González Amador y Quirón: la intrahistoria de la estrecha relación de la pareja de Ayuso con el gigante de la sanidad privada | Noticias de Madrid
Están separados por unos 20 metros. Alberto González Amador se sienta muy cerca del despacho de Fernando Camino Maculet, en la tercera planta del edificio de oficinas donde Quirónprevención tiene su sede, en la calle Agustín de Betancourt de Madrid, por la zona de Nuevos Ministerios. Tan cerca como la carrera de ambos, ligada desde hace una quincena de años, cuando Amador era un treintañero consultor de calidad en normas ISO (los sellos con reconocimiento internacional que buscan las organizaciones para mejorar su reputación) que había trabajado antes en la librería de El Corte Inglés en la Castellana, y Camino, casi 10 años mayor, acababa de ascender a la cima de la firma de reconocimientos médicos Sociedad de Prevención Fraternidad Muprespa, conocida coloquialmente como La Frater.
Los dos hicieron buenas migas. Tenían una biografía con similitudes. Ambos eran hijos de militares y habían nacido en las ciudades autónomas: Amador, en Ceuta; Camino, en Melilla. Pronto comenzaron a hacer negocios que se prolongan hasta hoy, cuando la justicia investiga un caso que se ha convertido en un punto débil para la pareja de Amador, la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y para el grupo Quirónsalud, la empresa donde Camino es un hombre poderoso, el presidente y director general de Quirónprevención, la división dedicada a prevención de riesgos laborales, que supone un 10% del negocio. Se sienta con otros seis directivos en el consejo de dirección de Quirónsalud, liderado por el poderoso CEO Víctor Madera, al que se llegó a tildar en la prensa conservadora, allá por 2014, de “ministro de Sanidad en la sombra”.
Camino se convirtió en personaje de interés en marzo de 2024, cuando los madrileños descubrieron que la pareja de Díaz Ayuso, que había sido presentado a la opinión pública como un técnico sanitario, era un empresario estrechamente relacionado con Quirón. En su historial aparecía una y otra vez el nombre de Camino, pero en todo este tiempo no se ha contado con detalle cómo se gestó esa asociación. Este reportaje está basado en una quincena de entrevistas a su entorno profesional a lo largo de casi dos años y en el análisis de un sumario con cientos de documentos.
Un juez madrileño espera ahora el informe de los expertos en delincuencia económica de la Guardia Civil, quienes examinan si Amador sobornó presuntamente a Camino con un pago de 500.000 euros, como sospecha la Fiscalía. La investigación se ha sumado al problema anterior de la pareja de Ayuso, su caso de un presunto fraude fiscal de 350.910 euros, que aguarda fecha de juicio. (Amador no ha respondido a las peticiones de entrevista de este periódico).
Vidas cruzadas
Cuando las vidas de ambos se cruzaron, Amador (Ceuta, 1976) llevaba un tiempo trabajando como auditor de certificados ISO. Comenzó auditando las clínicas de La Frater porque la empresa necesitaba uno de estos sellos para presentarse a una licitación. Según fuentes de la compañía, se quejaba a menudo de que le costaba llegar a fin de mes.
Pronto, Camino (Melilla, 1967), al frente de La Frater, empezó a darle otros encargos, como viajar a Latinoamérica en busca de clientes o dar cursos de formación. Según una fuente que conoce a ambos, “Fernando vio un filón en Alberto porque descubrió que era un conseguidor”.
Amador era colaborador externo. Como empleado de la certificadora de calidad Applus+, formó en Madrid a un equipo de seis trabajadores de La Frater conocido como “el grupo de LatAm” para educar en prevención de riesgos laborales a las empresas de Latinoamérica, donde apenas existía cultura de la seguridad y las muertes en minas o fábricas eran una lacra.
En Latinoamérica, Amador se movía por los círculos de inversores españoles, donde entabló amistad con el cómico Edmundo “Bigote” Arrocet, quien, además de su conocida tarea como artista, asesoraba a empresas interesadas en las oportunidades de la región. “Alberto viajaba a Latinoamérica mucho”, recuerda ahora Arrocet. “Iba a Panamá, Perú, Chile, Argentina…”. Cuenta que en aquella región “era revolucionaria” esa idea de protección laboral que ofrecía Amador. “Lo puse en contacto con amigos míos que me lo agradecieron”, añade.
