Aterrizars el Falcon con el sudor de tu frente
Suean los presidentes con citaciones judiciales? Puede el consumo de ansiolticos producir sudoracin excesiva? Acaso le ha abandonado la esteticin? Tiene que haber una explicacin psquica, farmacolgica o dermoesttica para que la frente de Pedro en las sesiones de control semeje el escenario de una dana. El sanchismo es una jeta de granito licundose ante nuestros ojos. Baado en sudor, pero aguantando el tipo mientras sus colegas de Peugeot se declaran la guerra en el Supremo, el presidente ms acorralado de Europa compone un tierno homenaje involuntario al piloto de Aterriza como puedas.
Ante l se despliega indescifrable el panel de control, lleno de botones que parpadean, y el comandante va pulsndolos sucesivamente o todos a la vez en la esperanza de que alguno estabilice la nave y se dibuje al fin con nitidez la pista electoral. «Aborto». «Franco«. «Ayuso«. «Cambio climtico»? Este no funciona. «Genocidio»? Este se ha fundido. El botn «Trump» mejor no tocarlo esta semana. «Aborto, aborto». «Vox-Ayuso-Franco-Aborto». Tezanos! Ayuda, copn!
Enternecen los esfuerzos de Pedro y sus pedrettes por convencernos de que el espaol es el Gobierno ms estable y honesto del continente. Hubo un tiempo en que de las tareas de persuasin progresista se encargaba gente como Javier Pradera: ahora se encarga gente como Sarah Santaolalla. La nica duda es si la dramtica decadencia cognitiva de la izquierda espaola -tampoco es que la derecha est para acumular medallas Fields- encuentra un correlato fiel en el electorado, cosa que no es descartable: fuera de los claustros docentes poco se habla del silencioso holocausto de la inteligencia global de la especie, del cual las sesiones de control de nuestro Parlamento solo son un modesto eptome local.
A fuerza de tocar botones frenticamente nuestro comandante incurre en lapsus cmicos, como cuando critic a Abascal por «oponerse a la violencia de gnero». Un reconocimiento feminista que a Vox no puede gustarle, porque su doctrina reza que la violencia no tiene gnero. Ah peligr la pinza, pero enseguida Bolaos intent recomponerla asimilando la poltica migratoria del PP a la de Vox.
Por cierto, algn da habr que explicar el cudruple vnculo causal que existe entre los buenos datos macroeconmicos, el aumento de la mano de obra barata venida del extranjero, el estancamiento de la renta per cpita del espaolito medio porque la tarta a repartir no aumenta tan rpido como la poblacin a alimentar (dos millones ms en el ltimo lustro) y el consiguiente incremento de la xenofobia y el radicalismo poltico. Basta reparar en esta secuencia para explicar los sondeos (fiables) de hoy y anticipar el futuro que ya ha llegado a nuestros vecinos europeos.
Con balos ante el juez, Koldo al da siguiente, Santos maniobrando contra balos y Trump amenazando con aranceles, Feijo se relaj en el intercambio de golpes. Debe de entender que la realidad ya hace el trabajo de demolicin por l. Y puede que sea cierto, pero la oposicin que uno deja de trabajarse la cobra otro. Ya s que ser un ao irrespirable, s. Qu le vamos a hacer. Pero es Pedro quien ha elegido el terreno y las armas. Habr que apurar el combate hasta el final.
Gabriel Rufin se postula como constitucionalista, y as nos va. Ya que andamos distrados con el (inviable, innecesario y contraproducente) blindaje constitucional del aborto, el jurisconsulto de Santa Coloma propuso extender ese blindaje a la vivienda. Ya advirti hace aos Trevijano de que incluir los derechos llamados sociales en cualquier constitucin siempre ser un acto de propaganda poltica sin carcter vinculante. La izquierda, que por su origen utpico padece una tara antijurdica -igual que la derecha naci privada de habilidades narrativas-, no comprende que constitucionalizar el acceso a la vivienda en una economa de mercado solo aadira desafeccin democrtica a la frustracin inmobiliaria. Porque los pisos seguiran siendo de sus dueos, y el resultado social de la reforma no ser la instauracin de un mgico derecho general a la vivienda sino el desencantamiento definitivo de la Constitucin.
Por lo dems, los sanchistas menos santaolallos coincidirn discretamente en que su Pedro no solo suda ms sino que miente peor. La patraa ya no la dispensa empaquetada con un mnimo de cuidado, incorporando algunas gotitas de verdad para volverla ms digestiva. El presidente de la hiperhidrosis cutnea ahora despacha unas trolas grasientas como chistorras. Lo de que l no felicita a nadie por la concesin del Nobel (y nos salta media docena de tuits probando lo contrario). Lo de normalizar el cobro de sobres en el PSOE (y nos salta un vdeo suyo en la SER lamentando hace dos aos la falta de ejemplaridad del PP por pagar en metlico). Quiz por eso suda tanto. Despus de tantos aos sofocando el brote de la verdad bajo esa piel de cuero, las glndulas sudorparas se le estn rebelando.
Un da jurar en sede parlamentaria que l nunca se ha llamado Pedro Snchez. Y en ese instante se diluir hasta convertirse en un charco de agua, sal y desfachatez.


