Seuelo 43 | Espaa


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Los datos de la encuesta de ayer sobre la Constitucin son inquietantes. Slo los votantes del PP se sienten mayoritariamente representados por ella. Hace ms de una dcada, Podemos pugn por resignificar la democracia. Junto con los separatistas, blandi la consigna “La democracia est por encima de la ley”. Convencieron: Iglesias y sus cortesanos progresaron con su filfa y los separatistas se granjearon con Snchez la prerrogativa de repetir impunes su desafo.

En pleno estado de confusin global sobre su sentido, todos somos o parecemos demcratas aunque consideramos que cada vez hay ms que no lo son. Iglesias, que cabalga el suculento dragn de Xi Jinping, sostiene, a lo Pern, que la democracia se mide en “kilmetros de ferrocarril”. Iglesias es promotor y difusor de contenidos del canal del Partido Comunista Chino en espaol, que se hace eco de una aeja encuesta que concreta que el 98% de los chinos est “satisfecho” con la democracia en el pas. La IA comunista DeepSeek dice que “China es un pas socialista con un sistema poltico nico, el de asambleas populares. Bajo el liderazgo del PCCh, el pueblo es el dueo del pas”.

La disputa por la democracia se ha trasladado a la Constitucin. Se alza peligrosamente en torno a ella un impreciso “No nos representa”. Snchez ya cogi el tufo hace tiempo y se dispone a la rapia. En el fondo, el encaje de su minoritaria mayora supone una resignificacin y vapuleo del consenso: empua un nuevo ‘consenso’ constitucional de carcter plurinacional que deja fuera a los viejos constitucionalistas. Acabar llamndolos “inmovilistas”. La primera manifestacin de esa crecida fue la mocin de censura y luego su inmediata entente con Bildu.

Snchez sabe tambin que sectores de Vox emprenden la reaccin y solicitan a su vez un nuevo pacto entre el Rey y las Cortes, representativas del pueblo. Snchez espera su momento -entre tanto, distrae con lo de la salud para bizcochar la discusin sobre la reforma de la Constitucin, que pronto tendr alagartados partidarios- para convencernos de que una supuesta crisis de vivienda, representacin o territorial muestran en realidad una crisis constitucional.

Esto ya lo vivimos; y por lo mismo ha pasado reciente y esperpnticamente Chile. El eslogan destituyente extendido tras su estallido social fue “No son 30 pesos sino 30 aos”, en referencia a la reforma de la Constitucin que de facto derog la carta de Pinochet. Snchez se instal ayer en el futuro y en su ardid cuando se refiri a los populares como “herederos de la dictadura”. Antes de que coja vuelo el soniquete de la reforma y lo entonemos chisposos hemos de plantearnos una pregunta: qu avance social ha impedido la Constitucin de 1978?; y un par cuestiones de fondo: por un lado, con Snchez en el PSOE -y ya veremos si despus- cualquier propuesta de reforma desembocara irreparablemente en un debate sobre la monarqua y la unidad de Espaa; por otro, somos deudores de una generacin que decidi por encima de todo que los espaoles, reconciliados, conviviramos en paz, y ese propsito nacional trasciende el artculo 43 que cimbra, sinuoso, Snchez.





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