Aznar: «Derogar el sanchismo no es practicarlo en sentido inverso, sino llevarle la contraria y abandonar la polarizacin»


ANATOMA DEL SANCHISMO

Empeados en gobernar tras ser derrotados en las elecciones de 2023, los socialistas son los promotores de una legislatura caracterizada por la parlisis legislativa y presupuestaria. No poda ser de otro modo, cuando se vincula la estabilidad poltica al fuego cruzado de compromisos de investidura cuasiclandestinos, que regalan una posicin dirimente a minoras hostiles a la nacin, que por lo mismo, son incapaces de albergar una mnima idea de bien comn espaol.

El rumbo poltico de Espaa en el periodo 2018-2023 no fue decidido por los espaoles; cada viraje gubernamental se produca en contra de lo anunciado, porque el verdadero poder en la sombra, el secesionismo, decida iniciativas legislativas para garantizarse impunidad, condicionaba presupuestos y deformaba cdigos. En julio de 2023 los espaoles no votaron la continuidad de todo eso. Los ciudadanos eligieron, como primera fuerza, al PP, que precisamente denunciaba esos excesos. Y, a distancia, votaron a un PSOE que no llev en su programa electoral -ni mencion en campaa- una sola de las cuestiones que luego, desde el poder, han copado su agenda: amnista, nueva ronda de concesiones a los secesionistas… Un frankenstein ampliado, como mayora gobernante, va desmontando el Estado y diluyendo la nacin.

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Mientras la gobernabilidad en Espaa sea cuestin de ir saciando la voracidad de los socios del Gobierno, se podrn girar cheques a cuenta de terceros: los contribuyentes, los territorios de color popular o, directamente, a cuenta de la dignidad nacional. El tinglado quedar comprometido cuando se pongan en juego los vetos cruzados entre socios. Por eso se anuncia, sin ningn rubor, el propsito de gobernar una democracia parlamentaria de espaldas al Parlamento.

El sanchismo es una expresin abrumadoramente sectaria de confusin total entre partido, Gobierno y Estado. La degradacin institucional a que ha dado lugar se agudiza, adems, con una prctica corrosiva hecha costumbre. Desde 2018 se prorrogan presupuestos como si tal cosa, y contra el mandato constitucional, porque ni siquiera se presenta un proyecto a las Cmaras. Snchez empez prorrogando unas cuentas populares pocos meses despus de haber denunciado esa prctica como propia de ejecutivos inermes. Luego, los intereses electorales de ERC y Junts han dejado sin presupuestos al Estado durante aos. No parece importar, mientras no se le deje a Snchez sin el BOE.

La contaminacin populista

Arbitrariedad tras arbitrariedad, el Gobierno va completando una obra demoledora en provecho propio y de sus socios. Las urgencias de un Ejecutivo en manos de enemigos del Estado han propiciado una interpretacin aberrante del juego democrtico. De pura raigambre populista, esta lectura de la democracia prescinde de cautelas liberales, rganos contramayoritarios y garantas constitucionales para proclamar el derecho irrestricto de la mitad ms uno a imponer su criterio como manifestacin soberana de voluntad popular.

La posicin de la Sala Segunda del Tribunal Supremo en la aplicacin de la amnista y la actitud de operadores jurdicos y asociaciones profesionales delatan, por contraste, el servilismo de las instituciones que el sanchismo ha logrado colonizar. La bochornosa situacin en que se encuentra el fiscal general del Estado no tiene precedentes.

El acuerdo con Junts como remate de las negociaciones para la investidura de Pedro Snchez alumbr una legislatura que ha estado desde el principio en las manos de Puigdemont; basta recordar los trminos de su ltimo prrafo: La estabilidad de la legislatura, sujeta a los avances y cumplimiento de los acuerdos…. El PSOE ha querido hacer de un prfugo de la justicia, de un sedicioso y un malversador, el dueo de la estabilidad poltica del Estado.

La desafeccin ciudadana, la degeneracin institucional, la polarizacin inducida deben ser atajadas. Alguien que concibe gobernar como durar o resistir no necesita ms programa y horizonte que una sucesin de prrrogas obtenidas a costa del capital poltico y financiero de la nacin, convertida en mercanca intercambiable.

