendas vacías. Dentro de este enclave exclusivo, el tesoro más preciado se sitúa frente a la Puerta de Alcalá. Allí, la palma se la llevan los ocho bloques que se encuentran circundados por las calles Serrano, Recoletos, Alcalá y Villanueva. De acuerdo con el portal inmobiliario Idealista, hay cerca de 90 pisos a la venta en esta zona. Sin embargo, la mayoría de estas operaciones millonarias se llevan a cabo off the market, es decir, en transacciones invisibles para el gran público. Lo que ocurre en el barrio de Salamanca se queda en el barrio de Salamanca.

Todos los días, desde hace cinco o seis años, algún desconocido se acerca hasta la garita del conserje Óscar Gutiérrez, de 43 años, y le hace la misma pregunta:

—Perdone, ¿Es esto Villalar? ¿Hay alguna casa a la venta en el edificio?

La calle Villalar, para estupefacción del propio Gutiérrez, parece ser famosa al otro lado del charco. Esta vía secundaria de 300 metros y 13 números es destino predilecto de millonarios latinoamericanos que han escuchado a sus amigos hablar de ella. Hace apenas una semana, cuenta Gutiérrez, una mujer colombiana de unos 50 años se acercó con sigilo hasta el portal y, después de revisar el aspecto de la entrada y la fachada, preguntó lo que preguntan casi todos. Gutiérrez respondió casi antes de que ella terminara de hablar: “Sí, señora, aquí se venden dos casas, una de ellas en reforma”. Ella tomó nota y prometió llamar. “No entiendo qué ven en esta calle. No sé cómo puede ser tan famosa entre estos nuevos ricos. Todos hablan de Villalar. Antes de llegar a Madrid, lo único que conocen es esta calle del barrio Salamanca”, señala Gutiérrez. Por ejemplo, en su bloque hay varios miembros de una misma familia repartidos entre los 10 inmuebles. “Tienen también a una amiga en el de enfrente y otra al final de la calle. A lo que aspiran es a crear su comunidad aquí”, indica. Los vecinos tradicionales que él conoce de toda la vida están viendo en el repunte de los precios de la vivienda y en estos nuevos inversores una oportunidad de mercado “irrechazable”. “Venden sus casas a precio de oro y se marchan a otras zonas de Madrid como Aravaca, la sierra o la Moraleja”.

Operarios de una reforma trabajando en el Barrio Salamanca.

“Es el epicentro de la inversión extranjera latinoamericana. Hay muchísima rotación. Son, digamos, vecinos estacionales. Compran un inmueble para un uso determinado, pero no están aquí todo el tiempo. Algunos lo quieren para sus hijos, que vienen a estudiar. Los picos más altos son ahora en primavera, con las eliminatorias de Champions, y también en Navidad”, manifiesta David De Gea, de 28 años, dueño de la inmobiliaria HousinGo, especializada en viviendas de lujo. “Cuando ya han hecho el uso que tenían pensado, vuelven a vender. Son activos muy líquidos que nunca se devalúan”, apunta. En esto coincide la empresaria colombiana Martha Lucía Pereira, que vende pisos off the market en la zona. “Sin duda, ahora es el sitio más peleado”, afirma Pereira. “El que viene de afuera a comprar en Madrid no compara el precio de la vivienda con otros barrios de la ciudad, sino que lo hace con los precios de París, Londres o Dublín y, en ese ranking, la capital española es todavía el lugar más barato para invertir ahora”, opina Mazo.

David De Gea, dueño de la inmobiliaria HousinGo del Barrio Salamanca.

Julio Alfonso del Pino, profesor de Sociología en la UNED y autor de la tesis Estructuras residenciales y movilidad más allá de la segunda residencia, interpreta que “el centro de las grandes ciudades como Madrid se están despegando del propio territorio. Los procesos que se dan en el centro ya no tienen que ver con un sistema socio-territorial sino con una forma global de procesos de globalización, que incluye migraciones, segundas residencias, turismo o inversiones inmobiliarias. Los que tienen arraigo a la ciudad viven en los márgenes del centro”. Además, según el profesor, “las segundas residencias en este barrio han pasado del concepto de vivienda de temporada —tu casa de la playa para el verano— a la nueva idea de vivienda múltiple. Son personas que “viven en el mundo” y tienen una casa en cada lugar. Van moviéndose en función de lo que les apetezca”.

Por su parte, Pedro, un importante empresario de 58 años que prefiere no divulgar su nombre real, acaba de obtener la Golden Visa que le permite vivir y trabajar en España siendo mexicano. Lo ha conseguido realizando una inversión bancaria de un millón de euros. “Mi sueño es retirarme en Madrid”, asegura mientras espera un avión de vuelta a Monterrey. Regresará en tres semanas para pasar la Semana Santa. “Tuve que apurarme porque veía que se acababa el plazo y era la única alternativa que tenía”, comenta. Actualmente, está en busca de un piso en la Puerta de Alcalá, y dispone de un presupuesto de otro millón de euros para la compra. “El año pasado contraté a un personal shopper y, desde entonces, he estado explorando diferentes zonas con él, pero a mí lo que más me gusta es estar cerca del Retiro y disfrutar de una terraza donde pueda fumarme un puro”, asegura. Aunque su hija tiene la nacionalidad estadounidense y podría retirarse en EE UU, Pedro confiesa que, desde que llegó a Madrid hace 20 años, se enamoró de la ciudad. “Me encanta su comida, su buen vino y, sobre todo, los toros”, afirma. Su plan es terminar de comprar su piso, preferiblemente en las inmediaciones del Retiro, y seguir yendo y viniendo entre México y Madrid. “Son solo nueve horas de avión, y así puedo tener lo mejor de dos mundos”, concluye.

Dos mujeres consultan pisos a la venta en el Barrio Salamanca.

Su personal shopper inmobiliario, Giovanni Giacomini, asegura que en esta zona hay muchas viviendas no principales, ya que la mayoría son herencias y, actualmente, las familias las utilizan para alquilarlas como pisos turísticos. “Además, hay muchos latinos comprando en la zona porque es el lugar que conocen, y prefieren quedarse en una casa cuando vienen una temporada a Europa en lugar de hacerlo en un hotel”. Tomando la expresión del francés, los latinos llaman a este tipo de segundas residencias a las que acuden en momentos concretos del año su pied-à-terre: su pie a tierra, su particular refugio.

Estas tienen una particularidad más: nadie puede entrar ni salir de ellas. Es su segunda residencia, y quieren tenerla disponible siempre, aclara el director del grupo SiEspaña, Alexander Rangel. Ahora, con el comienzo de la primavera, empieza la temporada alta de la llegada de los dueños de estos pisos para disfrutar del vino en las terrazas con vistas a la Puerta de Alcalá y al parque del Retiro, todo a pocos pasos caminando. Un privilegio del que no disfrutan en sus países de origen. “Vienen a Madrid buscando esa sensación de libertad”, dice Rangel.

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