Arrocet, de 77 años, afirma que lleva más de una década sin verse con Amador, pero recuerda que se trataron durante años, antes y después de 2014, momento señalado para el artista porque empezó su relación con la famosa presentadora de televisión María Teresa Campos, a quien Amador conoció porque comió con ellos “dos o tres veces”.
Los dos amigos vestían parecido. “Alberto”, añade Arrocet, “se ponía chaquetas de colores como yo, de tweed, [un tejido de lana escocés]. Me acuerdo que una vez me lo crucé por [la calle de] Serrano y él llevaba una chaqueta marrón con rayitas verdes y le dije ‘¡Me encanta!’”. La amistad cuajó, dice, porque “Alberto es muy caballero, simpático e inteligente y no le tenía miedo a nada. Son pocos los que se atreven a irse fuera”, dice este humorista argentino-chileno que triunfó en la televisión española.
Los negocios de Camino y Amador no se limitaban a La Frater. En 2013, el primero creó una sociedad en Panamá, Insumos Médicos del Pacífico S.A., en la que el segundo participó como secretario y director. Sobre esta empresa disuelta en 2022 no se ha conocido mucho más que unos escuetos datos del registro panameño.
Camino tenía su despacho de La Frater en Paseo de La Habana 136, cerca del estadio del Real Madrid, donde la compañía alquiló un palco durante años. Mantenía una relación con Gloria Carrasco, conocida farmacéutica leonesa. Su carrera en La Frater había comenzado a principios de los noventa, cuando cambió los viajes en alta mar en petroleros del grupo naviero del conocido empresario Fernando Fernández Tapias por un trabajo en León como comercial en esa mutua de accidentes laborales. Sobresalió rápidamente al contratar como asociadas a importantes empresas del entorno leonés. Pasó por Buenos Aires, Huelva y Málaga.
Durante ese periplo, en 2005, se produjo un cambio legal que obligó a las mutuas, gestoras de fondos de la Seguridad Social y sin ánimo de lucro, a separarse jurídicamente de su brazo comercial, el ámbito de los reconocimientos médicos. De ese modo había nacido la Sociedad de Prevención de la Fraternidad Muprespa, donde Camino quedó encuadrado.
En 2010, él ya estaba en Madrid al frente de esa compañía, dirigiendo una plantilla de 1.000 empleados (sanitarios y técnicos de prevención) que hacían reconocimientos médicos y otros controles de seguridad a 35.000 empresas, entre ellas gigantes como Telefónica, Repsol, Iberia, Mediaset, el Real Madrid, bancos o ministerios. En su despacho recibía a directivos de grandes compañías y personalidades célebres, como Paolo Vasile, Alfredo Di Stefano, Bartolomé Beltrán o el propio Bigote Arrocet.
Camino era un hombre callado, rodeado de una camarilla muy leal, según trabajadores que convivieron con él en aquella sede. Era, dicen, tan “intimidante” que lo decía todo con una mirada. “Podía haber jaleo en la oficina y de repente todo el mundo se callaba y no sabías por qué. Girabas la cabeza y veías que él había entrado”, recuerda una persona que pide anonimato para contar estos detalles.
Él había crecido profesionalmente, pero no eran buenos tiempos para el negocio debido a la crisis económica en España. Una de sus primeras medidas fue un ERE que afectó a una treintena de empleados y fue acompañado de una salida incentivada de varias decenas más. Él decía que eran decisiones imprescindibles para “salvar” la empresa. En enero de 2014 visitó el plató del doctor Beltrán en Antena 3, donde se quejó de que “lamentablemente, como casi toda España”, su compañía había sido golpeada por la recesión, pero “gracias a una serie de empresas, de las pocas que hay que mantienen un nivel adecuado de trabajo, podemos aguantar medianamente”.
Madera de “ministro”
En aquel momento de aprietos apareció el llamado “ministro de sanidad en la sombra”, Víctor Madera, del grupo hospitalario Quirón. En diciembre de 2014, Madera compró la sociedad de prevención que dirigía Camino. Fue parte de una rápida serie de adquisiciones de empresas similares (Premap, Unipresalud, MC Prevención), que supuso un desembolso estimado en unos 100 millones de euros y que sorprendió a sus rivales en el mercado privado sanitario por ser una incursión en una actividad ajena.
