La situacin crtica del Rey dentro de las Fuerzas Armadas 10 meses despus del golpe: “Sufre un deterioro personal y profesional”
La actuacin de Juan Carlos I el 23 de febrero de 1981 le confiri un prestigio que dur dcadas, pero que a finales de ese ao no era evidente. Algunos de los documentos desclasificados ayer analizan la realidad que vivan los militares que le apoyaron frente al golpe, con un resultado preocupante. Un “informe de situacin” del Ministerio del Interior fechado en noviembre de 1981 describe la “grave” situacin de los miembros de las Fuerzas Armadas que tenan su destino en la Polica Nacional: “El renacimiento del clima que motiv el 23-F es evidente. La situacin profesional de los que ese da mantuvieron una posicin leal al Rey, a la Constitucin y al ordenamiento legal y democrtico empieza a ser insostenible”.
Se resalta el acoso de la prensa ultra contra ellos y “el vaco” que sufran a diario no solo en el trabajo, sino en actividades sociales”. En ocasiones, reciban directamente “reproches” por su comportamiento en el golpe. Todo ello, advierte el informe, “puede conducir a una desmoralizacin de este personal que se siente acosado y con complejo de culpabilidad por haber actuado en los das 23- y 24-F con absoluta lealtad al Rey”.
Se ha desclasificado tambin un informe de la Secretara Tcnica de Interior, preocupada por la percepcin de la prensa internacional. Uno de los artculos revisados por el ministerio resalta que al hijo del condenado por el 23-F Milans de Bosch se le haba condenado “a un slo mes de arresto por haber tratado al Rey de ‘cerdo intil'”. Y que en los cuarteles “se repartieron de nuevo octavillas clandestinas opuestas al Rey Juan Carlos”. La conclusin del diario bruselense De Standaard era que “crecen proporcionalmente las posibilidades de una segunda versin, mejorada, de los acontecimientos de febrero”.
Existe un segundo informe sobre “ndices de subversin en las Fuerzas Armadas”, elaborado en diciembre de 1981, pasados 10 meses del golpe. Considera que “la figura del Rey sufre un deterioro personal y profesional”, sufriendo mensajes que buscan desacreditarlo y ridiculizarlo. Como ejemplo cita la aparicin de pintadas en las paredes con lemas como el Rey a declarar.
“Imprescindible”
El informe considera que todo ello es consecuencia de que a Don Juan Carlos le ha correspondido ejercer tras el golpe “una posicin de liderazgo en las Fuerzas Armadas que en realidad debera asumir un grupo de ‘jefes de prestigio'”, ahorrndole al monarca ese desgaste. “Es imprescindible”, indica, evitar que el Rey asuma “el control permanente del Ejrcito, elevando su liderazgo”.
Otros papeles desclasificados procedentes de la Direccin General de la Polica ratifican ese “elevado malestar de las Fuerzas Armadas”. El 12 de marzo un informe recoga cmo el partido de ultraderecha Fuerza Nueva encabezado por Blas Piar daba por hecho el “divorcio del Rey con el Ejrcito”.
Tras el golpe, el Cuerpo Superior de la Polica empez a investigar en la extrema derecha y el entorno de los militares golpistas. A punto de cumplirse un mes del 23-F, adverta de que “altas instancias castrenses” promovan “una campaa de ayuda econmica para los familiares” de los detenidos por el golpe. Una semana ms tarde, bloqueaba la cuenta a la que llegaba el dinero.
En el bloque de “otra documentacin del Ministerio del Interior” consta como desclasificada una nota sin firma y ni fecha identificada como “Campaa contra S. M. El Rey con relacin al 23-F”. Da cuenta de los argumentos con los que los abogados defensores de los encausados en el golpe y miembros de “grupos polticos y crculos simpatizantes con la causa” quieren implicar a Juan Carlos I. El objetivo doble: “disminuir” la responsabilidad penal de los procesados y “disponer de un argumento contra la Corona que haga posible un intento similar en el futuro”.
Se adjuntan a esa Nota de Interior varios panfletos que exponen argumentos a favor de la implicacin del jefe del Estado, algunos de los cuales, se reconoce, “tuvieron algn xito en los sectores de la derecha radical”. La ms extravagante de las versiones de la ultraderecha aseguraba que el Rey llam a Adolfo Surez a su despacho en enero o febrero de 1981 y que, con la excusa de ir al bao, lo dej “oportunamente” solo con varios capitanes generales, que le conminaron a dimitir. El presidente del Gobierno respondi que solo el pueblo le obligara a ello y entonces “el Teniente General Merry Gordon (Sevilla) saca una pistola, la pone encima de la mesa y dice: ‘sta es una razn'”. El relato concluye as: “Aparece su Majestad sonriente, entra en la conversacin como si nada hubiera ocurrido, ofreciendo tras esto al Sr. Surez su dimisin”.




