Cuando la realidad supera la comunicacin
Ha reconocido errores. Este fue, durante algn tiempo, uno de los argumentos que emple el PP para defender -tibiamente, todo sea dicho- a Mazn. Quienes sostenan aquello no parecan comprender que, en vez de exonerar al ex presidente valenciano, estaban terminando de hundirlo. Porque, en una catstrofe en la que hay muertos, un responsable poltico solo puede permanecer en su cargo si est claro que no cometi un solo error. E incluso entonces se plantea un debate sobre si se les debe igualmente a las vctimas alguna asuncin de responsabilidades, lo que por fuerza pasara por ceses o renuncias.
La norma parece fcil de entender: cuando hay muertos, las reglas cambian. A mayor gravedad, mayor exigencia de responsabilidades. Pero esto que resulta tan sencillo de explicar se estrella con uno de los principales rasgos de la poltica actual: tratar toda adversidad como un problema de comunicacin. Esto es, actuar como si las consecuencias polticas de cualquier crisis se pudieran capear siempre que se identifique la estrategia comunicativa adecuada, siempre que se transmitan los mensajes correctos. El verdadero problema del ha reconocido errores no era que fuese un mensaje equivocado, sino que justamente sonaba a mensaje en un contexto que exiga algo radicalmente distinto.
Ahora, esta misma conclusin se puede aplicar a la reaccin gubernamental al accidente de Adamuz. Puente ha desarrollado desde el inicio una notable hiperactividad meditica; Snchez ya lo ha alabado por estar dando la cara. En paralelo, muchos mensajes en redes sociales -sinceros y espontneos, qu duda cabe- han celebrado la capacidad de comunicacin del ministro y su disposicin a responder preguntas de periodistas. Jugaban a su favor los precedentes de opacidad gubernamental: Moncloa parece un nio que lleva tanto tiempo sacando ceros en los exmenes que todo el mundo corre a felicitarle cuando saca un cuatro.
Sin embargo, la insistencia en la estrategia comunicativa de Puente nos desliza de nuevo hacia la idea de que ese es el nico mbito en el que se debe juzgar a un poltico. Y aqu es donde el Gobierno no parece comprender el estado de nimo del pas. Ya no es solo que Puente haya incurrido en desmentidos e imprecisiones -inocentes?- que luego ha debido corregir. Tampoco es solo que cueste olvidar el perfil agresivo y polarizador que el ministro viene cultivando desde hace dos aos, y que casa tan mal con la imagen de gestor fiable que se desea proyectar ahora. Es que hay que habitar una burbuja muy notable para creer que los ciudadanos valoran ms la comunicacin durante una tragedia que la gestin anterior a dicha tragedia; sobre todo cuando es esa gestin -y no solo la de Puente, sino la del ministerio de Transportes en general durante la etapa sanchista- la que est siendo cuestionada. El presidente alarde en su mitin del domingo de que su Gobierno ha reaccionado al accidente poniendo a las vctimas en el centro de sus prioridades. No parece entender lo que esto realmente implica.


