La cúpula de Vox aprobó sus cuentas de 14 millones en una hora con emojis, whatsApp y sin debate: “Ok”, “Adelante!”
«O estás con Santiago a ciegas o estás contra él». Cargos de Vox denuncian en privado el hiperliderazgo de la formación de extrema derecha y aseguran que los miembros de la dirección nacional ni pinchan ni cortan en algunas de las decisiones fundamentales del partido. Sólo acata. «El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) es un órgano decorativo en el que no se debate, no se delibera, no se decide nada», confiesan las fuentes del CEN consultadas. «Siempre se vota todo a ciegas, para revestirlo de formalidad. Y quien pide media explicación está fuera. Sumisión o expulsión. El ambiente es de sectarismo total», añaden, bajo la condición del anonimato, por miedo a represalias.
Como prueba fehaciente de estas acusaciones, EL MUNDO ha accedido a las conversaciones que demuestran que ni siquiera algo tan relevante como los presupuestos del partido se discute antes de ser avalado formalmente por el Comité Ejecutivo. Así ocurrió con las cuentas de 2025, cuya aprobación se produjo en WhatsApp, sin debate alguno, un viernes de Navidad, por la noche. Y con sólo un documento de dos páginas elaborado por el tesorero: la primera es la portada y la segunda, un cuadro con las principales cifras previstas para el ejercicio, en el que el partido tenía previsto ingresar y gastar más de 14 millones de euros.
Esta votación de la cúpula de Vox tuvo lugar el 27 de diciembre de 2024. A las 20.10 horas, el vicepresidente y secretario general de la formación ultra, Ignacio Garriga, envió un mensaje al chat «CEN de VOX», en WhatsApp. «Estimados compañeros del Comité Ejecutivo Nacional. El Comité de Gestión nos envía el presupuesto para su aprobación, que, en su caso, el tesorero nos detallará y se ratificará en la reunión que celebraremos en enero. Aprovecho para desearos una feliz Navidad, un buen final de año y un mejor 2025. Saludos».
Nada más recibir ese mensaje y el breve cuadro-resumen, los dirigentes de Vox fueron aprobando las cuentas sin tiempo material para estudiarlas, sin preguntar por las cifras, sin otros comentarios que la felicitación navideña, y diciendo, simplemente, «apruebo», «aprobado», «ok», «de acuerdo» o «adelante». Hay una, Rocío de Meer, que da su visto bueno un minuto después de recibir el PowerPoint . José Ángel Antelo tardó dos minutos. Jorge Buxadé, tres. Y Montserrat Lluis, cuatro. En apenas una hora, ya había mayoría absoluta de 10 votos (el CEN tiene 20 miembros y el voto del presidente desempata). Justo cuando se cruzó ese umbral y las cuentas quedaron aprobadas, Santiago Abascal escribió un whatsapp en el grupo: «Gracias al tesorero y a todos los implicados por su trabajo incansable y preciso».
La aprobación fue tal trámite y estuvo tan exenta de debate formal que, incluso, dos de los miembros del Comité usaron emoticonos para aprobarlas: tanto Reyes Romero como Javier Ortega-Smith dieron su visto bueno al presupuesto con el emoji del pulgar hacia arriba, en color amarillo. Hasta el mediodía del 28 de diciembre, uno a uno, los demás miembros del Comité fueron dando su ok a unos presupuestos de los que no conocían aún los detalles ni el desglose, según confirman las fuentes consultadas en el CEN. Daban su aprobación con la sola promesa de que el tesorero se los podría explicar un mes después.
¿Y eso ocurrió? ¿Se ratificó el Presupuesto de Vox para 2025 con un debate interno sobre los gastos y los ingresos? Garriga los citó en la sede de la calle de Bambú el 13 de enero, pero «no hubo debate». «Nunca han pedido individualmente la opinión de los miembros del CEN para tratar un tema, excepto cuando se rompieron los gobiernos autonómicos. El resto de días sólo se comunican las cosas y no se debate. En la reunión de enero únicamente se nos puso otro PowerPoint, pero no hubo explicaciones pormenorizadas», afirman las fuentes.
La queja del papel «decorativo» de la dirección nacional de Vox no es nueva. De hecho, Ortega-Smith se quejó de que su cese se aprobó «en menos de dos minutos», sin discusión y sin siquiera leer el informe que se envió a toda la cúpula. «En tromba», escribió en una carta que adelantó este diario. «Lamentablemente, no me ha sorprendido esa votación tan inmediata», señalaba en ella, «porque hace ya mucho tiempo que el CEN dejó de ser un órgano de debate y reflexión, para ser un órgano meramente decorativo que simplemente ratifica decisiones que otros han tomado previamente».
«En el CEN no se delibera, no se decide nada. El que manda es Kiko Méndez-Monasterio. Él es el administrador de hecho de Vox», añaden las fuentes, en relación al asesor externo -y áulico- de Abascal.
Y también se hace pertinente contextualizar el momento en el que la cúpula de Vox aprobó por WhatsApp las cuentas de 2025. Venían de solicitar dos préstamos abultados a un banco de la órbita de Víktor Orban. En 2023, Vox pidió el primero: 6,5 millones de euros a MBH Bank -participado por el Estado húngaro a través de un fondo de inversión que controla el Gobierno de Orban- para financiar la campaña de las elecciones generales. Y en 2024 volvió a recurrir a esa entidad para obtener 7 millones para cubrir los gastos de la campaña de las europeas.
Otro punto relevante del documento enviado a la cúpula del partido como resumen de las cuentas es que ratifica que Vox vive esencialmente de las subvenciones. El 73% de sus ingresos previstos son públicos (10,7 millones) y sólo el 27% corresponde a aportaciones privadas. En 2024, el porcentaje anotado fue exactamente el mismo. Es relevante subrayarlo, porque Vox está a favor de eliminar las subvenciones a los partidos, pero no renuncia a ellas.
Por último, hay que destacar que Vox preveía elecciones en dos autonomías en 2025. Así se estipula -por si acaso- en un asterisco al final del documento: «El presupuesto de 2025 incluye elecciones en Castilla y León e Islas Baleares».
Este diario llamó ayer al equipo de comunicación de Abascal para recabar su valoración de esta información, pero un portavoz oficial declinó hacerlo.


