Marcelo, el ‘influencer’ de una residencia de mayores de Colmenar Viejo, retrata en redes la “comida de maltrato” que reciben | Noticias de Madrid


Marcelo G. fuma. Lo hace de manera constante y compulsiva, hasta el punto de no saber cuántos cigarrillos consume al día. Dice que así se quita el estrés. El tabaco y el café fue lo único que lo hizo aguantar casi un mes sin comer en la residencia de Colmenar Viejo, donde vive a sus 68 años. La mayoría de sus salidas del edificio son para comprar las cajetillas y los encuentros con sus compañeros suelen ocurrir en la terraza. Allí, Marcelo se encuentra con Carlos, un residente de 71 años, y mientras enciende el enésimo de la mañana recuerda que es miércoles, el mejor día de la semana, porque sirven cocido. “Es lo único medianamente comestible del menú”, dice Marcelo. Pero Carlos le recuerda que hay que bajar la pastilla de Avecrem darle sabor al “caldo turbio” que les sirven.

A través de la cuenta de una amiga en la red social X, Marcelo da cuenta del menú diario en la residencia: una lasaña de carne medio quemada, una coliflor solo hervida, ocho trozos pequeños de bienmesabe o una pera podrida son algunos de los platos que ha publicado en las últimas semanas. Marcelo pidió el traslado hace cuatro años a este centro público gestionado por la Comunidad de Madrid, un amplio edificio de seis plantas en el que viven 316 residentes y 51 ucranios con discapacidades intelectuales y problemas de salud mental a los que el Gobierno regional acoge desde 2022 bajo el estatus de refugiados de la guerra. A pesar de la gran cantidad de usuarios, a veces el comedor se queda medio vacío porque todo el que puede prefiere ahorrarse el disgusto. Algunos como Carlos optan por el táper que le acerca la familia, otros sacan algo de la máquina, y un tercer grupo se ve obligado a comer fuera.

Es un día gris de invierno y en Colmenar hay dos grados menos que en Madrid. El megáfono se activa con un pitido y una voz lejana anuncia que los residentes ya se pueden apuntar para participar en la fiesta de Carnaval que organiza el centro. Marcelo apura las últimas caladas, apaga la colilla y sube a su habitación en la sexta planta para buscar el cartel que se pega a la espalda cada día que baja a comer. “Esta comida es maltrato”, se lee.

Los problemas con la comida son tales que Marcelo completó hace unas semanas 25 días de huelga de hambre. Viendo que ni siquiera una medida de presión tan drástica servía para que mejorara nada, no tuvo más remedio que volver a comer. Sin embargo, desde la Consejería de Asuntos Sociales aseguran que los usuarios de la residencia pública de Colmenar Viejo están correctamente atendidos. “No hay ninguna incidencia con la comida”, afirman.

El servicio de alimentación del centro está actualmente en manos de la empresa privada Frutícolas Ateca SL, una de las empresas que multó la Comisión Nacional de Mercados de Comercio (CNMC) en 2024 por hacer cártel para repartirse el suministro de víveres a diferente comedores públicos de todo el país. También ha sido una de las que la inspección interna de la Comunidad de Madrid requirió en 2022 por servir comida escasa, podrida, sin etiquetar, o con fecha de caducidad cercana, según información recabada por la diputada del PSOE madrileño, Lorena Morales. Sin embargo, señala Morales, la empresa no recibió ninguna penalidad. En esos informes queda reflejado que la residencia de Colmenar Viejo arrastra problemas con la comida, al menos, desde aquellas fechas. Por aquel entonces era la empresa Plataforma Femar, conocida como “la reina del moho”, envió alimentos como sandías y melones en mal estado, cajas de huevos con mal olor y moscas, y piñas totalmente negras. Que tengan nueva adjudicataria nada ha cambiado.

Según el contrato, la Comunidad de Madrid paga a Frutícolas Ateca 6,98 euros al día por residente para que provean un menú completo en el desayuno, la comida, la merienda y la cena. “Con ese dinero, ¿qué comida pueden dar?”, se pregunta Marcelo. Las cuentas no le salen, sobre todo teniendo en cuenta que la empresa adjudicataria debe obtener beneficios de esa cantidad.

Una residencia sin personal

Pero los problemas de la residencia de Colmenar Viejo no acaban en la comida. Caminando por los pasillos del edificio se pueden leer carteles con reivindicaciones o quejas de los trabajadores. Una de las principales tiene que ver con la actualización de las funciones y competencias de los técnicos auxiliares de enfermería, dado que el trabajo real que llevan a cabo y las responsabilidades que asumen están muy por encima de su categoría.

A la falta de reconocimiento profesional se une la falta de personal. La residencia de Colmenar, una de las más grandes de la región, arrastra problemas de falta de efectivos desde hace algún tiempo, según comentan los residentes, pero todo ha ido a peor desde hace uno o dos años: “Teníamos cuatro trabajadoras sociales y ahora solo quedan dos. La terapeuta también se fue”, recuerda Marcelo. Por el camino, los servicios de pago, como la peluquería y la podología, se han ido encareciendo debido a la gran demanda y la falta de personal, mientras que la cafetería permanece cerrada desde la pandemia porque ninguna empresa quiere hacerse cargo.

Los trabajadores de la residencia, explican los residentes, se han ido a medida que las condiciones han ido empeorando. Y eso que el año pasado la Comunidad de Madrid abrió el proceso de estabilización de funcionarios interinos. Pero este ha sido “un verdadero caos”, dice Juan Caballero, representante de CC OO en el centro. “Este tipo de procesos implica movimientos de plantilla que muchas veces terminan con plazas vacantes durante un tiempo, pero como han hecho todo de golpe, los trabajadores y los administrativos están sufriendo un atropello”, explica el representante sindical, que afirma que hay días en que trabaja apenas la mitad de los empleados que deberían.

Por notarse, la falta de personal se nota incluso en la incapacidad de los trabajadores de acompañar a los usuarios a sus citas médicas. En la segunda planta, son los propios profesionales los que piden en las cartulinas de distintos colores que los que se les ha negado traslado médico denuncien la situación ante el consejo de residentes para poder proteger sus derechos. Desde la Comunidad de Madrid no valoran esta queja y se limitan a explicar que el personal de la residencia solo acompaña a los usuarios cuando se trata de usuarios no autónomos.

Aunque la Comunidad de Madrid insiste en que las ratios están correctas, Juan Carlos Hernán, representante de Residencias de la Comarca Norte del sindicato UGT, asegura que la realidad es muy diferente. “Si se cumplen las ratios, ¿Cómo es que no tenemos días de descanso porque hay que cubrir las carencias de personal?”, reclama. ”Es por las malas condiciones; nadie quiere aceptar un contrato en una residencia”.

Ante la avalancha de críticas, el defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, envió este mes de enero un requerimiento de información a la Comunidad de Madrid por las condiciones en las que funcionan cinco de sus residencias públicas, entre ellas la de Colmenar Viejo. Gabilondo ha pedido explicaciones por la falta de personal, la higiene, la vigilancia de la salud o la administración correcta de medicación. También por la escasez de productos básicos, una alimentación inadecuada, deficiencias en las instalaciones y mal mantenimiento de las mismas, limpieza deficiente de habitaciones y zonas comunes, así como insuficiencia o falta de actividades para los residentes. Y a ello le sumó una llamada de atención a la Administración regional por no responder a los reclamos y por la falta de inspecciones. Su carta, recientemente, ha obtenido respuesta y se encuentran analizándola, informa un portavoz del defensor a este diario. Las quejas de los residentes, por ahora, no.



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