El PSOE: cuando decir lo evidente es deslealtad


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Cuando le reprochan sus pactos, sus fieles responden que Pedro Snchez ha hecho lo mismo que sus predecesores: sacrificar parcialmente sus principios a cambio de poder. Segn ellos, no habra nada novedoso en la poltica de alianzas que ha sostenido el sanchismo. Pero esta lectura obvia un matiz importante: Snchez, a diferencia de Felipe, Zapatero o Aznar, no ha pactado con partidos nacionalistas, sino con partidos nacionalistas que atentaron contra la legalidad.

Sus lderes no son meros adversarios ideolgicos del consenso constitucional, sino condenados por delitos contra ese consenso. No hablamos de pactos sobre tipos impositivos marginales, sino de alianzas con actores que han atentado contra los derechos y libertades de todos los espaoles, y que se ufanan de ello.

Pero si un socialista lo denuncia, es deslealtad.

Espaa es constitucionalmente un Estado social y democrtico de Derecho. La singularidad de Snchez es que sus pactos han tensado los dos componentes de esa frmula: la aspiracin del Estado social, por la consabida incompatibilidad doctrinal entre redistribucin universal y nacionalismo, y el ideal del Estado de Derecho por la situacin procesal de sus socios. Y lo lgico es asumir que esta anomala tiene consecuencias institucionales y electorales.

Pero si lo hacen Felipe Gonzlez o Emiliano Garca-Page, es deslealtad.

Los llaman traidores. Los llaman resentidos. Les dicen que no deberan hablar en contra del partido, insinuando que las siglas y sus intereses siempre estn por encima de los principios. Y esta es la parte ms confusa, porque quien est descuidando los intereses del PSOE no es Felipe Gonzlez, sino Pedro Snchez. Los socialistas crticos no son puristas escandalizados por la evidencia de que la poltica parlamentaria implica aritmticas incmodas. Son lderes que observan que la aritmtica se ha vuelto solipsista.

Entiendo que haya militantes dispuestos a aceptar la erosin de ciertos principios en nombre de la estrategia y la supervivencia del partido. Lo que resulta mucho ms difcil de justificar -incluso desde una lgica puramente instrumental- es que el partido termine sacrificando no solo sus principios, sino tambin sus propios intereses, en beneficio exclusivo de su secretario general. Y Snchez est erosionando tanto los principios como los intereses a largo plazo de su partido con el fin de asegurar su continuidad inmediata.

Las deleznables palabras de scar Lpez sobre el fallecido Javier Lambn slo pretendan desviar el foco del liderazgo nacional. Porque todos lo saben culpable de la cada en desgracia del PSOE en Aragn. Como antes en Extremadura, y pronto en Castilla y Len y Andaluca.

Convergen en Snchez estas dos singularidades: alianzas que violan los ms bsicos principios de decoro institucional, y un clculo en el que ni los principios ni los intereses del partido tienen peso. El resultado no es un pragmatismo rutinario, sino una poltica en la que tanto la arquitectura social y jurdica del Estado como la identidad histrica del partido quedan subordinadas a los intereses de un solo hombre.

Pero no digan ustedes nada, no sea que les llamen desleales.





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