La sanchizacin de la Justicia
En la Segunda Repblica hizo fortuna entre las huestes del Frente Popular el concepto de republicanizar la vida pblica. Se referan con ello a la necesidad de instalar en las instituciones a personas no que cumplieran su deber con neutralidad y respeto a las leyes vigentes, sino que fueran adictas al programa del Gobierno y sus aliados. Esto inclua a los funcionarios de los ministerios, la Polica, el Ejrcito, los ayuntamientos y, muy especialmente, la Justicia.
Los jueces fueron una obsesin para el Frente Popular. Identificados como un bastin del antiguo rgimen monrquico, fueron sealados de forma constante por los lderes izquierdistas y los medios afines. Los procesos tras la Revolucin de 1934 y la actuacin judicial en la violenta primavera de 1936 que precedi a la Guerra Civil no hicieron ms que incrementar este conflicto. Pero la desconfianza vena de origen.
A Azaa le gustaba presumir de que en la Constitucin republicana no se haba considerado a la Justicia como un Poder del Estado. En un debate en el Congreso en 1932, el presidente del Gobierno se jactaba de ello ante Gil-Robles con la Constitucin en la mano. «Yo no s lo que es el Poder Judicial», deca, y retaba al lder derechista a «que lo busque en este libro, a ver si lo encuentra». «Va mucha e importantsima diferencia de decir Poder Judicial a decir Administracin de Justicia, todo un mundo en el concepto de Estado», adverta Azaa.
As era. El mundo que va de ser un poder independiente a quedarse en una parte ms de la Administracin del Estado. El primero es ajeno a la poltica. El segundo se amolda a la mayora en el Gobierno. Esta concepcin de la Justicia se materializara en una tarda reforma judicial, aprobada en 1936, con la que el ministro del ramo, Manuel Blasco Garzn, proclam que haba que «ir a la rpida republicanizacin de la magistratura». Su ley provoc un intenso debate en el Congreso el 7 de julio, uno de los ltimos antes de la guerra, en el que la oposicin denunci que se estaba laminando la independencia judicial «bajo la presin de las turbas» y de la «prensa extremista», que «seala con el dedo a dignsimos fiscales y funcionarios judiciales».
Esas turbas y esa prensa extremista mantenan un pulso permanente para alcanzar una Justicia popular. El objetivo ltimo, el final soado. Una Justicia libre de los legalismos y las ataduras que impedan el cambio social. Una Justicia en la que la culpabilidad o inocencia del procesado dependiera no de las pruebas y los testigos, sino de quin era.
Hay quien dir que el ex fiscal general lvaro Garca Ortiz ha sufrido una condena por ser quien es, pero la verdad es justo la contraria: se pretenda su absolucin por ser quien es. Cuando Pedro Snchez dijo el jueves, tras el fallo contra su fiscal, que hay que «defender la soberana popular [sic] frente a aquellos que se creen con la prerrogativa de tutelarla», no estaba diciendo otra cosa ms que los jueces no son nadie para inhabilitar al fiscal que ha nombrado l. En nuestra Constitucin del 78 la Justicia s es un poder del Estado, al mismo nivel que el Ejecutivo y el Legislativo, y la soberana no es popular, sino nacional. Pero Snchez y su PSOE no creen ni una cosa ni la otra. Ayer volvi a declarar inocente a Garca Ortiz, discrep de «la orientacin de esta sentencia» aunque la sentencia an no ha sido escrita y vaticin que su Tribunal Constitucional, con Pumpido al frente, lo arreglar.
El espectculo est siendo entre grotesco e inquietante. Se ha subido a otro nivel en el ataque a los jueces, el cuestionamiento de la separacin de poderes y la difusin de mentiras, con un papel especialmente triste de los medios de comunicacin que, ms que afines al Gobierno, se comportan como rganos de un rgimen y son, en algn caso particular, una caricatura de lo que fueron y de lo que dicen representar.
Llamar «golpistas» a magistrados como el presidente del tribunal, Andrs Martnez Arrieta, un juez de trayectoria intachable que empez su carrera en Azkoitia en los aos de plomo de ETA y que tuvo el cuajo de enfrentarse a la mafia policial postfranquista en el caso Nani, tiene el objetivo evidente de movilizar a las turbas y el implcito de advertir a los incautos. La lista de investigados declarados ya «inocentes» por la claque socialista es larga y hay que estar preparados. Por el banquillo pasar en breve el hermano y en un futuro cercano puede hacerlo la esposa. Los seguidores ms intxaurrondos estn intentando rescatar a Cerdn y ya veremos si no terminan cantando las bondades de balos, Koldo y hasta de la fontanera.
Todo es posible en este estado de histeria sanchista. Slo falta que los presentadores de TVE entonen la vieja frase con la que arengaba Margarita Nelken en aquella otra guerra socialista contra los jueces: «Para dictar justicia de clase no hacen falta magistrados reaccionarios. Basta con un panadero, que no importa que no sepa leyes, con tal que sepa lo que es la revolucin».


