Snchez copia y adapta la estrategia de Orban


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El veto del Gobierno a que EEUU utilice las bases militares que tiene en Espaa en la ofensiva contra Irn —cuando Alemania, Francia, el Reino Unido y otros pases europeos como Portugal s colaboran con los norteamericanos— no se trata de una mera improvisacin de Snchez al comps de la coyuntura blica (la posibilidad de un nuevo no a la guerra como el que el PSOE utiliz contra Aznar por Irak) o de un inters electoral a corto plazo. Ms bien es la culminacin de una programada desconexin de Espaa del declinante consenso europeo y atlntico para acercarla a los emergentes BRICS —el eje promovido por Rusia, India, China y Brasil para competir con Occidente—. La manera, tambin, de construirle a Snchez un perfil internacional como nmesis del detestado Trump, alejarle de la corrupcin domstica e intentar darle una segunda vida poltica como estandarte de la nueva izquierda populista, un espacio poltico y cultural que est hurfano de referentes despus del fracaso del britnico Corbyn y de la lepenizacin del francs Melenchon.

Esta estrategia de singularizacin de Espaa respecto a los consensos de Bruselas y de Washington empez a manifestarse al inicio del segundo mandato de Snchez, incluso antes de que Trump regresara a la Casa Blanca, con un discurso falsamente pacifista y dialogante frente a la invasin rusa de Ucrania, y con la resistencia de la Moncloa a ayudar a Kiev con algo ms que material sanitario, carros de combate en psimo estado y promesas perdidas en el tiempo.

La nueva posicin equidistante del Gobierno en el cambiante mapa internacional, favorecida por el hecho de que Espaa tiene la opinin pblica y publicada ms izquierdista de Europa, no pas inadvertida para Biden, quien acab considerando a Snchez un tipo poco de fiar por sus evidentes conexiones con Caracas y Pekn. Esto signific la (auto) exclusin de Espaa de las reuniones que celebr el presidente de EE. UU. con los lderes europeos para abordar la poltica de seguridad frente a la amenaza rusa. En cada una de ellas Snchez fue el gran ausente, pero sin que nadie le echara de menos y reclamara la presencia del que sigue siendo el cuarto pas de Europa.

Otras decisiones posteriores del Ejecutivo socialista que ahondaron en el buscado distanciamiento de Espaa respecto a sus antiguos aliados fueron su relacin bilateral con China, puenteando a la diplomacia europea y diferencindose de su posicin econmica; su beligerancia rayana en el antisemitismo respecto a Israel tras el ataque terrorista del 7-O; su negativa a participar en la misin de la UE y EEUU en el mar Rojo para proteger a los buques mercantes de los ataques hutes, y su rechazo al acuerdo europeo de aumentar el gasto militar hasta el 5% del PIB.

Algunos analistas sostienen que estas y otras medidas actualizan y continan la poltica exterior de Zapatero. Sin embargo, hay una diferencia sustancial que Snchez parece haber entendido y quiere aprovechar: la actual descomposicin del viejo orden poltico y moral desemboca en un nuevo escenario en el que la disputa se centrar entre los partidos que defienden el antiguo sistema liberal y los que abogan, desde posiciones de izquierda y derecha radical, por su demolicin y cambio. Una dialctica de lites y (supuestas) contralites en un mudo multipolar en el que distanciarse de Bruselas —leviatn burocrtico de una UE en crisis—, como hace Snchez, puede resultar beneficioso en las urnas.

De hecho, est siguiendo una estrategia muy similar a la de Orbn, uno de sus tericos antagonistas. Si el populista hngaro se ha construido un perfil propio y se aleja de Bruselas para acercarse a Trump y Putin, el populista espaol gana protagonismo apartndose del eje francoalemn y atlanista para congraciarse con China. En la prctica, un cambio radical de la poltica internacional espaola, de efectos imprevisibles y que cuestiona incluso su continuidad en la OTAN, y que, por lo tanto, no puede ser decidido de manera unilateral por Snchez sin pasar por el Congreso y, tal vez, sin que luego sea votado en referndum por los espaoles.





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