En el pueblo aragons con mayor concentracin de inmigrantes: «Sin ellos el trabajo del campo no sale adelante»
En una patera y sola. As lleg Bintu (24 aos) desde Senegal hasta Canarias, hace dos aos. Su vida hoy es muy distinta: es una de los ms de 3.000 habitantes extranjeros censados en Fraga, la localidad oscense con ms concentracin de inmigrantes.
Hablar con ella supone un reto, todava est aprendiendo espaol. Sabemos que vive aqu con su marido y su hija de ao y medio, Tchikita; sabemos que el ao pasado trabaj en el almacn de una finca, de mayo a septiembre, y que ahora est desempleada. Nos quedamos con la incgnita de cmo logr desplazarse ms de dos mil kilmetros hasta la comarca aragonesa del Bajo Cinca, en Huesca, uno de los pulmones agrcolas del pas a donde cada verano, de mayo a octubre, llegan entre 10.000 y 12.000 trabajadores para recoger la fruta. El municipio es la capital comarcal y en temporada de cosecha acoge a ms de un tercio de estos temporeros.
«Muchos duermen en la calle, sobre todo en la estacin de autobuses, que est cubierta. Se quedan all con cartones y todas sus cosas«, cuentan dos jvenes que voltean sus cuerpos y apuntan con el dedo hacia la zona de la que hablan. Ahora es enero, y cuando nos dirigimos en esa direccin no hay visos de sinhogarismo, aunque s se percibe una fuerte carga migratoria. Cuestin de calendarios, explican: «En verano puede llegar a impactar, pero en invierno no hay tantos».
Vecinas de origen extranjero pasan el rato en el parque con los nios.
Lo cierto es que entre los municipios aragoneses de ms de 14.000 habitantes, Fraga tiene la mayor concentracin de inmigrantes. Segn las ltimas cifras de poblacin censada, que datan de finales de 2025, de sus 15.400 habitantes el 25,25% eran extranjeros. Ascienden a 3.889 personas, casi un 10% ms que hace cuatro aos. Entre los ciudadanos con nacionalidad espaola, el 24% de ellos son mayores de 65 aos, y el grupo de edad ms numeroso tiene entre 50 y 54 aos (896 personas); la edad ms predominante entre los extranjeros es de los 45 a los 49.
«Arrastramos esta situacin desde hace ms de 30 aos», detalla el alcalde de la localidad, Jos Ignacio Garmn (PP). Fraga lleva atrayendo mano de obra extranjera desde finales del siglo anterior. El capital humano es lo que mantiene a flote las empresas frutcolas: «Nos tenemos que adaptar. Si adems sumamos la baja natalidad y que hay que cubrir puestos de trabajo, es evidente que todos somos necesarios«, confiesa el edil.
Seguridad
Pero la convivencia con la poblacin migrante ha sido, y sigue siendo, un reto a abordar. Ya en la madrugada del 27 de julio de 1992, un grupo de jornaleros golpe a varios magrebes, dejando seis heridos. La polica detuvo a 13 personas. Ms de tres dcadas despus, en junio de 2025, la Guardia Civil detuvo en el mismo municipio a 12 personas implicadas en una serie de reyertas entre distintos grupos familiares de nacionalidad extranjera. En 30 aos, los sucesos «incvicos» no han cesado.
«Evidentemente hay momentos puntuales en los que hay altercados, pero no hay que traer a las fuerzas nacionales», tranquiliza el alcalde. La labor «conjunta» de la Guardia Civil y la Polica local es «esencial», cuenta, para mantener el orden y fomentar la percepcin de seguridad. Pero, a su juicio, «todo es poco». Pese a los intrngulis legales que puede suponer, dice estar pensando en contratar una empresa de seguridad privada para redoblar esa presencia porque «es bueno que la poblacin se sienta arropada».
Esa sensacin cunde durante el verano? Cuenta una vecina que «hay ms Guardia Civil patrullando» y, por lo general, apunta otro habitante, los cuerpos de seguridad conocen cules son los grupos de inmigrantes ms «problemticos»: «Los que vienen de frica son ms distantes y disciplinados, tienen miedo a ser deportados; los magrebes suelen ser ms conflictivos«, advierte. Y dispara: «Pero el discurso de la extrema derecha no creo que cale aqu. Sin ellos el trabajo del campo no sale«.
Vecinos mayores sentados al sol en la plaza del Ayuntamiento de Fraga.
Das antes de que aterricemos en el municipio, el presidente de Vox, Santiago Abascal, y su candidato en Aragn, Alejandro Nolasco, celebraron un mitin en el Castillo de Fraga. Abascal pas de puntillas por la regularizacin «a marchas forzadas» de los inmigrantes y Nolasco critic la imposicin «en algunas aulas» de un «programa de lengua rabe y marroqu» y que «lo que estn comiendo los ms jvenes en los colegios» son «naranjas de Egipto y peras de Sudfrica».
Las diferencias identitarias y la competencia desleal que de un tiempo a esta parte acusa el sector agrcola son dos cuestiones de peso en el municipio. El vecino que criticaba este discurso admite que, por eso, «tiene su pblico».
Un pblico creciente, a juzgar por los resultados electorales de las dos ltimas convocatorias. A nivel municipal, Vox no obtuvo votos en 2019, aunque ese ao lleg a cosechar el 6,73% de las papeletas en las elecciones autonmicas. En 2023, los votos crecieron de forma sustancial: 525 en los comicios municipales –ganando su primer concejal en el consistorio– y 673 en las autonmicas, un 12,2% de los votos totales y un 67% ms que en los resultados anteriores.
