Los Reyes y la mano china de Moncloa
Despus de que el Gobierno de Snchez agitara hace apenas un mes la campaa diplomtica contra Israel por su intervencin militar en Gaza, presentndose como un supuesto adalid internacional de la defensa de los derechos humanos -incluso desde Sumar se lleg a plantear atacar militarmente al ejrcito hebreo-, llama la atencin el viaje oficial de los Reyes al rgimen comunista de China. Un Estado autoritario y criminal, que lidera el eje anti occidental junto a Rusia, Irn y Corea del Norte, al que Espaa evita aplicar la misma plantilla moral -selectiva?- con la que llam al boicot a la democracia de Israel.
Precedido de tres viajes de Snchez a Pekn en apenas dos aos, en su esfuerzo por reemplazar a la Hungra de Orban como principal aliado chino en Europa, y con el omnipresente Zapatero ejerciendo de lobbista zascandil de las compaas chinas, resulta evidente la mano de Moncloa en esta primera visita de Estado de los Reyes en dieciocho aos.
Coincide adems con el inters del Gobierno en normalizar institucionalmente un rgimen que representa una de las principales amenazas a la seguridad y libertad de los europeos. China no es un socio comercial neutral: es un proyecto imperial con ambicin tecnolgica y militar. Financia la guerra de Putin contra Ucrania y contra Europa, al tiempo que despliega una estrategia hbrida de poder blando en la que combina el espionaje clsico con el ciberespionaje, la injerencia en el debate pblico mediante campaas de desinformacin y propaganda digital, y operaciones comerciales destinadas a garantizar su futura hegemona.
Aunque la poltica internacional exige a menudo contorsiones hipcritas -basta recordar los viajes de Macron o Scholz a Pekn en nombre del realismo-, el viaje de don Felipe y doa Letizia resulta especialmente incmodo e inoportuno para la Unin Europea. Bruselas observa con creciente preocupacin la anmala relacin de Espaa con China en un momento en que la UE intenta articular una sola posicin frente a Pekn: una voz propia y diferenciada de la beligerancia de Estados Unidos, pero tambin consciente de que China es, simultneamente, socia, competidora y rival geopoltica.
La apuesta de Snchez por mantener una relacin privilegiada con Pekn -que, a diferencia de lo que sostiene el Gobierno, no tiene apenas rentabilidad econmica, ya que Espaa sufre uno de los mayores dficits comerciales de Europa con China- es un torpedo contra la estrategia de Bruselas. As lo ha celebrado incluso la prensa oficialista del rgimen chino, que interpreta este acercamiento como una grieta en la unidad europea. Por motivos an no confesados, Snchez est situando a Espaa fuera del consenso occidental.
Un actor no alineado y tericamente neutral en el nuevo orden mundial que se est configurando, pero que a la postre se muestra incmodo para Bruselas, hostil con Washington y siempre complaciente con el Sur Global y, en general, los enemigos de la democracia liberal.


