Ahora s, celebremos | Espaa


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Ahora s tenemos algo que celebrar. No era motivo de orgullo conmemorar que un dictador espaol muriese en su cama, tan solo rendido ante la enfermedad. En cambio, s lo es recordar que hoy hace 50 aos se empezaron a poner los cimientos del mayor periodo de paz, libertad y prosperidad de la historia de Espaa.

Un anlisis justo de aquella poca empieza por reconocer que el fin del franquismo carece de cualquier pice de heroicidad, pero con la misma intensidad se puede afirmar que la transicin a la democracia, iniciada inmediatamente despus, s fue una proeza. Fruto, adems, del esfuerzo de muchos en distintos momentos. Celebrarlo es, por ello, pertinente, necesario y reconfortante. Ahora s.

Mientras en otras naciones la democracia llega por el triunfo de un bando sobre el otro, en la nuestra arranca con el empuje de todos. Sin muros. Ah se encuentra la razn de que no naciese de un da para otro y tambin la dificultad de encontrar una efemride inapelable. Eso s, bajo mi punto de vista, la primera -ni muchos menos la nica- es hoy, 22 de noviembre, fecha en la que hace 50 aos Don Juan Carlos de Borbn, figura clave en la Transicin, es proclamado Rey de Espaa.

Invito a todos los espaoles a recordar cada hito ocurrido entre un da como hoy hasta tres aos despus, el 6 de diciembre de 1978, en que se aprob nuestra Constitucin. Y propongo hacerlo con el espritu de reconciliacin que marc aquel trienio.

Soy consciente de que habr quien quiera extender a esta conmemoracin la actitud divisiva que hoy marca casi cualquier debate poltico. Ya se intent hace un ao, con el anuncio de distintos fastos alrededor del 20-N. Por suerte, la mayora de espaoles sabe que Franco sigue muerto y no tiene ningn anhelo de revivirlo.

Ante ese afn revanchista, el primer partido de Espaa seguir mantenindose al margen. Adems, resulta cuanto menos sarcstico que sean otras fuerzas reidas con la libertad individual y el parlamentarismo quienes pretendan que seamos nosotros los que demostremos nuestro compromiso con la democracia. El PP no tiene miedo a llamar dictador a los dictadores. Muertos o vivos.

Bajo mi punto de vista, hubo tres grandes artfices de la Transicin. En el da de hoy, cabe empezar por la Monarqua, cuyo empuje a favor de la democracia fue determinante. La institucin ejerci de puente entre el pasado que queramos cerrar y el nuevo marco de libertades que ansibamos. Don Juan Carlos recibe un poder autocrtico y entrega un poder democrtico, un ejemplo casi nico en el mundo y sorprendente en estos das en los que muchos dirigentes siguen exactamente el camino contrario.

En segundo lugar, la Transicin la protagoniz el pueblo en su conjunto, que decidi perdonarse y entender que unidos era la nica forma de avanzar. Y es esa decisin colectiva, esa trama de afectos que siempre estuvo en pie y que en la actualidad se ve agrietada, lo que convierte a la Transicin en una obra institucional y humana a la altura de muy pocas en la poltica universal.

En tercer lugar, cabe destacar el mrito de la clase poltica, capaz de encauzar al pas hacia la democracia y sortear todos los obstculos con astucia, magnificencia y bondad. Pese a que el terrorismo y las fuerzas de la ruptura intentaron boicotearlo todo, no se dejaron arrastrar y supieron estar a la altura de un momento decisivo.

De los tres protagonistas de la Transicin, la realidad es que el pueblo sigue siendo ejemplar y que la Corona -hoy representada en la figura del Rey Don Felipe– sigue siendo garante de nuestra convivencia democrtica. Si acaso, es el tercer elemento -el de la clase poltica- donde se encontrara el principal obstculo para imaginarnos capaces de impulsar de nuevo una obra semejante.

Sin embargo, esto no debe traducirse en que todos abandonemos aquel espritu. Al revs, debera servirnos de inspiracin para afrontar los retos que tenemos por delante, entre ellos, dos que considero especialmente relevantes en el da de hoy.

Uno es la mejora de nuestra calidad democrtica. El desprecio al mandato de las Cortes Generales, la colonizacin de las instituciones y el ataque al Poder Judicial e incluso a la libertad de prensa ponen en evidencia que los valores democrticos esenciales estn daados. Por momentos pareciera que, ms que una crtica al legado de Franco, se le estuviera haciendo un homenaje.

El segundo gran reto es restaurar ante muchos jvenes el prestigio de la democracia, ya que debera preocuparnos que la falta de expectativas de una parte de la poblacin se traduzca en una enmienda a la totalidad del sistema. Estoy convencido de que si descreen del actual modelo no es porque cuestionen su fundamento democrtico, sino porque sufren las consecuencias de un Gobierno incapaz de dar respuesta a sus demandas. Generaciones anteriores tuvieron unas oportunidades de las que ellos carecen: un hogar, una familia, un trabajo estable y suficiente para prosperar.

Como presidente del primer partido de Espaa, me hago cargo de su precariedad vital y emocional. Sin duda, este 50 aniversario es un buen momento para comprometerse con ellos en el importante desafo de volver a hermanar a una nacin en una meta compartida.

Comprobarn que la democracia es imperfecta, pero tambin insuperable.

Ahora s, celebremos.





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