Cuando la verdad es higiene democrtica
Theodore Roosevelt llam, despectivamente, muckrakers (escarbadores de basura) a los primeros periodistas de investigacin. El apodo, concebido como un insulto, termin bautizando toda una tradicin de denuncia poltica rigurosa. Y aunque existe una inercia romntica que lleva a pensar que la democracia trajo consigo el periodismo de investigacin como un complemento esttico, la realidad es ms cruda: la democracia no incorpor la investigacin por gusto, sino por supervivencia.
La sociedad libre exige vigilancia independiente, no porque la prensa quiera ser invasiva, sino porque el poder tiende a buscar la comodidad. Y cada vez que el poder se siente demasiado cmodo, la corrupcin deja de ser una anomala para convertirse en sistema. Es entonces cuando la investigacin aparece como un mecanismo de higiene democrtica.
Hoy Espaa atraviesa uno de esos momentos cclicos. Las revelaciones que equipos como el de EL MUNDO estn poniendo sobre la mesa suenan a reminiscencias de los momentos finales del «felipismo». Sin necesidad de posicionarnos ideolgicamente, el clima elctrico es similar: la poltica se blinda, la credibilidad institucional se deshace y el ciudadano percibe ms ruido que soluciones. En este escenario, la investigacin reaparece como el nico motor fiable de regeneracin.
Si los ministros de Felipe Gonzlez desayunaban los lunes con miedo, era porque Antonio Rubio y Manolo Cerdn condicionaban la vida poltica de la semana; y los jueves remataban Intervi o Tiempo. Hoy, aquella generacin ha dado paso a otra que, en papel o digital, provoca terremotos virales en Twitter y cadenas de WhatsApp. El canal cambia, pero la certeza del ciudadano es la misma: la investigacin independiente es el medio ms eficaz para mantener a raya a los polticos y vigilar que nuestro dinero se destine a lo presupuestado.
Por eso la celebracin, el pasado viernes, de un desayuno organizado por la Sociedad CLAVE -lobby de detectives privados- se convirti en una radiografa del momento. All coincidieron cuatro periodistas de referencia (Esteban Urreiztieta, Jos Mara Olmo, Daniel Montero y Beatriz Parera) junto a investigadores privados, magistrados y policas. La presencia de estos ltimos entre el pblico carg el ambiente de un simbolismo paradigmtico: quienes juzgan e investigan desde el Estado acudan a escuchar a quienes investigan desde fuera del Estado. Se produjo un dilogo tcito entre los distintos pilares de la verdad pblica, reconociendo que, cuando los cauces oficiales se obstruyen, la transparencia depende de la prensa y la sociedad civil.
La voz ms contundente fue la de Esteban Urreiztieta, subdirector de EL MUNDO, cuyo anlisis son a advertencia. Explic que el ecosistema actual -saturado de titulares instantneos y polmicas de 24 horas- ha daado la capacidad del oficio. «Vivimos en una locura absoluta en la que estamos expuestos, cada vez ms, al riesgo de cometer errores», sentenci. Pero en medio de esa vorgine dej una frase que debera ser un mantra: «La informacin buena tiene vida propia».
Esa afirmacin recupera la filosofa de aquellos primeros muckrakers. La verdad no necesita ruido ni clickbait. Necesita lo que Urreiztieta defini como «coccin lenta». En un pas donde el poder manufactura ruido para tapar hechos, la verificacin meticulosa es la nica regeneracin posible.
Aqu entra el otro actor de la alianza: el detective privado. Si el periodista investiga para contar, el detective investiga para probar. En tiempos de deepfakes e Inteligencia Artificial, esta diferencia es una garanta democrtica. En el encuentro de la Sociedad Clave se dijo tajantemente: «Si decimos que alguien entra en un sitio, tenemos que tener una foto. Si no, no lo vamos a decir». El detective no insina; demuestra. Esa cultura de la evidencia convierte al investigador privado en notario de la realidad fsica.
La urgencia de esta «democracia de la prueba» qued patente cuando Jos Mara Olmo relat cmo, tras publicar informaciones veraces, se enfrent a la acusacin de que haban sido generadas por IA. «No saba cmo demostrar que algo que es cierto es cierto», confes. Cuando la verdad deja de ser evidente por s misma, ya no basta con contarla; hay que blindarla tcnicamente.
Daniel Montero cerr el crculo con una reflexin crtica sobre el mercado. «Es muy importante contar las cosas mejor que los dems, porque contarlas ms rpido cada vez se percibe menos», asegur. La velocidad se ha devaluado; la profundidad es el nuevo valor refugio. Sin embargo, Montero alert sobre el problema subsidiario: la mercantilizacin de la noticia. «Cuando vendes informacin, quieres que luzca mejor que la de al lado; ese es el gran problema actual, donde se inflan muchsimos temas solo para buscar un hueco en el mercado».
Lo que vimos en ese desayuno no fue una alianza formal entre detectives y periodistas, sino un reconocimiento mutuo. Ambos colectivos construyen los cimientos sobre los que luego operan los jueces. El periodista ilumina, el detective recoge la prueba y el sistema judicial acta. Beatriz Parera defendi este mbito comn, recordando que la colaboracin se extiende a jueces y policas. Montero lo secund: «Aprend a valorar el trabajo que muy poca gente conoce de los detectives, ese trabajo soterrado ayudando en algunas investigaciones».
La conclusin es clara: la regeneracin democrtica no nace en los discursos ni en los pactos de Estado, sino en los hechos. En los datos fros. En las historias reconstruidas a contracorriente. Porque la investigacin periodstica y privada no son lujos, son respiracin asistida cuando el poder se relaja tanto que parece que el corazn se pare. Mientras existan periodistas como Urreiztieta, Montero, Olmo o Parera que recuerden que la verdad no admite atajos, y detectives que solo afirmen lo que pueden probar, habr democracia que regenerar.
Como bien record Olmo, «a veces, dar una informacin demasiado buena te trae problemas». Pero en tiempos de opacidad, esos problemas son el precio exacto de la libertad.
Francisco Marco, doctor en Derecho e investigador privado, es dueo de Mtodo 3.

