Manos en llamas lejos de Nueva York
En la semana grande de los procesamientos familiares, el hermano de David y marido de Begoa corri a esconderse a la ONU disfrazado de palestino, no fuera a reconocerlo algn reportero de la CNN, cadena a la que dio plantn cuando se enter de que Sarah Santaolalla no trabaja all. Ausente El Zorro del Desierto, toda la artillera de la oposicin se concentr este mircoles en Mara Jess Montero.
La candidata a la Junta de Andaluca y ministra de Hacienda en sus ratos libres compareci (metafricamente) con una mano amputada por la fe en Santos Cerdn y con la otra vendada por el fuego judicial que ya ha prendido en su jefe de gabinete. La vicepresidenta era la viva imagen del chiste de la bici cuesta abajo: «Mira, Pedro: sin manos». Ocurre que sin manos y sin socios es bastante difcil negociar unos presupuestos generales del Estado. Aun as le prometi al portavoz de Junts que los va a presentar. La semana que viene promete lo contrario y listos. Lo mejor para su salud sera instalarse cuanto antes en Sevilla y empezar a negar que conozca de nada a Salvador Illa, ese to malaje que prepara un cupo cataln para robar a los andaluces. Cada vez que habla Illa, el suelo electoral de Juan Espadas se hunde otro escaln.
De modo que la vicepresidenta acuda a la sesin de control portando un nico y exiguo escudo: el rostro de cierto contribuyente particular que empez a salir con Ayuso despus de haber regateado el impuesto de sociedades segn la jueza que lo ha procesado. Pero no se puede jugar la baza del empate cuando Hacienda somos todos menos el hermano del presidente, que se empadron en unas ruinas portuguesas mientras viva de polizn en Moncloa, segn le record Juan Bravo. En la rplica le falt humor a Marichs para citar a Siniestro Total (que podra representar la banda sonora del tardosanchismo): «Menos mal que nos queda Portugal!».
Y tampoco hay forma de empatar con el fiscal general del Estado, el trullo de Santos Cerdn, el jurado popular contra Begoa Gmez (que va a arruinarles el sbado a los periodistas polticos: ese derbi Begoa-Peinado deberan cubrirlo los compaeros de deportes) y pronto el banquillo de balos. Ms los informes de la UCO que estn por venir. El marcador judicial es demasiado abultado ya, y dudamos mucho de que los tres millones de izquierdistas crticos que segn los sondeos fiables andan decepcionados con Pedro vayan a regresar al redil atrados por la vigorosa agitacin de la bandera palestina. Sobre todo cuando el cacareado embargo de armas a Israel se queda finalmente en embargo sin embargo. Un s con todas las excepciones. Un antisionismo de AliExpress que luego invoca de tapadillo la seguridad nacional para no privar a nuestros soldados de la tecnologa israel. Con razn -y quiz algn bochorno- Margarita Robles se fum el pleno para plantarse en el Bltico, donde patrullan nuestros pilotos de Eurofighter. Cazas que funcionan, y seguirn funcionando, con tecnologa israel.
Como funcionaban con tecnologa israel las pulseras antimaltrato hasta que Irene Montero decidi cambiarlas. Y con el cambio dejaron de funcionar. Lo advirtieron hace meses los jueces de una decena de autonomas; los abogados de las vctimas cuando su maltratador las rondaba en perfecto silencio; los letrados de los propios maltratadores, que se quejaban de que la pulsera pitaba sin que ellos hubieran quebrantado la orden de alejamiento; el Observatorio de Violencia de Gnero, que depende del Poder Judicial; y hasta la memoria de la Fiscala firmada por lvaro Garca Ortiz. Al advertir el todava fiscal general el apuro en el que los hechos metan a su amiga Ana, corri a tratar de desmentir los hechos. Pero ya era tarde. Hasta la izquierda meditica ha abandonado a Redondo, seguramente porque Pedro ya la dej sealada cuando en el ltimo congreso socialista confi la secretara de igualdad a Pilar Bernab y no a la ministra del ramo. Feo asunto: el voto femenino no regresa al guapo del Peugeot. As que el pulgar ha bajado. Es cuestin de tiempo que Ana Redondo sea reubicada a la vera del Pisuerga y lejos de Moncloa.
Bolaos sigue llamando «ultra» a todo el mundo. Es su respuesta por defecto, un automatismo del FlixGPT. El problema, aparte de la reiteracin, es que minutos despus acus al PP de «connivencia con el genocidio», que es exactamente la clase de acusacin que solo puede formular un ultra.
A cuenta del escndalo del feminismo socialista comprado en los chinos, Ester Muoz desencaden su mejor intervencin desde que Feijo la nombr portavoz parlamentaria. Con la naturalidad que presta la conviccin y no el argumentario, sin cargar la suerte, arranc el estandarte de la igualdad de las manos quemadas de Mara Jess Montero y desactiv en dos minutos la superioridad moral de la izquierda. La paliza fue tal que a doa Montero no se le ocurri otra cosa que cerrar el turno apelando al compromiso del PSOE en la lucha contra la prostitucin. Semejante desfachatez reson en el hemiciclo como si Abascal acabara de entonar un canto a la convivencia interracial.
Pero yo quiero ser misericordioso con la vicepresidenta. El seorito en Nueva York y ella comindose los marrones de su hermano, de su esposa, de su fiscal, de la intil de la ministra de las pulseras y hasta de las sobrinas de su «tronco» balos. Y encima tena sentada a su lado a Yolanda Daz, ataviada con una mezcla de pauelo palestino y fular de leopardo, desencajando la mandbula en un bostezo campanillero como de leona de zoolgico. As es imposible, Mara Jess. Bjate ya al sur y que salga el sol por Antequera.


