Razones para ir a un funeral


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Hace unos aos asist a una boda en una pequea iglesia medieval, integrada en un cenobio cisterciense del siglo XIII. Al entrar me fij en un grupo de adolescentes que charlaban distendidamente junto a la entrada. Me sent en los primeros bancos, desde donde escuchaba sus voces resonando alegres, ajenas a la atmsfera de recogimiento que impona la esperada llegada de la novia.

Pregunt a un amigo quines eran y por qu se quedaban fuera: eran primos del novio, pero no son creyentes, me dijo. Y pens qu hago yo aqu, si el lugar de los agnsticos est en el patio. Entonces record que yo era un adulto, capaz de distinguir el respeto de la afirmacin de fe.

El gusto por exhibir atesmo como sea de distincin es tpico entre adolescentes, especialmente si se han criado en colegios de curas. Ms raro es que lo haga un adulto, y ms si se trata del presidente de Gobierno y no de una boda, sino del funeral por 45 vctimas de una tragedia ferroviaria. De verdad cree el presidente que lo decisivo en este caso no es su cargo, sino sus ntimas convicciones metafsicas?

Los funerales que suceden a una tragedia nacional no son actos de devocin, sino rituales polticos. Sirven para asegurar a los familiares de las vctimas y al resto de ciudadanos que el Estado est presente y en vilo.

La explicacin burocrtica -el Estado ya estaba representado por los reyes y dos ministros- no vale. La representatividad puede ser transferible si eres ministro, no si eres el presidente. La monarqua representa la continuidad y los ministros la administracin, pero slo el presidente simboliza la responsabilidad de un Ejecutivo. Su ausencia no la compensa la presencia de otros. Si acaso, la acenta.

La explicacin secularista -el presidente de un Estado aconfesional debe evitar los ritos religiosos para preservar la neutralidad institucional- tampoco tiene recorrido. Los polticos acuden a iglesias, mezquitas y sinagogas, y nadie confunde el acompaamiento con la conversin. El presidente debi estar en Huelva. Y no porque Espaa sea un pas de tradicin catlica, como le reprocha la derecha, sino porque catlico es el funeral que escogieron las vctimas.

Consideremos una hiptesis: si maana un terrorista de extrema derecha asesinara a 45 musulmanes en una mezquita espaola, yo querra que el presidente estuviera presente en sus ritos fnebres. Su falta de fe no le eximira de esa responsabilidad: acompaar en el dolor prevalece sobre no acompaar en la fe. Y algo me dice que, en este caso, Pedro Snchez estara sentado en primera fila.

Su ausencia en el funeral de Huelva no se explica por la falta de fe o por la aconfesionalidad del Estado, sino por puro tacticismo. Mantenindose al margen, Snchez pretende enmarcar la tragedia en el fallo tcnico y alejar el fantasma de la responsabilidad poltica.

No es un consuelo saber que sus razones para acudir al funeral por las vctimas de la mezquita seran las mismas que le llevaron a no acudir al de las vctimas de Adamuz. Nada que ver con la fe; todo que ver con el clculo.





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