Un presidente de alquiler | Espaa


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Si separamos el grano de la propaganda que lo envuelve, resulta cada vez ms evidente que el nico capital poltico de Pedro Snchez, la virtud y el acierto con los que ha construido su carrera, es haber colado y mantenido vivo el falso mito de la resistencia: una pretendida Odisea contempornea y popular en la que un guapo chico de barrio madrileo, ajeno al sistema y sus mandarines, sorteaba casi en solitario todo tipo de dificultades y peligros.

Este relato de ficcin progresista ha funcionado muy bien en una Espaa con millones de viejos pero muy pocos adultos, logrando que incluso el antisanchismo interiorizara ese perfil del presidente como un personaje hercleo, despiadado, de agudo instituto de supervivencia y casi imbatible. La escusa perfecta para el inmovilismo popular y el exabrupto voxero en el que se encuentra la derecha.

Pero la realidad, siempre ms vulgar, con el goteo constante de casos de supuesta corrupcin en su familia, partido y Gobierno, ha acabado ofreciendo un retrato del presidente bien distinto del que glosa la literatura sanchista: el de un oportunista, sin apenas ideologa ni escrpulos, que lleg al poder y se ha mantenido en el mismo alquilndose al nacionalismo vasco y cataln. Su manual poltico, por tanto, se ha escrito siempre desde Vitoria y Barcelona

Esa condicin de presidente de alquiler (como un vientre poltico), que ha ido amoldando decisiones y discursos al dictado de quienes lo sostienen, y que ahora dudan sobre la continuidad de su contrato para protegerse de la corrupcin sanchista, se mostr con toda crudeza en la entrevista que le hizo con oficio Gemma Nierga en RTVE.

Inicialmente planeada por Moncloa como un momento de gloria presidencial -para ello deberan haber escogido a Intxaurrondo o similares y no a una periodista-, y para lanzar una seductora oferta al nacionalismo cataln, la entrevista termin siendo el retrato devastador para Snchez: atrapado en su minora parlamentaria y que reconoce su debilidad extrema al suplicar a Puigdemont el perdn por sus incumplimientos y pedirle otra oportunidad.

En su dilogo con Nierga hubo, adems, otro momento revelador del estado crtico de Snchez: su torpe intento de desvincularse del apestado balos, el viejo compaero a quien calific como un gran desconocido para l, result tan inverosmil que son como el reconocimiento indirecto de culpabilidad. Una suerte confesin.

Pero volviendo a Puigdemont y sus secuaces, la oferta que traslad Snchez en RTVE, con algunas cesiones de competencias menores para Catalua -como ampliar el plazo de digitalizacin de los procesos de facturacin de los ayuntamientos – pero sin garantizarle la total amnista, el concierto econmico a la vasca ni el reconocimiento del cataln como lengua oficial en Europa, son tan poca cosa que no debera a priori hacerle cambiar de opinin, especialmente en un contexto de auge de la Aliana Catalana de Slvia Orriols.

Si bien la verdadera oferta de Snchez a Puigdemont est en la desesperacin y debilidad que mostr: son la invitacin tcita a renovar el alquiler presidencial, con el compromiso de reeditar el Pacto de San Sebastin de 1930 entre la izquierda y el nacionalismo, y de culminar la mutacin confederal del Estado. La reactivacin del procs espaol hacia una Repblica Ibrica.





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