Es Snchez quien debe pedir perdn al fiscal general


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El jueves por la tarde, poco despus de conocerse la condena al fiscal general, el ministro de Justicia, Flix Bolaos, compareci ante los medios. Como apunt Leyre Iglesias, su tono reson con el que Arias Navarro anunci la muerte de Franco 50 aos antes: El Gobierno tiene el deber legal de respetar el fallo, pero tambin el deber moral de decir pblicamente que no lo compartimos. Sus palabras son del mximo inters, pues expresan que el Gobierno cree que el Tribunal Supremo condena a un hombre inocente. Un peligroso acto de fe, pues supone una de estas dos tesis: o bien que el rgano jurisdiccional superior ha cometido un grave error, o bien que ha prevaricado. Y como sera cmico que cualquier miembro del gobierno —no digamos scar Lpez— acusara a los magistrados del Supremo de errar por falta de pericia, es ms razonable pensar que estn acusando al tribunal de prevaricar, o sea, de dictar a sabiendas una sentencia injusta.

La noche en que conocimos el fallo, el propio scar Lpez pas por los micrfonos de la Cadena Ser para decretar que el fiscal general es inocente, a pesar de lo que diga el Tribunal Supremo. Tristemente, nos hemos acostumbrado a que el Ejecutivo rechace la autoridad institucional del Poder Judicial. Los ecos schmittianos cada vez suenan ms fuertes. El gobierno est a un paso de insinuar que, en nombre de la soberana popular, puede invalidar la ley. No s si el gobierno pretende usurpar las funciones del poder judicial o slo deslegitimarlo. Pero lo peor de su deriva schmittiana es el cinismo con que atacan la separacin de poderes y, sin interrupcin, alertan sobre los peligros que acechan la democracia liberal.

Claro que en el caso que nos ocupa quiz haya otra alternativa; quiz el imponderable scar Lpez no decret la inocencia del fiscal general desde el sectarismo y la fe, sino desde el conocimiento y la contricin. Recordemos que el testimonio ms inasumible del juicio fue el de Pilar Snchez Acera, ex asesora del ministro Lpez cuando este era jefe de gabinete del presidente. Declar que recibi el correo confidencial de un periodista, pero que no recuerda ni quin era ni de qu medio. En otras palabras, el rastro de la filtracin originaria se detiene en Snchez Acera, es decir, en la oficina de scar Lpez en Moncloa. Por eso no descarto que la rotundidad con la que Lpez afirma la inocencia del fiscal general no responda a su habitual zoquetera, sino al conocimiento ntimo de cmo empez todo.

Esta tesis podra explicar la actitud que Pedro Snchez ha tenido estos meses. No ha tratado a Garca Ortiz como a balos, Koldo o Cerdn, apartados desde su imputacin. Ni siquiera como a su hermano, del que rara vez habla. Garca Ortiz ha recibido un respaldo slo comparable al de Begoa Gmez. Y me pregunto si el motivo es que el fiscal general no sera un delincuente convicto si Moncloa no hubiera activado una operacin para contrarrestar las informaciones sobre la esposa del presidente. Garca Ortiz delinqui por participar en una operacin que l no puso en marcha. Una muestra de lealtad que ha pagado cara. Sus incitadores lo saben, y por eso mantienen su apoyo moral. Saben que delinqui por ellos, y por eso en algn momento tendrn que pedirle perdn.





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