Los 203 das de abandono tras el fuego en El Bierzo: “Ojal me coma mis palabras, significara que los polticos cumplieron”


La “crnica de una muerte anunciada” en Las Mdulas y La Cabrera Baja, como recuerda Fina, descendi sobre las laderas cuando la tarde empezaba a espesarse el 9 de agosto de 2025. El taido urgente de las campanas de San Simn y San Judas, agitadas por las manos de Juvencio, desgarr sus apacibles vidas aquel sbado. Eran las 16.35 cuando, en la vertiente meridional de los Montes Aquilianos -la divisoria natural entre Las Mdulas y el entorno de Yeres-, el monte empez a arder. Bast la primera lengua de fuego para que Julio y Felipe, vecinos de Yeres, echaran a correr cuesta arriba para defender lo suyo. Desde aquella tarde de cielo turbio -cuyos fuegos afectaron a 22.300 hectreas y dejaron ms de 800 desalojados- han pasado 203 das, pero las labores de limpieza y desbroce -ordenadas por la Junta de Castilla y Len, efectuadas por Tragsa y enfocadas en el rea calcinada del entorno declarado Patrimonio de la Humanidad- empezaron hace escasamente una semana.

Su conocimiento del terreno hace que los vecinos desconfen de las cifras oficiales y eleven la superficie afectada a “ms de un 80%”. Al hablar sobre Las Mdulas y el abandono institucional, la emocin roza sus voces y ojos. Los de Fina, convertidos ya en peridoto verde, ponen el foco en la resiliencia vecinal y en el tesn frente a las promesas de la Delegacin y del Gobierno de Alfonso Fernndez-Maueco. “Seguimos y seguiremos luchando por lo nuestro, como medulenses de puro castao que somos”, dice. Al otro lado de la montaa, ngel Merayo, alcalde de Yeres, asegura que por “conviccin” y “derrote” saldrn adelante.

En estos pueblos llevan aos reclamando algo tan sencillo como ser escuchados cuando se habla de preservar la naturaleza que conocen palmo a palmo, como explica ngel. “Les llevo reclamando a los polticos lo que nos hace falta. Tenemos disposicin, pero faltan medios por parte de la Administracin”, cuenta.

No se trata solo de que sean hombres y mujeres que conocen estos montes como nadie, tambin les ampara el propio espritu de la Unesco y de la Convencin del Patrimonio Mundial, cuya base normativa -a travs de sus directrices operativas- establece expresamente que “la participacin de una amplia variedad de partes interesadas, incluidas las comunidades locales, es esencial para la identificacin, nominacin y proteccin del Patrimonio Mundial”. Ms all de la reivindicacin sentimental, es una exigencia coherente con el marco internacional que rige su proteccin. “Da igual, izquierda o derecha, no les importamos”, dice Fina, “pero la propia Unesco dice que los verdaderos guardianes del territorio son los lugareos y que, de alguna forma, tenemos que ser partcipes”.

Vista de parte del entorno afectado del Patrimonio de la Humanidad

Vista de parte del entorno afectado del Patrimonio de la HumanidadJos Aym

En El Bierzo, si algo ha prendido con ms persistencia que el propio monte ha sido esa bravuconera – en su acepcin ms noble- que les sostiene el pulso. La memoria, lejos de pesar como cruz, se ha vuelto su mayor lanza en estos meses. Cada vecino conserva intacto el detalle de aquella tarde y de las jornadas siguientes: las vigilias en la terraza, como Diana en su casa de Las Mdulas, escrutando la noche por si el fuego regresaba; el silencio antinatural de los pjaros, la impotencia ante la falta de medios y el consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Surez-Quiones, de sarao en Gijn, dejando para la posteridad su ya clebre desatino: “Tenemos la mala costumbre de comer”. Mientras el poltico -ese que, en 2018, asegur que “mantener el operativo de incendios todo el ao es absurdo y un despilfarro”- departa entre platos en la Feria Gastronmica de Asturias, el marido de Fina estaba “llorando como un perdido viendo arder el pueblo”.