Sin embargo, el fortalecimiento electoral de la formacin de Abascal en los municipios con ms inmigracin, como Fraga, no es comparable con el que se produjo en Extremadura. Eso s, su crecimiento se produce a la par que el incremento de votos del PP y la debilitacin del PSOE. Pero para entender esa aritmtica debemos rebobinar.
De pabellones anticovid a albergues y barracones
Regresemos a mayo de 2020, en plena pandemia del Covid-19. Por entonces Espaa sala progresivamente del confinamiento mientras Fraga y la parte oriental de Aragn no lograban avanzar de fase. La situacin de hacinamiento en la que vivan los temporeros les hizo ms vulnerables ante el virus y los contagios empezaron a reproducirse. Frente a su imposibilidad para cumplir con las medidas de aislamiento, y el riesgo que eso conllevaba para el resto de la poblacin, el Ayuntamiento de Fraga puso en marcha de forma pionera en la regin dos pabellones municipales para atender a estas personas.
«Los das eran los que eran y pensar en un contagio… Claro que asustaba«, recuerda una vecina frente al colegio San Jos de Calasanz. A seis minutos a pie se encuentra el Pabelln Cortes de Aragn, por cuyas instalaciones pasaron unos 100 trabajadores entre mayo y agosto de aquel ao. Cmo afect a la percepcin del PP, que por entonces ya gobernaba el municipio? «Hombre, yo creo que bien. Y lo del albergue Clara Campoamor tambin ha ayudado mucho».
El alcalde de Fraga, Ignacio Garmn (PP), frente al Ayuntamiento de la localidad.
Los alojamientos a los que alude fueron inaugurados por la Reina Sofa en febrero de 2023. Tres meses despus, las urnas se abriran de nuevo, dando pie al retroceso del PSOE en Aragn. En Fraga se reprodujo el fenmeno: el 42,5% de los vecinos vot al PP en las autonmicas y en las municipales lo hizo el 47,4%. Desde entonces Garmn gobierna en el consistorio con mayora absoluta y celebra que la situacin de los temporeros que llegan a Fraga en busca de trabajo se est «regulando cada vez ms».
Salimos del Ayuntamiento y cruzamos el casco histrico. Al final de la calzada que atraviesa lo que parece un polgono industrial contamos seis mdulos destinados a la acogida de los temporeros sin hogar en el municipio: es el albergue Clara Campoamor. La gestin del recurso corre a cargo de Critas, que de la mano de la Fundacin Reina Sofa y el Ayuntamiento, dieron inicio al proyecto. En 2025 atendi a 211 personas.
«159 pernoctaron al menos 1 noche y 52 recibieron orientacin laboral». Esto nos lo cuenta Ral, tcnico de Critas en la localidad, cuyo abanico de programas sociales incluye la alfabetizacin, la orientacin laboral o la acogida, en el caso de los temporeros durante los meses de verano. Aunque el peso de esta ltima labor recae, de forma principal y mayoritaria, sobre los titulares de las empresas frutcolas.
Es una colaboracin necesaria, explica Ral, porque «antes se realizaban asentamientos que ya no existen». «Todo empresario debera darles alojamiento para que se libere ese recurso» de Critas, incide el alcalde.
Omani lleg de Mali hace un ao y trabaja en el campo aragons durante todo el ao.
A 24 kilmetros de Fraga, en mitad del campo aragons, nos encontramos al joven Omani (Mali, 23 aos) en mitad de una zanja de tierra. Levanta su azada, la clava y arrastra la gleba. Est cavando una especie de trinchera de medio metro de profundidad. l solo ha horadado unos 20 o 30 metros. Miles de nogales crecen a su espalda; l no sabe decir qu son ni qu fruto dan. Se centra en su trabajo: levanta su azada, la clava y arrastra la gleba. Una y otra vez.
Es un terreno de unas 150 hectreas. Lo gestionan Carmelo, su hermano Jos Ramn y sus mujeres. El primero nos muestra los barracones en los que aloja a los trabajadores. Caben «unos 70 [temporeros], o por ah» y las habitaciones estn separadas por mdulos porque vienen «en cuadrillas»: «Los morenos [de origen subsahariano] son ms individualistas, y cada temporada tenemos ms, pero tambin estn los rumanos o gente que viene con parejas».
En tres aos «no ha habido escasez de mano [de obra]», explica Carmelo, «tambin porque muchas empresas grandes han ido a contratar en origen«. Que los grandes empresarios viajen a otras regiones en busca de trabajadores evita en buena medida la inmigracin irregular. «Antes era un calvario hacerles los papeles y hoy en da nos llegan con ellos hechos cada vez ms», cuenta el agricultor.
Carmelo acoge a trabajadores en habitaciones como esta, separadas en barracones.
«Es imprescindible que estas personas tengan sus papeles en regla», apunta el regidor de Fraga, «principalmente porque sin ellos no pueden trabajar». Carmelo cuenta que hay a quien han multado con 10.000 euros porque los trabajadores «se falsifican la documentacin» y «entre ellos se chivan». Segn datos a los que accedi la Cadena Ser, Inspeccin de Trabajo en Aragn detect a 494 trabajadores extranjeros sin papeles hasta julio de 2025, un 684% ms que en 2018.
De ah que Critas ponga el acento en los programas de orientacin. En Fraga, decamos, hay mucha poblacin inmigrante que vive all todo el ao, como Bintu. Aunque no les ofrecen acogida en caso de necesitarlo, desde Critas consideran que es clave «hacer pedagoga para que busquen trabajos ms estables». Son conscientes de que «no hay posibilidad de que todos los que vienen tengan insercin laboral«.






