Investigan una intoxicación en el Hospital Universitario de Toledo que ha provocado 140 partes de lesiones y 30 bajas | Noticias de Madrid
Incertidumbre y miedo definen la situación que viven los trabajadores de los laboratorios del Hospital Universitario de Toledo. Desde el pasado 27 de noviembre, las instalaciones -especialmente las de anatomía patológica, que cuenta con cerca de sesenta empleados– acumulan 140 de partes de lesiones y una treintena de bajas por afecciones cutáneas, oculares y respiratorias para las que el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) no ha encontrado aún una explicación. Varios sindicatos -entre ellos la Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF), Comisiones Obreras, UGT, USICAM y SIMEFIR- han pedido la suspensión temporal de la actividad hasta que se resuelva lo que consideran “un fallo de seguridad ambiental”. Los últimos partes de incidencia por afectaciones de garganta, derrames oculares o vómitos se producían hace apenas unos días.
Las intoxicaciones vivieron su punto álgido el pasado mes de diciembre, cuando se contabilizaron hasta 34 bajas simultáneas entre el personal: 18 en el laboratorio de anatomía patológica y el resto en los de bioquímica, genética y banco de sangre, todos ubicados en el mismo pasillo. CSIF apuntó, en un principio, a la sala de tallado del laboratorio de Anatomía Patológica -dedicada al estudio macroscópico de las muestras- y al formaldehído, un compuesto que al inhalarse puede provocar, según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, reacciones alérgicas severas en la piel, los ojos o el tracto respiratorio, náuseas, dolor de cabeza y mareo, alteraciones en el sistema nervioso central y, en los casos más graves, cáncer. Desde este sindicato aseguran que la situación está provocando mucha ansiedad entre los trabajadores del servicio, al no saber a qué se están exponiendo, y está tensando el ambiente laboral.
El 27 de noviembre, cuando se notificaron los dos primeros casos, los profesionales del laboratorio tuvieron que abandonar las instalaciones y salir al pasillo porque el ambiente “era irrespirable”, señalan desde CSIF, en un incidente que obligó, además, a paralizar la actividad de un quirófano. Rosa Salort, trabajadora del servicio, estuvo de baja aproximadamente un mes tras acudir a su mutua con signos de aturdimiento, somnolencia, irritación de ojos e incluso sangrado nasal tras respirar el aire que salía por las rejillas del sistema de ventilación y cuyo olor ni ella ni sus compañeras identifican con los productos que utilizan a diario. Según explica a EL PAÍS, “es un olor similar, aunque más atenuado, al del gas mostaza o gas lacrimógeno” que llegaría a la zona de laboratorios a través de los conductos, por los que “también se filtra en algunas ocasiones el que proviene de las cocinas que se sitúan dos plantas más abajo”, afirma.
Los trabajadores reclaman su reubicación en otro espacio o la paralización y externalización temporal del servicio hasta que “se investigue y se encuentre el fallo de seguridad” pese a que las mediciones realizadas por la Inspección de Trabajo y las encargadas por el servicio de prevención y la concesionaria del hospital -además de una empresa externa- no han detectado hasta la fecha ninguna alteración ambiental. La Consejería de Sanidad explica que se ha revisado el sistema de ventilación y el servicio de electromedicina, además de todas las máquinas y aparatos del laboratorio. Los parámetros analizados, aseguran desde este departamento, están dentro de los valores permitidos. El centro también ha proporcionado gafas de protección a los trabajadores, incompatibles -recuerda Salort- con la utilización de los microscopios o algunas de las técnicas que emplean. “Pero es que además estos equipos no protegen la piel”, advierte.

En los partes tramitados por las mutuas desde el pasado mes de noviembre, y a los que ha tenido acceso este diario, se apunta a “efectos tóxicos de gases, humos o vapores no especificados” pero al no reconocer estos episodios como accidente laboral los afectados son derivados, de nuevo, a la Seguridad Social. También los informes de los trabajadores atendidos en las urgencias del Hospital recogen una “posible reacción a la exposición a sustancias químicas en el ámbito laboral”. La Asociación Española de Técnicos de Laboratorio (AETEL) ha trasladado su apoyo a los afectados y exige “con carácter urgente e inmediato”. La organización subraya el “temor” a trabajar en un laboratorio que “no cumple las medidas de seguridad laboral más elementales”.
Se medirán nuevos componentes
La Consejería de Sanidad rechaza el cierre temporal del laboratorio por las consecuencias que el parón, explican, ocasionaría en los pacientes que requieren de este servicio. Los productos químicos evaluados hasta el momento no ofrecen resultados concluyentes y el hospital, defienden desde el Ejecutivo autonómico, “mantiene todas las medidas preventivas para garantizar la seguridad y salud de los profesionales y que puedan desarrollar su labor con total garantía y tranquilidad”. Desde CSIF aluden a la gravedad del problema. Son agentes químicos mutágenos y que en los laboratorios “trabaja gente joven, en edad fértil, que podrían desarrollar una esterilidad”, denuncia Victoria Gutiérrez, responsable de Sanidad del sindicato.
El asunto llegaba la pasada semana a las Cortes regionales. El consejero de Sanidad, Jesús Fernández, insistía -en respuesta a una pregunta parlamentaria de Vox- que ninguna de las mediciones realizadas dan valores anormales. Tampoco las analíticas de los trabajadores. “No digo que no estén de baja, pero si lo están no es por ninguna intoxicación”, decía tras recordar que también se han revisado los circuitos de climatización y que estos “no dan ninguna alteración”. Los sindicatos consideran “intolerable” que el consejero cuestione que las bajas se deban a alguna intoxicación y reiteran que los trabajadores de los laboratorios, que ya han comenzado las primeras movilizaciones, se sienten desprotegidos. CSIF rechaza, como se ha insinuado, que se hable de “histeria colectiva”. “Todo indica que la calidad del aire es apta para trabajar, pero es evidente que algo hay y no se sabe qué es”, zanja Gutiérrez.