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Desconcierto y enfados en el primer da de los cortes por el soterramiento de la A-5: “Encima nos hacis pagar dos veces!”


Actualizado

Haciendo cola a menos 4 grados, una veintena de mostoleos esperaba antes de que el reloj marcara las 8 de la maana a que llegara el autobs interurbano 523 en una de las estaciones de la avenida Carlos V, que an luca en su letrero Mstoles – Madrid (Prncipe Pio). “Va slo hasta Cuatro Vientos”, explicaba el conductor de este vehculo verde a un viajero despistado, que no saba que desde este mircoles, por el soterramiento de la A-5, se ha restringido el trfico de este transporte, antes de agregar a otros usuarios que ya haba “bastante lo en la carretera”.

Tras 25 minutos haciendo paradas por el propio municipio, donde en todas ellas se suban ciudadanos que iban a trabajar a la capital, el autobs alcanz una A-5 que luca despejada.

“No est tan mal”, sonrea un pasajero. Pero era un espejismo. A los dos kilmetros, a la altura de la avenida de Atenas, comenzaban los primeros frenazos. Y un poco ms adelante, el trfico denso. Por entonces Google Maps marcaba una retencin de ms de 10 minutos.

“Suelo ir en coche por comodidad, pero como no saba cmo iban a ponerse las carreteras he preferido viajar en autobs. Aunque tarde ms puedo ir leyendo”, deca Gerardo paciente, novela en mano, agregando: “A ver ahora en Cuatro Vientos si no hay mucho mogolln”.

Tras llegar a esta estacin, donde confluan decenas de autobuses cuyo origen eran distintos municipios del sur de la regin, a algunos les pill de nuevas la noticia. “Acaba aqu?”, se preguntaba un usuario, que era ayudado por otra mujer: “Ahora al Metro…”. Las muecas hablaban por ellos.

La estacin de Cuatro Vientos protagonizaba un incesante goteo de ciudadanos y era testigo de algunos enfados. “Encima nos hacis pagar dos veces! Primero el autobs y ahora el Metro. Ya podais poner una lanzadera gratuita a Prncipe Po“, recriminaba una mujer, visiblemente airada, a uno de los trabajadores del suburbano, que le replicaba: “Son dos transportes diferentes, hay que pagar”.

A escasos metros, otra mujer reprenda a otro operario que por qu se dejaban pasar a coches por la A-5, muchos con un nico pasajero, y no a los autobuses. “No sera al contrario? Es lo ms lgico, no s…”, se cuestionaba. “Yo soy trabajador de aqu, no responsable poltico”, le sonrea el empleado.

El despliegue de personas que ayudaban a guiar e informar a los afectados era notable, algo que minimiz los contratiempos. Aun as, muchas personas salan desconcertadas del Metro buscando las paradas de vuelta a ciudades como Mstoles, que estaban dispuestas al otro lado de la A-5.

“Nos habamos acostumbrado a lo bueno y ahora nos tocan dos aos as”, sonrea Carmen, que aceptaba tener que coger “dos medios de transporte” para llegar a su trabajo: “Ya no es por el pagar, es el tiempo que perdemos. Por qu a poca gente creo que le valgan los servicios especiales que han puesto”.

Se refera a las dos lneas que tienen como destino Aluche y Batn, que salen desde el lado contrario de donde est la gasolinera. Pese a ello, la normalidad poco a poco fue ganando terreno en este enclave. “Muchos han dejado el coche en el Soto o en Alcorcn y han optado por el transporte pblico. Adems, se han reforzado la frecuencia de los trenes”, remarcaba otro operario de Metro.





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