El milagro de Doana tras el peor incendio de su historia: el ejemplo del parque natural que puede valer para Orense o Zamora


En el mdano del Asperillo an hoy es posible encontrar troncos calcinados. Son pocos y pasan desapercibidos entre las camarinas, las aulagas, los enebros o las sabinas de este sistema de dunas mviles que forma un acantilado a la orilla misma del Atlntico. Los trozos de madera ennegrecidos, sobre todo de pinos, son los restos del peor incendio que ha sufrido el espacio protegido de Doana en toda su historia, una suerte de memorial para que no se olvide un desastre forestal y ambiental que borr, en solo unos das, ms de 10.000 hectreas de un altsimo valor natural.

Las huellas de aquel fuego salvaje permanecen ocho aos despus, pero que estn casi escondidas, camufladas entre el matorral y, en algunos casos, sepultadas por la arena dorada es la demostracin ms palpable (o visible) de que el trabajo que all se hizo ha dado resultado, que las recetas que se aplicaron terminaron por curar las heridas, las graves heridas, de una Doana que solo en 1998, con el vertido de la mina de Aznalcllar, se vio tan amenazada.

Desde lo ms alto del mdano del Asperillo la visin es en verde y azul. El verde del pinar que se salv al otro lado de la carretera que une Mazagn y Matalascaas y de la vegetacin que ha renacido gracias al plan de restauracin que puso en marcha la Junta de Andaluca en colaboracin con otras administraciones, con organizaciones conversacionistas y con cientos de voluntarios que quisieron colaborar. El azul, del ocano que baa la playa de Cuesta Maneli, hacia la que se dirigen algunos baistas afortunados de vacaciones tardas por una pasarela de madera que sortea, con un diseo zigzagueante, la empinada pendiente de las dunas.

Nada que ver con el negro y el gris que dominaban el mismo paisaje el da despus de que aquel monstruo de fuego devorase todo lo que encontr a su paso. Aqu, en el Asperillo, solo quedaron los clavos de la pasarela por la que hoy transitan los veraneantes privilegiados. Los clavos, rescoldos humeantes y el olor indescriptible que dej aquel tsunami infernal.

«Hoy Doana est ms y mejor preparada, al menos en el rea que result afectada por el incendio». Quien habla es el director del Parque Nacional de Doana. Juan Pedro Castellanos, que recuerda bien aquel 24 de junio de 2017, dnde estaba y qu haca cuando saltaron las alarmas y no olvida cmo tuvo que ordenar la evacuacin de las oficinas del espacio, incluidas las instalaciones de cra del lince ibrico, un autntico emblema. Su coche estuvo a apenas 200 metros de arder.

Aquel incendio, cuenta, fue producto de una combinacin diablica de temperatura elevada y vientos fuertes y cambiantes. Encima, se produjo a principios de verano, con lo que la regeneracin de lo quemado tuvo una dificultad aadida. En palabras del director de Doana, «una conjuncin de catastrficas desdichas».

En aquellos das se alcanz en la zona una temperatura de hasta 42 grados y los vientos soplaron con una fuerza de hasta 60 kilmetros por hora, con rachas en las que se llegaba a los 90 kilmetros por hora. Desde la primera notificacin del fuego, registrada a las 20.50 horas del 24 junio, hasta su extincin total pasaron 14 das, dos semanas. Los primeros dos das y hasta que qued controlado, el 27 de junio, se vivieron momentos de angustia, ms de 20.000 personas fueron confinadas en Matalascaas y varios cientos ms, desalojadas de un cmping que ardi por completo y de las casas ms cercanas del ncleo turstico de Mazagn.

Hasta la devastadora ola de fuegos de este verano en el noroeste peninsular, el incendio de Las Peuelas -se denomin as porque en ese paraje se origin, por una negligencia an pendiente de enjuiciar- era considerado el quinto peor de la historia de Espaa y el cuarto peor en los ltimos 25 aos.

Sus 10.000 hectreas parecen una ancdota ante las casi 400.000 que han ardido solo en dos semanas de este mes de agosto, pero de aquel siniestro, opina Castellanos, se pueden extraer lecciones que pueden ser tiles a la hora de abordar el da despus en Orense o Zamora.

Las llamas devoran una zona de pinar en el incendio de 2017.

Las llamas devoran una zona de pinar en el incendio de 2017.EFE

Solo das despus de que los efectivos del Plan Infoca de la Junta lograsen controlar las llamas, el 29 de junio de 2017, el director general de Gestin del Medio Natural cre un grupo de trabajo cientfico y tcnico para que formulase propuestas que deban ser, y fueron, las bases del plan de restauracin, que implic una inversin de ms de 12 millones de euros.

