Gimnasia ‘antisanchista’ del PP en Debod: cabreo de guante blanco, mucho jubilado, sobredosis de Europe y aplausmetro de empate entre Feijo y Ayuso


Todo bien hasta que llegaba la pregunta mgica. Que, inevitablemente, era: «Imagnese a Pedro Snchez viendo por la televisin la manifestacin, recostado en el sof. Qu cree que pensar al ver todo esto?».

Ah es donde, sin remisin, lo que era una concentracin ordenada, se dira que de guante blanco, un poco de gimnasia preelectoral para ejercitar los msculos del partido, una especie de misa de 12 para mantener viva la fe, se converta en otra cosa.

Por ejemplo Eugenio, de 67 aos, no llegaba a ms que «pues nada, qu va a pensar este seor, si le da todo igual», mientras su pareja, Erica, colombiana de 50, mascullaba: «Si es un enfermo mental, la gente est aborregada».

Sirvi para algo la cosa? «Para nada, estas cosas no sirven para nada, pero hay que venir», se resignaba Mara, farmacutica y en la sesentena, que asisti a la liturgia protegindose a ratos del fro de la maana con una capucha, y aplaudiendo quizs con ms intencin de calentarse las manos que otra cosa.

Otra cosa pensaban Justo, de 76 aos, e Isabel, de 64: «La democracia es esto: manifestar tus ideas sin dividir y sin envenenar, que es lo que hace este Gobierno. Respetar, pero pedir un cambio, que es la esencia de la democracia. Y se puede hacer sin insultar. Eso hemos hecho en estos 50 aos de democracia y lo vamos a seguir haciendo«.

El PP sali a la calle este domingo en el templo de Debod de Madrid, tan equidistante de la sede del PSOE en Ferraz como de la casa que la trama Koldo le pag a Jessica, otra de las novias de Jos Luis balos, y lo hizo bajo el duro lema de «Mafia o democracia?».

A la hora de la verdad, sin embargo, la cosa fue mucho ms educada, moderada, quizs un tanto protocolaria y hasta cordial. Se dira, siendo un poco malos, que representativa de lo que desde posiciones ms duras se le echa en cara a Feijo: pedir una alternancia sin mucho ms argumento que la propia alternancia.

Una manifestacin muy poco pintoresca, habr que decirlo, para una crnica de color como esta: ni carteles alusivos a Sanchinflas, ni marionetas sanchistas colgadas de una soga, ni mucha ms memorabilia que las banderas que vendan los paquistanes a cinco euros -no se vio a muchos ms inmigrantes, ni siquiera a los ya clsicos latinos del Barrio de Salamanca-.

Hasta Feijo lleg a bromear desde el atril con un «no decan que los del PP no nos manifestamos?», y sus ordenados y muy educados feligreses, atrincherados en sus Barbour, le dieron parcialmente la razn: se manifestaron en buen nmero, s -se despej de sobra la amenaza de pinchazo por mor del clima, el sol brill-, pero sin el cabreo y la acritud que la perspectiva sociata desde Soto del Real podra facilitar.

Y, por cierto, altsima edad media. Abrumadora mayora de jubilados, sobredosis de mediana edad y poqusimos jvenes, si acaso algn viejoven.

En el principio (y en el final) fue Europe. The final countdown lleva siendo desde hace dos aos la sintona en cuenta atrs que resuena en cada manifa de este tipo, pero el tiempo pasa, la UCO opera y Moncloa permanece. La marabunta fue congregndose en torno al templo egipcio situado en pleno corazn de Madrid y desde megafona se recit la alineacin pepera: de Aznar y Rajoy hasta el presidente del partido en Melilla. Todos los cuadros respondieron, presentados sobre el People have the power de Patti Smith.

Tras una corta pero bullanguera y muy madreta intervencin de Jos Luis Martnez-Almeida, primero en recordar la cercana de Ferraz (aunque nadie all poda imaginar luego un garbeo general por la sede del PSOE, sino ms bien romper filas en pos de la sacrosanta comida familiar de cada domingo), le toc el turno a Isabel Daz Ayuso.

La masa la pidi, al suave cntico de «Ayuso, Ayuso», pero por lo que fuera la presidenta madrilea tambin estuvo un poco de domingo, sin excesivas concesiones a la barra del bar, y ms en clave de «dignidad contra decencia» y de «somos la mejor nacin de este mundo».

Voluntariamente o no, Ayuso pareci no querer quemar naves para que s lo hiciera Feijo, al que en algn momento se le quebr un tanto la voz, y que no dej de construir personaje (moderado), haciendo de la necesidad virtud: «A veces quizs nos equivocamos, pero no somos Vox, somos otro partido», repiti varias veces.

El aplausmetro entre ambos registr pues un amable empate y The final coutdown son de nuevo -despus del himno nacional- como cierre tras las protocolarias fotos, sin que quedara muy claro cuntos aos puede durar una cuenta atrs.

«Yo a Snchez creo que ver esto le puede poner ms violento», deca Francisco, de 80 aos, envuelto de los hombros a los pies en una bandera rojigualda, «porque est en Malta y no le gusta nada que en el extranjero se sepa lo que est pasando en Espaa».

«Nada, esto a Snchez le da completamente igual», aportaba Pedro, de 76, quien tras explicarle a EL MUNDO que l «siempre» ha votado PP, «excepto cuando vot a Felipe Gonzlez», se quedaba cinco minutos ondeando su bandera con aire melanclico, mirando a ninguna parte.

Francisco ve «bien» a Feijo, «pero mucho mejor a Ayuso, que tiene carisma de verdad». Discrepaban Justo e Isabel: «Tener carisma es saber gobernar, ser honesto, pensar en todos».

Al festejo acudi tambin Ivn Espinosa de los Monteros, quien termin haciendo doblete: despus se acerc a la convocatoria de las juventudes de Vox y de Hazte Oir directamente en Ferraz, a apenas 300 metros de Debod.

Convocatoria frustrada: la Polica sell la manzana del PSOE por ambas bocacalles y apenas unas 100 personas se quedaron merodeando por el entorno de Argelles, perseguidas por tenaces lecheras policiales, sin ms recurso que la pataleta ante los agentes y alguna pintada eventual.

Imaginando todos, probablemente, a Pedro Snchez sentado en esos mismos instantes ante el televisor, observndolo todo desde lontananza, escuchando de fondo Radio 3 y saboreando una cerveza y unas Ruffles.





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