Nadie sabe dónde ni cuándo comenzará la escuela internacional que el Gobierno de Ayuso quería incrustar en el Ramiro de Maeztu | Noticias de Madrid



Tras ceder a las presiones de las familias y docentes del Ramiro de Maeztu, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso no sabe dónde impulsará la Escuela Europea Acreditada (EEA) que quería incrustar en este centro señero de la educación pública, ni cuándo lo inaugurará. Esa confesión, hecha por el consejero de Educación, Emilio Viciana, durante un encuentro con periodistas organizado este martes, resume las dificultades que atraviesa un proyecto llamado a ser bandera del actual ejecutivo, además de un reclamo más en futuras candidaturas madrileñas para acoger sedes institucionales de la Unión Europea. Ahora mismo, todo son incógnitas.

“Hemos querido escuchar a las familias y al conjunto de la comunidad educativa, y buscarle una nueva ubicación”, reconoció Viciana durante un desayuno informativo organizado en su consejería, y en referencia a la movilización de las familias del Ramiro de Maeztu en contra de la llegada de la EEA a su centro. “Al margen, había previstas unas obras, unas reformas en el Ramiro, y hemos querido seguir adelante, porque van a mejorar la calidad y van a dotar de mejores infraestructuras tanto al colegio como al instituto”, añadió sobre el inicio de unas obras que ha preocupado a quienes veían en el proyecto el peligro de la saturación del centro. “Vamos a buscar una nueva ubicación para la EEA”, subrayó el consejero. “No estoy en condiciones de decir dónde se va a ubicar, pero ya hemos tenido escritos de centros ofreciéndose para ser ellos el lugar en el que se implante la EEA”, añadió. “Lógicamente en el curso 2024-2025 no da tiempo a hacerlo”.

—Entonces, ¿cuándo?, le insistieron a Viciana.

—Yo no puedo decir una fecha porque no la sabemos todavía, reconoció.

El 20 de junio puso fin a un mes de tensión en el Ramiro de Maeztu. Ese día, Viciana reconoció en la Asamblea que el Gobierno cedía a la presión de las familias y aparcaba de momento el proyecto de incrustar en las instalaciones de su colegio y de su instituto una segunda institución educativa en la que tendrían preferencia de asistencia los hijos de funcionarios de la UE.

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El plan inicial de instalar este centro dentro del Ramiro desde el próximo curso 2024-2025, y hacerlo crecer hasta acoger a 390 alumnos de infantil, primaria y secundaria distribuidos en 22 aulas en el curso 2028-2029, iba a multiplicarse posteriormente con la inclusión del Bachillerato, que llevaría el total de estudiantes de las dos instituciones que compartirían los mismos espacios hasta unos 2.000.

En consecuencia, las familias habían denunciado que ese planteamiento supondría “la segregación del alumnado”, pues los hijos de funcionarios de la UE tendrían preferencia de ingreso; implicaría “mermar los espacios, recursos y capacidades” del centro original, que describen como ya saturado; y abriría la puerta a un posible recorte de plazas públicas en el futuro para liberar espacio para las de la EEA.

Pero el alivio fue solo momentáneo, pese a que Díaz Ayuso hizo suyo el anuncio de la rectificación en el proyecto. “No sé la nueva ubicación”, dijo el jueves. “(…) Lo que ha hecho bien [el consejero] es acercarse a hablar con las familias, analizar el proyecto y replantearlo”, añadió. “Es mejor así, buscarle una nueva ubicación, no mezclarlo [con el Ramiro] y de esta manera poder seguir con el funcionamiento de la escuela y de este centro al que tanto le debemos”.

Protección patrimonial

Sin embargo, el inicio de obras en el centro nada más acabar el curso 2023-2024 encendió todas las alarmas entre familias, estudiantes y políticos de la oposición de izquierdas. La inquietud, además, se extendió al proyecto de reforma en un edificio que cuenta con protección patrimonial.

“Las obras contempladas, según expertos, suponen un posible delito contra el patrimonio cultural”, resumió Alicia Torija, de Más Madrid, que permanece vigilante pese a que se haya anunciado que la EEA no se instalará finalmente en el Ramiro. “El proyecto no se ha readaptado, no contempla mejoras y no respeta valores patrimoniales”, subraya. Y advierte: “En la web sigue apareciendo que la EEA está en el Ramiro”.

Esas obras, según documentación a la que accedió EL PAÍS, incluyen lo siguiente: demolición del acabado de las cubiertas planas existentes hasta el soporte y nueva creación de cubiertas transitable acabadas con césped sintético; modificación interior de instalación de fontanería, saneamiento, electricidad, calefacción, climatización y protección contra incendios para la adecuación de las zonas de nueva creación; demolición del escenario de la planta baja; nueva distribución de las aulas de la planta primera, y de la segunda; y demolición de muros de fachadas en ese último espacio para abrir huecos de salida a terraza.

Mientras tanto, el futuro de la EEA sigue en el aire: en este momento, el Gobierno no aclara dónde la emplazará finalmente, ni cuándo empezará a operar.

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