Se entera por Instagram de que su hijo de 18 aos haba muerto 10 horas antes apualado en el corazn: «La Polica ni me avis»
Silvia Guerrero, 39 aos, madre de cinco hijos de Vilagrassa (Lleida), se levant de la cama el pasado 21 de agosto, jueves, y abri Instagram. «Vi una noticia sobre un apualamiento en la calle Sant Pelegr, aqu al lado, en Trrega, y pens: ‘Anda, justo por donde sale mi hijo’. Total, que le pas la noticia a su mvil, a ver si saba algo«.
Un momento despus se dio cuenta de que Juan, de 18 aos, no estaba en casa. «Apareci mi hijo mayor y me pregunt por l: ‘Sabes algo de Juan?’. Y yo: ‘Por qu? Tendra que saber algo?’. ‘No, es que me estn llamando sus amigos, y no s de l desde anoche'».
Sigue Silvia: «El corazn me dio un vuelco. Pens: ‘Dios mo, dime que no ha sido l’. Escrib a uno de sus mejores amigos, le pregunt por l. Me contest: ‘Lo siento mucho, le han apualado en el corazn'».
El desconcierto de Silvia, aparte del absoluto terror, slo haba comenzado: «Me fui corriendo al [Hospital Universitario] Arnau [de Vilanova], y en cuanto llego, que seran las 10.30 horas de la maana, me dicen que le estn operando en ese momento a corazn abierto, as que llam a mi madre, a su abuela, y le dije: ‘Le estn operando, le estn operando, an hay esperanza‘».
«Acto seguido me meten adentro y el doctor me dice que en realidad mi hijo haba fallecido a las 3.59 horas, que no haban podido hacer nada por su vida». Juan haba sido apualado a las 01.00 horas de la madrugada, muchas horas antes, en Trrega, a tres kilmetros de Vilagrassa.
Silvia tiene otros cuatro hijos, de 20, 17, 15 y seis aos. Trabaja de camarera, tuvo un bar en propiedad y Juan fue ayudante suyo. La vida le ha dado un golpe salvaje con el apualamiento y muerte de su segundo hijo hace poco ms de un mes -«mi marido no habla de ello, no puede, y mi hijo mayor tampoco»-, pero quiere pronunciarse en pblico, por dos motivos.
«El primero y ms importante es que ni siquiera pude llorar a mi hijo. Cmo es posible que nadie me avisara de lo que haba sucedido? Cmo puede ser que me enterara por las redes sociales, cuando todo haba sucedido tantas horas antes? Se ha acabado la empata en este mundo? Cuando llegu al hospital ya le estaban haciendo la autopsia, en ningn momento pude reconocer y llorar a mi hijo hasta el viernes por la tarde, justo antes del tanatorio, media hora antes de que lo abrieran… Cmo es que nadie piensa en unos padres y unos hermanos en un momento as?».
El segundo motivo, que tiene que ver con lo legislativo, es que el presunto homicida de Juan Guerrero Vasnica, el chico que le apual en aquella madrugada aciaga, en una zona «no muy buena» de Trrega, en lo que fue aparentemente una pura ria juvenil pero cuya investigacin judicial permanece bajo secreto de sumario, tiene 17 aos.
«Eso significa que la ley no va a poder actuar contra l como si tuviera slo unos meses ms y fuera ya legalmente adulto», dice Silvia. «Por apenas unos meses, y con un grado de desarrollo prcticamente igual, la pena es sensiblemente menor, mucho menos de la mitad incluso. Y sin embargo, todos sabemos que los chavales, a partir de los 15 16 aos, son tan responsables de lo que hacen y conocen tan bien la diferencia entre el bien y el mal como alguien de 18 19«.
Silvia pide cambios en la Ley del Menor, que data de 2000 y establece una notable barrera punitiva en los 18 aos. Con esa edad, el homicida doloso debe cumplir entre 10 y 15 aos de crcel, y entre 15 y 25 si agravantes llevan los hechos al asesinato. La Ley del Menor deja el mximo, si el condenado tiene ms de 16 aos, «en slo ocho aos», dice Silvia, que ha abierto una campaa en Change.org. «Vale ocho aos la muerte de mi hijo, apualado a sangre fra? A estos chicos, adems, les usan mucho para el trfico de drogas, porque saben que luego se van bastante de rositas», repite.
Tuvo que ver la muerte de Juan con algn tipo de trapicheo? «Estoy segura de que no, al menos que tuviera que tuviera que ver con mi chaval», dice. «Era un chico muy sano, trabajaba como electricista, se iba a independizar ya, iba a opositar al Ejrcito…«.
Segn los testimonios recogidos por la prensa local, Juan habra participado en una ria entre un amigo suyo y otro chico y su padre, a la puerta de la vivienda de estos ltimos, de etnia gitana. Al presuntamente huir del lugar -«me han contado que Juan les dijo a los otros: ‘Vmonos de aqu, que se est poniendo feo», dice la madre-, el joven sala «el primero» por la puerta del garaje del edificio y recibi del otro chico «dos pualadas en pleno corazn, que se lo partieron», dice la madre.
Los Mossos estaban ya llegando al lugar. «El agresor simplemente subi las escaleras y se meti en su casa, en el segundo piso. Los agentes subieron y se entreg sin ms. Dijo que no saba muy bien qu haba pasado».
Silvia asegura que su chaval «era muy echao palante, le fastidiaban mucho las injusticias y siempre le gustaba ayudar a su gente, tena un corazn enorme… Cualquier cosa que le pidieras te la daba». Admite que el barrio en que sucedieron los hechos «es un lugar un poco difcil», en el que suele «haber disputas», y tambin que «mucha gente le deca a mi hijo que por qu andaba con esas compaas, que l no tena nada que ver con ese grupo de amigos, de los que era el ms sano con diferencia«.
La madre admite que no ha querido «preguntar demasiado» a los amigos de su hijo -«son chavales y estn en shock, y adems, de qu me sirve marearme con hiptesis si al final el juzgado pondr cada cosa en su sitio?»-, y se refugia en el recuerdo de Juan para resistir el dolor.
«Era muy buen chico, y muy valiente. Meda 1,90 [metros], haba hecho puenting, era muy detallista y carioso, podas contar con l para cualquier cosa…». La vida, en todo caso, no para, y la reclama: «El pequen, Dylan, el de seis aos, no hay da que no me diga que quiere ver a Juan, que dnde esta. No s muy bien cmo se lo vamos a hacer entender…».

