Europa cambia para que Espaa siga igual
Los montes rugen por toda Europa; en Espaa, ahora mismo, solo asoma una cola de ratn. Llevamos semanas preguntndonos por las consecuencias que tendrn para nuestro pas el volantazo de EEUU en Ucrania y el refuerzo de Putin. No es solo cuestin de fijar la postura de Espaa ante el nuevo escenario, sino tambin de averiguar si este influir en nuestra vida poltica. La evidencia de que, en el tema de Ucrania y del rearme europeo, el partido mayoritario del Gobierno y el principal partido de la oposicin tienen ms en comn entre s que con sus respectivos socios auguraba una posible convulsin en la legislatura. Ahora, tras asistir a varias cumbres internacionales, Snchez al fin se va a reunir con su socio de Gobierno para acordar una postura conjunta; despus hablar con los grupos parlamentarios.
La escenificacin de esta ronda de contactos refuerza, sin embargo, la sospecha de que Snchez no piensa cambiar de rumbo solo porque el mundo lo haga. En primer lugar, est claro que el presidente busca reducir el papel del Partido Popular, diluyendo el imprescindible dilogo con Feijo en una sucesin de apretones de mano con dirigentes de grupos minoritarios. Mala seal para quien albergase esperanzas de que la necesidad de aumentar el gasto en Defensa -compromiso adquirido con nuestros socios, y que responde a una situacin verdaderamente grave- llevara al PSOE a abrir las puertas del Muro.
Ms significativa an resulta la exclusin de Vox de esta ronda de contactos. Es cierto que la postura de los de Abascal en el tema ucraniano se ha vuelto especialmente mezquina, sobre todo desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Ha quedado patente tanto su seguidismo del nuevo gobierno norteamericano como su voluntad de relativizar la amenaza que supone el proyecto imperial-criminal ruso, no solo para una Ucrania a la que se forzar a aceptar una paz muy desfavorable, sino tambin para el resto del continente europeo. Curiosamente, hay momentos en los que la derecha radical europea en la que se ha insertado Vox recuerda menos a una constelacin de patriotas conservadores que a esos partidos comunistas occidentales que excusaban las acciones ms indefendibles de la Unin Sovitica; por ejemplo, la invasin de Hungra en 1956. Y puede que, como ocurri entonces, el seguidismo termine acarreando un desgaste: la ltima encuesta publicada por este diaria ya mostraba una bajada de Vox tras varios meses de buenos resultados.
Sin embargo, nada de esto justifica su exclusin de la ronda de contactos de Snchez. La invitacin debera haberse realizado, con independencia de si luego Vox decida rechazarla. En primer lugar, porque la postura de esta formacin en el tema de Ucrania no es ms lamentable que la de otros socios con los que el presidente s hablar, como Podemos o esa Izquierda Unida que forma parte de la plataforma de Yolanda Daz. En segundo lugar, porque casi parece una broma que se vaya a hablar sobre un aumento del gasto en nuestras fuerzas armadas con Otegi antes que con Abascal. Y, en tercer lugar, porque se pierde una nueva oportunidad de transmitir a la ciudadana lo urgente que es el momento que atraviesa Europa. Resulta difcil proponer soluciones extraordinarias si no se est dispuesto a hacer un solo gesto fuera de lo comn.