El ala dura del PP contra ‘los pocholos’: así explotó la primera gran crisis del Gobierno de Ayuso | Noticias de Madrid



Isabel Díaz Ayuso vive su mayor crisis interna desde que es presidenta a cuenta de la colisión entre dos facciones dentro de su Gobierno que durante algo más de dos años habían convivido en paz. El choque venía anticipándose desde hace tiempo, pero nadie lo imaginaba de esta magnitud. Los pocholos, unos jóvenes preparados pero con poca experiencia, llamados así con ironía en los pasillos por sus pintas de niños pijos, estaban hasta ahora al mando de Educación, una de las consejerías más importantes de Madrid. Seguían los consejos de un personaje extravagante, Antonio Castillo Algarra, un dramaturgo y gurú que asesoraba a Ayuso sobre colegios y universidades. Los veteranos han convencido esta semana a la presidenta de que era un error y que debía devolver esta cuota clave de poder al ala más dura del PP.

La crisis comenzó a fraguarse el lunes. Cuando ya era de noche en Madrid, el Gobierno anunció por sorpresa la destitución del consejero de Educación, Emilio Viciana. Hacía tiempo que Ayuso estaba descontenta con él. Viciana le había prometido que a principios de este año sacaría adelante la ley de educación superior (Lesuc), pero los rectores de las universidades públicas no tenían la más mínima intención de apoyarla después de leer el borrador. Para Ayuso, este tema era central en su mandato. Su fracaso la irritó tanto que no vio otra salida que fulminar a Viciana, al que se le acumulaban unos cuantos desencuentros con el núcleo duro del Gobierno. En las siguientes horas, las destituciones y las renuncias en el entorno de Viciana se sucedieron en cascada.

El primero en anunciar que se iba y que renunciaba a su acta de diputado fue Pablo Posse, portavoz de Educación del PP en la Asamblea de Madrid. Se le unieron, de forma sorprendente, otras dos diputadas: Mónica Lavín, portavoz de Asuntos Sociales, y Carlota Pasarón, portavoz de Juventud. Las renuncias, dadas a conocer por EL PAÍS, se produjeron mientras la presidenta hablaba en un evento sobre la digitalización de la salud. En Sol, a esas horas, nadie les había advertido de nada. Las alarmas se encendieron: resulta muy poco común que tres diputados de una misma bancada abandonen sus actas de forma intempestiva antes de acabar una legislatura. Al mismo tiempo, Posse dio a conocer que el director general de Universidades, Nicolás Casas, y la de Secundaria, María Luz Rodríguez Lera, también decían adiós. La herida era de una profundidad inesperada.

Viciana ha sido relevado por Mercedes Zarzalejo, la viceconsejera, un halcón del Partido Popular más ayusista que la propia Ayuso. En su día, la presidenta le encargó investigar a fondo a la esposa de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, por el supuesto trato de favor recibido en su relación laboral con la Universidad Complutense (UCM). Zarzalejo se encomendó a la tarea con entusiasmo. Ahora tiene por delante el trabajo de cambiar todo lo que se había hecho hasta ahora en Educación, empezar de cero su relación con los rectores, una tarea de alto riesgo, y sacar adelante presupuestos sin levantar protestas en los campus. “Mercedes llevaba tiempo viendo lo que pasaba y no estaba contenta. Ella es la que ha dado el golpe en la mesa”, resume una fuente al tanto de lo ocurrido.

El giro supone la derrota del gurú Antonio Castillo Algarra, al que muchos consideraban tan importante a la hora de asesorar a la presidenta como Miguel Ángel Rodríguez, su número 2 de facto. Algarra, como se le conoce, movía los hilos de la cultura en Madrid. Había logrado colocar a gente cercana a él en puestos claves, como el propio consejero, o crear su propio ballet. A la sombra, ejercía su influencia. “Le dijeron a Ayuso que Viciana escuchaba demasiado a Algarra, que se metía en asuntos demasiado delicados para el Gobierno. No era aceptable una intromisión como esa”, añaden las mismas fuentes. Eso, sumado a que los resultados no eran buenos, terminó de enterrar a los pocholos, todos ellos apadrinados por Algarra. Al menos cuatro de los que han salido han trabajado en una de sus empresas, For the fun of it, y Casas, hasta ahora director de Universidades, ha actuado tocando el sacabuche en una de sus producciones musicales.

Los pocholos también han ido a chocar con una de las mujeres más fuertes del Gobierno y persona de máxima confianza de Ayuso, Rocío Alberto López Ibor. La consejera de Hacienda, la que maneja las cuentas de todo el Gobierno, no mantenía una buena relación con Viciana, de acuerdo a tres fuentes consultadas. López-Ibor frustró un acuerdo sobre horas lectivas entre el consejero de Educación y los sindicatos y después dudó de sus formas en el caso FP, la presunta comisión de un delito de prevaricación administrativa en obras de centros educativos públicos de la Comunidad de Madrid acometidas entre 2021 y 2023.

En esos años, López-Ibor estaba precisamente en Educación como viceconsejera. Sospecha de la celeridad con la que Viciana trasladó a la Fiscalía de Madrid, en julio de 2024, el segundo caso de una obra millonaria que, en lugar de sacarse a concurso, se fraccionó y se pagó irregularmente con numerosas facturas menores de 40.000 euros (el límite que pone la ley para no licitar). Los problemas se superpusieron unos a otros y enfrentaron a los jóvenes con los veteranos. Los pocholos son los que han salido por la puerta.



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