El hombre que se crey dueo de la Polica Nacional
La reciente investigacin judicial al Director Adjunto Operativo (DAO) de la Polica Nacional por presuntos delitos de extrema gravedad no es un episodio aislado. Es la consecuencia lgica de aos de poder absoluto, de ausencia de controles y de una estructura en la que todo pasaba por una sola persona. Durante demasiado tiempo, dentro de la Polica se ha repetido el mismo mensaje: aqu nada se mueve si el DAO no lo ordena.
Hoy algunos intentan dibujarlo como un mando discreto, humilde, trabajador silencioso. La realidad que hemos vivido miles de policas es muy distinta. No era una hormiguita. Era el centro de todo. Un mando con un control frreo sobre cada decisin relevante, con un estilo autoritario y con una capacidad de influencia que iba mucho ms all de lo razonable en una institucin del Estado.
Tras la sentencia del procs en octubre de 2019, en la llamada operacin caro, casi 300 policas nacionales resultaron heridos. Tres compaeros quedaron con lesiones de tal gravedad que tuvieron que ser jubilados. Aquello no fue un accidente inevitable. Fue el resultado de decisiones operativas que dependan de este DAO. Falta de medios suficientes, relevos inadecuados, ausencia de determinados vehculos antidisturbios que podan haber reducido el riesgo.
En aquellos das, nuestros compaeros se enfrentaron a una violencia extrema mientras la direccin del operativo, con el DAO al mando, tomaba decisiones que hoy siguen sin explicarse. Cuando se habla de responsabilidades, no se puede mirar hacia abajo. La cadena de mando tiene un vrtice, y ese vrtice tena nombre y apellidos.
Mientras tanto, hemos asistido a una progresiva cesin de competencias en Catalua sin una defensa firme de la Polica Nacional. Se ha hablado de transferencias en materia de inmigracin, competencia exclusiva del Estado, y est sobre la mesa la posible cesin de la Jefatura Superior de Va Laietana, smbolo histrico de la presencia del Cuerpo en Barcelona.
Dnde estaba la voz del mximo responsable operativo defendiendo nuestras competencias? El silencio tambin es una forma de decisin. Y cuando quien controla la estructura operativa no alza la voz ante decisiones que afectan al futuro del Cuerpo, est avalando con su inaccin lo que ocurre.
Durante la pandemia, la Polica Nacional sostuvo el estado de alarma en la calle. Pero dentro, la gestin fue catica. Faltaron equipos de proteccin en los primeros momentos crticos. Se transmiti pblicamente que todo estaba bajo control mientras los agentes denunciaban carencias reales. Y cuando el responsable de Prevencin de Riesgos Laborales pidi mascarillas y medidas adecuadas, fue apartado.
El DAO formaba parte del ncleo de poder que diriga el Cuerpo. Nada relevante ocurra al margen de su conocimiento. Si alguien pretende ahora desvincularle de aquella gestin, est intentando reescribir la historia reciente de la Polica.
Ao tras ao, las medallas pensionadas se concedan bajo una estructura jerrquica donde la influencia de la cpula era determinante. Mientras miles de policas arriesgaban su integridad en la calle, el reparto de reconocimientos slo buscaba premiar y engordar la jubilacin de los altos cargos cercanos al DAO.
El DAO concentr un poder desmedido durante aos. Se convirti en una figura casi intocable. Dentro del Cuerpo muchos lo describan como “Dios”. No porque fuera invisible o humilde, sino porque todo pasaba por l. Controlaba destinos, estructuras, decisiones estratgicas. Quien diga ahora que era un mando discreto desconoce, o finge desconocer, cmo funcionaba realmente la cpula operativa.
En la gestin de la DANA vimos nuevamente decisiones difciles de comprender. Policas dispuestos a desplazarse para ayudar encontraron trabas. Y mientras miles de agentes siguen esperando una jubilacin digna equiparada a la de otras policas, el Gobierno introdujo en un Real Decreto de ayudas urgentes una modificacin legal para prolongar la vida laboral del propio DAO.
Tal era su peso que se modific la norma para que pudiera seguir. Esa prrroga no es un detalle administrativo: es la prueba de hasta qu punto su figura era estratgica para el poder poltico. Mientras a los policas de base se les niega la jubilacin anticipada, se blindaba al mximo mando operativo.
El nombre del DAO ha aparecido vinculado mediticamente a episodios tan graves como el conocido caso Tito Berni, que ya supuso un golpe reputacional para las instituciones, el escndalo de Delcy en Barajas o los dispositivos de Ferraz. Ms all de las posibles responsabilidades judiciales concretas, lo que resulta innegable es que la acumulacin de escndalos bajo la misma direccin ha erosionado la imagen pblica del Cuerpo… y ahora, la investigacin por presunta agresin sexual.
La Polica Nacional no es un despacho en Madrid. Son 70.000 hombres y mujeres que se juegan la vida. Son los compaeros que casi mueren en Barcelona. Son los que trabajaron sin mascarillas. Son los que ven cmo se cuestionan competencias histricas. Son los que observan cmo se suspenden decisiones operativas o incluso competiciones internacionales por criterios polticos mientras ellos dan la cara.
Cuando la cpula acta como si la institucin fuera su cortijo, el dao no lo sufre quien est arriba. Lo sufre el agente que patrulla un barrio complicado y tiene que responder ante un ciudadano que ya no distingue entre el sacrificio del polica y los errores de sus jefes.
Hoy no hablamos de una persona concreta. Hablamos de un modelo de poder concentrado, opaco y sin contrapesos. Y ese modelo ha fracasado. Si queremos preservar la credibilidad de la Polica Nacional, hace falta algo ms que comunicados tibios y defensas interesadas. Hace falta asumir responsabilidades.
Porque cuando alguien se comporta como si fuera imprescindible, termina creyndose dueo de lo que nunca le perteneci: una institucin que es de todos los espaoles.
*Aarn Rivero es secretario general de Jupol, el sindicato mayoritario de Polica.