Cuando le preguntaban, Madera respondía que era una oportunidad de negocio única porque podría usar los datos de esos millones de trabajadores para ofrecerles los servicios de Quirón, según dos fuentes directivas del sector hospitalario privado. “Estuvo listo ahí, la verdad”, afirma un alto cargo de una empresa rival que pide anonimato para hablar con franqueza. “La mejor forma de fidelizar pacientes es con la prevención”. La compra de esas cuatro empresas fue facilitada por la Ley de Mutuas de 2014, que obligó a las mutuas de accidentes a desprenderse de sus empresas de prevención.
Aquel proceso de fusión desató una “guerra” entre los directivos de las cuatro compañías engullidas por Madera, según múltiples fuentes que vivieron aquella tensa etapa. Había cuatro directores generales y solo podía quedar uno. “Fernando [Camino] estaba inquieto porque quería conservar el poder”, dice una persona que lo trató. Partía en desventaja porque Premap era, con diferencia, la mayor de las compañías absorbidas, con más de 2.000 empleados. Sin embargo, Camino ganó aquel pulso probablemente porque le apoyó Madera, coinciden tres fuentes de la empresa que resultó de la fusión. “Madera y Camino tenían archipactado que él iba a ser director general”, intuye uno de los que vio muy de cerca esa pugna. Así, Camino se convirtió en director general y vicepresidente de la compañía resultante, rebautizada en 2017 como Quirónprevención, con 5.300 empleados a sus órdenes.
Su guardia de corps en La Frater conquistó la cúpula. “Laminaron al resto para no tener gente incómoda”, dice una fuente que procedía de otra mutua. Bajaron de categoría a los directivos de las empresas perdedoras y, tras esa degradación, con su correspondiente bajada salarial, se marcharon. Otros fueron directamente despedidos. En teoría, el presidente de Quirónprevención era Joaquín Revuelta, que venía de Premap, pero era un puesto honorífico, sin presencia en el comité de dirección de Quirónsalud ni cercanía al poderoso Madera. Revuelta, quien ha declinado hacer declaraciones, acabaría abandonando la compañía años más tarde, en 2020.
Amador, la pareja de Ayuso desde al menos 2021, también fue uno de los ganadores de aquella “guerra”. Al tiempo que Camino aseguraba su puesto, creó su propia empresa de certificados de calidad, Maxwell Cremona Ingeniería y Procesos Sociedad para el Fomento del Medio Ambiente SL, el 20 de junio de 2016. El 5 de septiembre del año siguiente, firmó con Quirónprevención un contrato marco hasta final de 2018 por valor de 212.280 euros (sin IVA) para hacerle consultoría sobre los sellos de calidad basado en normas ISO y otros, como el otorgado por la Comunidad, Madrid Excelente. Amador renovó al año siguiente este acuerdo y lo amplió, incluyendo consultoría por la situación de los sellos de las decenas de hospitales de Quirón.
Casi todos los ingresos de Maxwell Cremona provenían de Quirón, al menos hasta 2021, último año del que se conoce con detalle su actividad, gracias al expediente de Hacienda que trascendió al judicializarse su presunto fraude fiscal. Amador no tenía asalariados y contrataba puntualmente a una serie de consultores externos.
En 2021, año en que se hizo pública su relación con Ayuso, Amador facturó algo más de un millón de euros a Quirón y pagó a sus ocho auditores 92.592,45 euros. Esta fuerte disparidad entre los ingresos y el pago a sus trabajadores ha llamado la atención del fiscal durante la instrucción. A la vez que Amador mejoró sus finanzas, la Comunidad de Madrid comenzó ese año a desatascar el pago a Quirón de su multimillonaria deuda por prestar servicio a la sanidad pública madrileña. En 2024 la cuantía pendiente había caído a menos de la mitad, 455 millones de euros.
El presunto soborno
Amador estaba tan dedicado a Quirón que Camino le permitió identificarse como un jefe de la compañía con correo de Quirónprevención. Unas veces se presentaba como director internacional y otras como director de proyectos. En 2023, dos años después de iniciar su noviazgo con Ayuso, la empresa le cambió su nombre en la intranet por el de Alberto Burnet González, según desveló elDiario.es ¿El motivo declarado? “El extraordinario volumen de correos recibidos tras hacerse pública su relación”.

