Gallardo o la guardia pretoriana de Snchez: la teora del hombrito
Un hombrito interrumpi, en el punto ms lgido de su discurso, a Pedro Snchez. El presidente del Gobierno era un chamn este domingo en las catacumbas de un complejo cultural de Cceres. Haba encerrado a la militancia en un saln de actos sin ventanas para no sufrir la confluencia de la realidad ni siquiera con la luz del sol. La envejecida y charfica masa de simpatizantes participaba de un ejercicio de adhesin irracional al lder y sus contradicciones. La danza Zul acab por provocar un cortocircuito en uno de esos hombritos que defenderan a Pedro Snchez aunque disparara contra una multitud en la Gran Va. «20 aos ms!», seal exaltadsimo al presidente y lo repiti como un mantra mientras a su alrededor la gente aplauda sus espasmos sanchistas.
Al enfebrecido tuvieron que calmarlo. El adelantado de Ferraz no se tom muy bien el intento de magnicidio. En siete aos, el muidor de presuntos corruptos lanzado a la regeneracin, dolo feminista con amigos txicos y mesas de minoras, ha ido disolvindose hasta el punto de no poder disfrutar, a pesar de su carisma, de la cercana de los que ha nombrado como elegidos para acompaarlo los domingos en estos mtines de pega, sin el nervio de la calle: fue eyectado por un pelotn de seguratas sin que los pocos simpatizantes movilizados -solo haba un autobs- pudieran hacerse unas fotos. Como para no mirar preocupado a quien le desea otros 20 aos en Moncloa.
El presidente desgastado va sostenido por los hombritos. Es la clase de tipo a la que pertenece Miguel ngel Gallardo, el primer candidato imputado que participa en una campaa electoral como si no lo investigara un juez por trfico de influencias en el presunto enchufe del hermano listo, David Azagra. Gallardo no puede disimular el pnico que le provoca esta situacin. Y como buen ejemplar de hombrito, representante de la guardia pretoriana de Snchez repartida por las comunidades, grit mucho. Pareca estar hacindose una maniobra de reanimacin por la cantidad de golpes en el pecho que se daba.
La teora del hombrito es una explicacin a la resurreccin de Snchez en el PSOE. Fue aupado por los tipos como Gallardo, que antes de Snchez formaban parte del extrarradio del partido y que vieron la oportunidad de agarrarse, como rmoras, a los hombros del guapo para tener, por fin, una oportunidad. Ahora Gallardo est en problemas y Snchez trata de hacerle un favor al aparecer a su lado, pero el binomio certifica la tendencia. La cada de los hombritos alrededor de Snchez anticipa el final de este viaje que empez con una leccin de regeneracin poltica al Gobierno de Rajoy y puede culminar hasta con la investigacin de Zapatero, el diseador del sanchismo. En una semana es probable que Gallardo sea solo otro socialista imputado.
Al final de la peor semana de Snchez, con la UCO marchando sobre el Gobierno y otro reguero de denuncias a los machirulos que guardaba el cascarn violeta de las cuatro letras, Rafael Fontana, un militante de Cceres, no haba llegado con buen nimo. «Ha sido duro. Vena con intencin combatiente, de resistencia. Y el mensaje de Snchez me ha servido. Que Gallardo est imputado y sea candidato me parece mal, pero los tiempos de la justicia son tambin polticos. No te puedes fiar. A ver qu pasa».
Cuando Gallardo tom la palabra, ya haba compartido algunas confidencias con Snchez. Los dos juntaban sus cabezas en primera fila, la nica con una edad media razonable. Habl a la juventud dirigindose a una muestra de jubilados y funcionarios, que es una seal elocuente de la vigencia de lo que all se deca. No hay oyentes ms conservadores en todo el panorama demoscpico. El paisaje desde el ltimo escaln era poco ilusionante, como si hubieran sido trasladados los visitantes en una mquina del tiempo. Gallardo tuvo su gran momento al bromear con la imagen de Abascal a caballo. En el aplausmetro compiti con la contestacin de Snchez al presidente de la Conferencia Episcopal: los abuelos queran los grandes xitos, o sea, Iglesia y fachas, en vez de las canciones nuevas, como los puteros.
Una seora no quiso hablar con este peridico por considerarlo «carne» y «demonio». Y un seor puso cara de disgusto al escuchar el apellido de Gallardo. Otro, el ms joven en 45 asientos a la redonda, celebr la duracin de poco ms de una hora de la concentracin. La palabra mitin se queda larga a esta performance sobre el secuestro de un partido por un lder bunkerizado en un edificio pblico de Cceres al lado del hombrito a quien parece haber hipotecado a cambio de protagonismo.
Gallardo fue marchitndose y al acabar de hablar tuvo que mirar el mvil para paliar la soledad. Segua encima del escenario. La nica vez que Snchez tuvo problemas de diccin fue al pronunciar la palabra corrupcin con l en frente. La poltica est en este punto: es una competicin de logopedas. Apenas quedaban aplausos cuando abord, sin pensar en Gallardo, la dificultad de ser socialista.
Snchez llam «lugar de recogimiento» a un centro cvico con rgano y en ese uso fraudulento del lenguaje est el sntoma y la causa de todo lo que pasa: nadie tiene ni idea.


