Espaa, maana, ser una Democracia peor


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Un to abuelo me deca que en el franquismo no haba mucha libertad, pero que tampoco haba delincuencia y que, aunque la Polica pegaba, slo era un problema para los que robaban, no para la gente normal. Lo nico que tenas que hacer es no meterte en problemas. Aunque l combati con los rojos, setenta aos ms tarde, ya era incapaz de percibir que no haba delitos en la calle, porque la criminalidad estaba en las instituciones. Y, con ella, su cultura poltica.

La mayora de edad y, en cierto modo, la adquisicin de la ciudadana consciente, con sus derechos y responsabilidades, implica entender algunos preceptos complejos. Y, si no, al menos asumirlos. Uno es la presuncin de inocencia, muy malbaratada ltimamente, y otro el derecho de defensa. En ltima instancia, ambos protegen al ciudadano de los abusos del poder y, por tanto, a la democracia -un sistema en el que el fin no justifica los medios- del autoritarismo.

Tanto si el Supremo absuelve como si condena a Garca Ortiz, Espaa no dejar de ser una Democracia, pero, en todo caso, ser una Democracia peor, porque el mal ya est hecho. El presidente del Gobierno proclam el pasado domingo que no est dispuesto a aceptar una sentencia adversa para su fiscal general del Estado. Al anunciar que Garca Ortiz es inocente, slo deja a los siete magistrados dos opciones: darle la razn o enfrentarse a las consecuencias de una campaa de desprestigio sin precedentes. Lo cual no es poco. En Televisin Espaola ya han avisado de que no aceptarn medias tintas. Tiene que ser una absolucin por goleada.

La invasin de las prerrogativas del Poder Judicial por parte del mximo responsable del Poder Ejecutivo, los ataques de la Abogaca del Estado a la unidad de lite de la Guardia Civil o las descalificaciones al instructor de la causa no quedarn diluidas cuando los jueces determinen si la frentica actividad de Garca Ortiz para hacer pblicas las comunicaciones entre la pareja de Isabel Daz Ayuso y su abogado encaja o no en algn tipo penal. Las heridas son profundas.

Y miren que es una lstima que, si tena tan claro que no es culpable, como dice Snchez, el fiscal general borrara todos los mensajes de su mvil en el da de su imputacin. Entregndolo al juez sin tocarlo, el caso se hubiera resuelto en tres minutos. Prefiri destruir las pruebas de lo que fuera, lo cual no altera la presuncin de su inocencia, que fue lo que l intent destruir en el caso de Gonzlez Amador, un delincuente confeso sin sentencia.

Garca Ortiz tena que atajar el relato, insisti ayer el abogado del Estado. Y hay que agradecerle que volviese a recordarnos que el fiscal general haba dejado de ser el encargado de preservar la justicia para convertirse en un bardo ms de los cuentos de la Moncloa. No conviene frivolizar con esto. Cuando a un gobierno no le acompaan los fundamentales, que son los votos en el Parlamento, si se cae el relato se cae todo lo dems. No hay manual de resistencia que valga.

Mientras se juzgaba a Garca Ortiz, hemos conocido que una fontanera coaccionaba a dos de sus subordinados en nombre del PSOE para conseguir pruebas contra la UCO. Imagnense que hay sentencia condenatoria. Dnde se van a esconder todos estos luchadores monclovitas que se creen impunes porque el poder ampara sus delitos?





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