Al frente de aquel grupo, y del plan posterior, estuvo Miguel ngel Maneiro, que hoy pasea junto al director de Doana por el Asperillo dando cuenta de unos das, unos meses, unos aos, que fueron intensos, duros pero, sobre todo y a su juicio, fructferos.

Primero, seala, porque prim la coordinacin poltica e institucional. Segundo, porque se huy de medidas inmediatas y efectistas, se apost por actuar con serenidad. Y, tercero, porque los criterios tcnicos y cientficos con los que se dise cada uno de los proyectos incluidos en el plan no tuvo la menor contestacin por parte de los responsables polticos. Ni un pero, ni un regateo a los presupuestos.

«No hubo ninguna injerencia poltica, el objetivo de todos era hacer el mejor plan de restauracin posible», confirma Maneiro, que se encarg de poner en marcha un plan que, hasta ese momento, no tena antecedentes. «No se haba hecho nada igual», constata Castellano.

Los diez expertos, entre tcnicos y cientficos, presentaron en un tiempo rcord sus recomendaciones bsicas, las directrices se aprobaron un ao despus del incendio y, acto seguido, entr en juego el plan de restauracin, con un horizonte temporal que llegaba hasta 2024, pero que se ha extendido y se extender porque «es un plan vivo».

«Haba cosas que tenamos muy claras, que los horizontes temporales deban ser amplios, que las prisas no casan bien con las restauraciones y que, a veces, es mejor no hacer nada que hacer, que haba que valorarlo todo muy bien y desde un enfoque multidisciplinar», detalla el director de Doana.

Tampoco hubo dudas, y casi ni discusin, en lo que respecta a que deba ser un plan de restauracin ecolgica, huyendo de las tradicionales y tentadoras repoblaciones. «Haba que recuperar especies, pero tambin procesos ecolgicos y servicios a la ciudadana, pero no necesariamente de la misma manera, no replicando lo que haba antes», aade Maneiro.

Aqu, puntualiza, el diagnstico fue clave. De hecho, aade, tan importante fue el diseo y ejecucin de los proyectos concretos como el anlisis de cada hectrea quemada. Un anlisis que no termin nunca, pues la observacin fue, es, constante.

En la mente de todos est el cambio climtico, la necesidad de adaptarse a una realidad de temperaturas ms extremas, de olas de calor ms frecuentes y, consecuentemente, de incendios ms intensos, ms devastadores. «Queramos generar un territorio que resistiera mejor», apunta Castellano.

Miguel

Miguel ngel Maneiro y Juan Pedro Castellano.SALVA CASTIZOARABA PRESS

Eso se concret, por ejemplo, en densidades de plantacin menores. Justo lo que se ve desde lo alto del Asperillo, menos continuidad de rboles, ms «mosaicos», con espacios entre las zonas de arbolado precisamente para evitar que el fuego lo arrase todo.

Se us maquinaria solo donde poda utilizarse, con criterios tcnicos y cientficos, y se replantaron rboles en algunas zonas formando calles circulares, lo que permita preservar de las mquinas pesadas la mitad del terreno y contar con espacio para luchar contra un incendio, si se daba el caso.

De forma paralela, y sin pausa tras el siniestro, se llevaron a cabo tareas de emergencia, labores que no podan esperar, como la retirada de madera quemada. Como muestra de la colaboracin institucional queda que el Ministerio de Agricultura, controlado entonces por el PP (la Junta la gobernaba el PSOE), puso un milln de euros de inmediato para esta fase de urgencia.

Doana tambin ha sacado y aprovechado las lecciones de aquel siniestro y trata ahora, avanza su director, de aplicar aquellas recetas de mayor resiliencia frente al cambio climtico a todo el parque en forma de un programa de adaptacin a este fenmeno que establezca directrices generales y que debera estar terminado a finales de este mismo ao.

Aquel plan no solo cont, a posteriori, con reconocimiento cientfico, sino tambin con el respaldo de organizaciones conservacionistas como WWF, Plant For The Planet o Ecologistas en Accin.

Juan Romero, portavoz en Huelva de Ecologistas en Accin, coincide con Castellano y Maneiro en que una de las claves fue «la unanimidad y el consenso de todas las partes, que no hubo enfrentamiento, fue modlico y reconocido por todo el mundo».

No obstante, Romero cree que, en algunos aspectos, «nos hemos relajado» y se pregunta si se est haciendo todo lo posible para que no se repita aquel desastre. «Los deberes no estn hechos», insiste.

En cualquier caso, como Castellano y Maneiro, s cree que de aquel incendio de Doana, de cmo se abord su restauracin, se pueden extraer lecciones tiles que se pueden aplicar, con matices, para abordar el da despus de los incendios de este verano.





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