Del desgaste del PSOE al de la Constitucin
Espaa asiste a dos procesos. El primero de ellos es el desgaste del Gobierno y del PSOE, salpicados por una sucesin aparentemente inagotable de escndalos. Las polmicas, adems, parecen repetir un mismo patrn. Como ocurri con Jos Luis balos y Santos Cerdn, el caso Salazar implica a un estrecho colaborador del presidente del, poniendo en entredicho el criterio y la credibilidad del propio Pedro Snchez. Nuevamente, adems, se ha podido comprobar el abismo que media entre la teora y la praxis del feminismo socialista.
Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurri con los casos anteriores, esta vez se ha manifestado un notable malestar dentro del propio PSOE, y no solo entre los crticos habituales. Es muy posible que estas seales de vida interna solo destaquen por contraste con el pramo de los aos anteriores. Y uno puede sorprenderse ante el hecho de que este caso haya provocado tanta indignacin interna cuando no lo hicieron otras decisiones polmicas -la amnista, sin ir ms lejos-. Quin iba a imaginar que unos dirigentes que se atrevan a entregar una amnista a cambio de una investidura tambin seran capaces de obviar un par de denuncias por acoso sexual.
Sea como sea, la respuesta al caso Salazar es la expresin de descontento interno ms notable que se ha producido en muchos aos en ese partido. Y aunque esto puede deberse a las particularidades de esta polmica, o a una cuestin puramente acumulativa -alguna gota tena que colmar el vaso-, la crisis coincide con un claro agotamiento del proyecto sanchista. Sin mayora en el Congreso y con un horizonte judicial muy complejo, el final de la escapada que ha sido esta legislatura parece bastante ms cercano. La consecuencia de todo ello queda recogida en la encuesta que publica hoy este diario: la coalicin gubernamental no levanta cabeza mientras que la oposicin ya ronda los doscientos escaos.
El deterioro del sanchismo es muy poco edificante, pero tambin resulta natural en una democracia. Los gobiernos, qu se le va a hacer, se encanallan, se corrompen, se agotan; la oposicin va capitalizando el rechazo social hasta que alcanza el poder, y as el ciclo puede comenzar otra vez. El problema es que, en la Espaa de hoy, este proceso coincide con otro: el deterioro de nuestras instituciones y la quiebra gradual de nuestra cultura poltica. Nuevamente podemos remitirnos a una encuesta publicada en este diario. El sbado, el panel de Sigma Dos mostraba que el 52% de los espaoles considera que la Constitucin del 78 ya no es vlida y que el 79% aboga por su reforma.
Este proceso ya no implica solamente a Snchez y a sus aliados. Llama la atencin la actitud de los votantes de Vox, que se suman en su mayora a la idea que la Carta Magna ya no sirve. Claro que los cambios que desean estos votantes son diametralmente distintos de los que piden quienes apoyan la coalicin sanchista. Se vislumbra as el callejn sin salida al que se dirige nuestro sistema: una insatisfaccin creciente con la Constitucin y una incompatibilidad tambin creciente entre los distintos proyectos de reforma. Pero tambin aqu vale la pena volver sobre el presente y el futuro del PSOE. Porque nada menos que un 60% de votantes socialistas considera, a da de hoy, que la Constitucin ya no es vlida. La pregunta es inevitable: si esto es lo que piensan cuando su partido est en el Gobierno, qu pensarn cuando pase a la oposicin?


