El BNG, el gran premio electoral imposible para la ‘coctelera’ de Rufin y Daz
El paisaje de la izquierda se est reconfigurando desde sus races autonmicas. Las elecciones de Aragn dejaron una fotografa incmoda para las grandes siglas estatales, con el batacazo del PSOE y una Chunta que firm su mejor resultado desde 2003. Alzndose como nico frente real ante la derechizacin del tablero, la izquierda ha encontrado en el kilmetro cero su mejor baza y ha dejado claro que, cuando la marca estatal se desgasta, el arraigo territorial gana valor.
De ah que Gabriel Rufin decidiese sacar el megfono para agitar su nueva alianza, con la que pretende plantar cara a PP y Vox de cara a las generales. El problema es que, aunque el portavoz de ERC ha seducido a IU, Movimiento Sumar, Ms Madrid y Comunes, el invento todava no ha calado entre las siglas autonmicas ms fuertes. Su buena salud las hace poco permeables a las gracias del independentismo cataln y las empuja a hacerse una pregunta incmoda: compensa diluirse en una coctelera dirigida desde Madrid cuando la marca regional atraviesa su mejor momento?
Sobre el papel, la unin del nacionalismo gallego sera oro para Rufin. Las elecciones generales de 2015 ya demostraron que concentrar todo el voto a la izquierda del PSOE puede disparar los resultados en una comunidad como Galicia. Las Mareas -la coalicin de izquierdas impulsada por el primer ciclo de Podemos- alcanz entonces los 408.370 votos y seis diputados en el Congreso, convirtindose en segunda fuerza por encima del PSOE y barriendo al BNG, que decidi no integrarse en aquel experimento.
El Bloque pag ese precio inmediato con la prdida de sus escaos en Madrid, pero evit quedar subordinado a una estructura de mbito estatal en un momento de euforia ajena. Resisti en las autonmicas siguientes con seis diputados en el Parlamento gallego y, cuando el proyecto de las Mareas comenz a deshilacharse entre tensiones internas -con Yolanda Daz como uno de los principales rostros de aquella etapa y, a la postre, la nica dirigente que ha logrado sobrevivir polticamente a su descomposicin-, el BNG no tuvo que asumir ese desgaste. Al contrario, fue ocupando ese espacio hasta consolidarse como principal referencia de la oposicin en Galicia y firmar en 2024 su mejor marca histrica, con 467.074 votos y 25 escaos, mientras Sumar y Podemos quedaron fuera de la Cmara gallega.
Ese recorrido es el que altera hoy los incentivos. Para el frente que impulsa Rufin, incorporar al BNG permitira intentar de nuevo una concentracin del voto con potencial para acercarse a aquel techo de seis diputados nacionales. Pero para la formacin que lidera Ana Pontn, que ya vislumbra la posibilidad de ampliar su presencia en el Congreso en solitario, la lgica que ha guiado su crecimiento ha sido justamente la contraria. Mantener sus siglas ha sido ms rentable que diluirse en plataformas diseadas desde fuera.
El propio dirigente de Chunta, Jorge Pueyo, gran beneficiado del vuelco aragons, ya apunt en una entrevista con EL MUNDO que «las regiones en las que no hay partidos as, estn condenadas al olvido» y subray que el BNG, junto a Comproms, es un «buen espejo» en el que mirarse por haber resistido la ola de Podemos sin diluir su identidad. Ah reside el imposible. La tierra quemada que dejaron las Mareas en Galicia y una cultura poltica que ha aprendido que diluirse puede salir caro.
El Bloque sabe que una candidatura conjunta podra inflar el marcador en Madrid y estrechar el margen del PP y Vox, pero ha decidido que su beneficio est en otra casilla. Puede compartir papeleta con Bildu o ERC en las europeas, incluso en coaliciones que despiertan ms polmica por su perfil soberanista, porque el marco y el coste son distintos. En las generales, en cambio, blinda sus siglas con celo. Controla listas, discurso y estrategia porque entiende que su marca, sin intermediarios, es ms rentable que cualquier frente plurinacional.