Pero los vecinos no entienden de rendiciones. Lo demuestran en cada reunin mensual con la Delegacin Territorial en la Casa del Parque de Las Mdulas, donde algunos responsables comparecen a travs de una videollamada. “En la ltima, a finales de enero, tuve un rifirrafe con ellos bastante serio”, cuenta ngel. “Les dije que en este pas nos sobra burocracia, aunque mi sentimiento hubiera sido haberlo dicho: ‘nos sobris muchos polticos’, pero no puedo decir eso en una reunin de este tipo”.

Diez das despus de los incendios, el Consejo de Gobierno extraordinario de la Junta de Castilla y Len aprob el primer paquete de 45 medidas por valor de 114 millones de euros. En octubre, el Ejecutivo cifraba en 38 las partidas ejecutadas, centradas principalmente en el Espacio Cultural y Natural de Las Mdulas, donde se vieron afectadas 1.500 hectreas protegidas y 257 ms en la zona perifrica. Aproximadamente se han destinado 2,4 millones de euros a la reconstruccin del Mirador de Orelln y del Aula Arqueolgica, cerrada desde hace ms de un ao por problemas de impagos a sus trabajadores. Precisamente es en estos dos lugares tursticos donde las labores de reconstruccin ya han comenzado. “No saben gestionar el entorno”, critica Fina, “se dedican al marketing“. En Yeres, ngel discute la lgica de las cifras. Recuerda que siempre ser “ms barato” enviar un tractor “durante unos das para limpiar el monte” que sufragar “el vuelo de un hidroavin sobre un incendio” ya incontrolable. “Que no entiendan eso es lo que nos genera rabia e impotencia“, dice, “podran traer equipos, dotarlos de maquinaria y que esos dos o tres trabajadores les paguen un sueldo todo el ao y as procurar, poco a poco, tener las zonas limpias”.

Aunque la fe en la clase poltica se haya ido agrietando, ngel an se reserva el derecho a la duda. No por ingenuidad, sino por una ltima lealtad al sentido comn. Le gustara, dice, tener que desdecirse cuando pase el prximo marzo electoral; tragarse cada palabra pronunciada en estos meses de escepticismo. “Esperemos que en abril tenga que comerme estas palabras”, confiesa. Y no habra en ello humillacin alguna, sino alivio: “No habra nada ms satisfactorio que hacerlo, porque significara que los polticos han cumplido con sus palabra” y que las promesas dejaron de ser humo y se convirtieron en prevencin real. Equivocarse, esta vez, sera la nica victoria posible.

Felipe, Julio, Jos

Felipe, Julio, Jos Manuel y ngel en Yeres, localidad donde apareci el primer foco el 9 de agosto de 2025Jos Aym

En ese deseo de ngel en desdecirse late algo ms hondo: desmontar la sospecha, cada vez ms arraigada, de que los pueblos han dejado de importar porque ya no dan rdito poltico. “Los pueblos no somos rentables“, apunta, “pero, cuando ramos jvenes, lo fuimos de otra manera. Hemos pagado los impuestos y seguimos pagndolos aunque estemos jubilados”. Pero en su reflexin esto no puede servir de argumento para “dejar abandonados a los pueblos de esta manera”. Menos an cuando desde la clase poltica, sobre todo en campaa electoral, “se les llena la boca con el tema de las zonas rurales y la Espaa vaciada”.

Dentro de una tragedia que no le desean ni a su “mayor enemigo”, ngel, Julio, Felipe y los vecinos de Yeres admiten que en medio del desastre tuvieron una circunstancia a su favor. El fuego se declar primero en su entorno y eso propici que la respuesta de emergencias se concentrara de inmediato en la zona. “Pasadas las seis de la tarde aqu ya estaban las brigadas de la Junta, la UME, las motobombas… Puede que llegase a haber ms de 200 personas”, seala.

Quiz porque han visto de cerca el fuego rozar sus casas y han comprobado lo que implica desplegar a ms de 200 personas en horas, defienden que la prevencin no puede quedar atrapada en papeles administrativos. En una provincia minifundista, apuestan por la autoorganizacin rural para velar por el territorio. La dispersin de propietarios frena las intervenciones en fincas privadas. ngel lo relativiza, ya que en pueblos como Yeres, asegura, bastara con acuerdos sencillos: “El paisano no es que me deje entrar, es que me da un abrazo”, resume. No lo plantea como un pulso a la Administracin, sino como cooperacin prctica antes de que el 15 de junio vuelva a situar al monte en riesgo alto.





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