Algunos empleados lo veían reunido con Camino y se hacían preguntas. “Nunca entendí muy bien a qué se dedicaba Alberto [González Amador]”, dice un extrabajador, que antes de que estallara en marzo de 2024 el escándalo por la investigación judicial se preguntaba si era cierto lo que decían los medios de comunicación sobre el novio de Ayuso. “Tenía un alto nivel para ser solo un técnico de prevención”, rememora por WhatsApp. “Un Porsche como coche 🤔”.
El origen de la pieza judicial por un presunto soborno empresarial se remonta a esta etapa, cuando Camino ya se había afianzado a los mandos de Quirónprevención. Como había pasado en los años de La Frater, Amador y Camino habían seguido haciendo negocios por otras vías. Poco después de estallar la pandemia de coronavirus, en 2020, Amador intermedió en una venta de mascarillas por 40 millones de euros de la empresa catalana ubicada en China FCS a la gallega Mape Asesores, donde Camino era un consejero externo. Por una gestión veloz, Amador se embolsó una comisión de casi dos millones de euros. El responsable de FCS, Felipe Recio, lo describió a EL PAÍS así: “Nos presentó a Mape [la empresa sanitaria gallega] y desapareció”.
La Fiscalía cree que, para devolver el favor a Camino por esos dos millones de euros, Amador le pagó en diciembre de aquel año una comisión encubierta de 500.000 euros camuflada en la compra de una empresa de estética sin valor, propiedad de la esposa farmacéutica de Camino, Carrasco. La empresa se llamaba Círculo de Belleza SL y había sido creada en 2008. Ni siquiera tenía un local propio. Compartía sede con la farmacia de la que era titular Carrasco, una pequeña botica en el pueblo leonés de La Pola de Gordón, de 2.833 habitantes. Círculo de Belleza apenas había contado en sus orígenes con un par de equipos de depilación láser, otro de remodelación corporal y un portátil. Todas esas viejas máquinas tenían valor contable cero.
Amador ha defendido en sede judicial que el valor de Círculo residía en su red de contactos con otras farmacias (Carrasco fue presidenta del colegio de farmacéuticos de León y secretaria del Consejo de Colegios del ramo en Castilla y León). Ante la jueza dijo el pasado abril que pretendía iniciar un proyecto llamado “covid seguro” en esos establecimientos. Sin embargo, Amador le cambió el nombre a la empresa por el de Masterman & Whitaker SL y comenzó a usarla para la misma actividad de consultoría de calidad para Quirón que hacía con Maxwell.
La operación estaba destinada a pasar bajo el radar, pero lo cambió todo la investigación a Amador, que se inició por un presunto fraude fiscal. En junio de 2024, las acusaciones populares de PSOE y Más Madrid alertaron a la jueza de que los hechos destapados por Hacienda podían incluir otros delitos. Les llamó la atención el pago de 500.000 euros y consideraron que podía suponer corrupción en los negocios (un soborno empresarial). La jueza aceptó abrir una pieza separada por este motivo y por administración desleal, otro delito que consiste en el manejo dañino de una empresa por sus propios responsables. Amador y la pareja farmacéutica de Camino están imputados.
El caso es seguido atentamente por Fresenius, los dueños alemanes del grupo Quirónsalud. El código de la empresa prohíbe a sus directivos hacer negocios personales con los proveedores, pero, a pesar de esto, Camino sigue al frente. La compañía no informa de su salario, pero sí de que los directivos ganan de media 235.000 euros. Por medio de un portavoz de Quirón, él ha declinado ser entrevistado.

Fuentes internas dudan de que la cobertura del caso en los medios haya afectado de algún modo a Quirónprevención. De hecho, la facturación sigue subiendo. En 2024, año en que estalló el escándalo, la empresa ingresó un 8% más, alcanzando los 432 millones de euros. La firma se presenta como la “líder” de su sector y su plantilla ha superado los 7.000 empleados.
Pero el liderazgo de Camino es cada vez más invisible. La web de Quirónprevención no muestra el clásico organigrama con fotos de la cúpula directiva y él apenas aparece en las noticias corporativas. En la sede de Agustín de Betancourt, los empleados siguen viéndolo caminar silencioso hacia su despacho de la planta tres, donde a menudo se reúne con Amador, lejos de los focos.
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