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Hace tiempo que resulta evidente la intencin de deconstruir el sistema constitucional alumbrado en 1978, minando su legitimidad y recuperando el discurso de la ruptura para caracterizar la democracia espaola como algo incompleto, si no fraudulento. Una tesis de circulacin casi clandestina durante la Transicin se ha abierto paso hasta el Consejo de Ministros, desde donde tambin se oyen discursos antisistema contra la Corona y el Poder Judicial. Discursos que no se quedan en palabras: se han escrito con fuerza legal, desprotegiendo penalmente la Constitucin, al derogarse la sedicin y promulgarse una amnista para los golpistas de 2017. No es ninguna hiprbole. Si alzarse desde el poder autonmico contra la Constitucin, el estatuto, las sentencias de los tribunales y el reglamento parlamentario no merece reproche penal y ni siquiera es delito, ser porque no existe ya bien jurdico que proteger: en la operacin de la amnista, el orden constitucional da conjunto vaco.

Romper el muro, apuntalar el recinto

El inmenso lo en que se ha metido al pas solo poda organizarse excluyendo por principio al Partido Popular. El precio de esa exclusin siempre ser alto. Obliga no solo a hacer concesiones a un nacionalismo ya francamente rupturista, sino a asumir como propias sus pretensiones. La alternativa al PP era y es un programa sostenido mediante el aislamiento permanente de media Espaa. Ese es el muro al que Snchez aludi en su discurso de investidura.

Frente a todo ello, lo que el pas reclama con urgencia es dar continuidad al mejor logro de los espaoles; fortalecer lo que nos une y a Espaa como proyecto nacional de xito. Tarea que incumbe, protagnicamente, al Partido Popular en tanto que nica alternativa viable. Alternativa de gobierno, no alternativa de sistema. Porque la democracia espaola, que tiene su origen en la Transicin, queda fuera del juego electoral; est antes y por encima, hacindolo posible. Por eso sostengo que los que cuestionan el pacto de 1978 no significan una alternativa real, sino la cancelacin de toda alternativa.

Es urgente hacer reconocible un proyecto nacional. El Partido Popular acertar al asumir la defensa del inters general de todos los espaoles. El proyecto que presente para suscitar su adhesin ha de elaborarse sobre los valores fundamentales que comparten y reclaman: la unidad, la soberana nacional, la igualdad, el respeto riguroso por los principios de la democracia y sus derechos y libertades, la defensa de la legalidad… Es decir, todo aquello que forja el consenso bsico de la sociedad espaola, la base sobre la que se asienta nuestra convivencia.

El PP es el partido que mejor puede hacerlo, porque -as lo creo- es el que mejor representa el valor de la moderacin poltica, rectamente entendida. En ese sentido, a derecha y a izquierda del PP, dentro y fuera de la rbita de adhesin a los valores constitucionales, hay formaciones que albergan expectativas de reforma parcial, reforma total o de voladura ms o menos controlada; para todas ellas, la Constitucin es un men a la carta y, para algunas, un aperitivo. Solo el PP expresa y sostiene una adhesin ntegra al texto constitucional, a la Constitucin entera. Porque defiende simultneamente los tres principios que identifican y hacen reconocible el ncleo de la Constitucin Espaola. Sostiene con nfasis igual el principio de unidad, el de autonoma y el de solidaridad.

Eso hace que las maniobras que buscan su exclusin alejen el sistema de partidos del centro de gravedad constitucional que es su punto de equilibrio. Es un partido autonmico, por implantacin; pero tambin es un partido autonomista, por conviccin. La misma conviccin con que defiende su idea de Espaa, que es, ni ms ni menos, la constitucional. La Constitucin es un edificio que nos alberga a todos. Como todo edificio, sus paredes y tabiquera interior lo configuran, hacindolo ser lo que es. Puede reformarse, pero reformar una casa no es lo mismo que cambiar de domicilio despus de vandalizarlo.

CONCORDIA SIN ACUERDO

Construir una alternativa slida en torno al Partido Popular y otorgarle un mandato claro me parece el camino ms corto para revertir el destrozo al que me vengo refiriendo. Donde se ha estado alimentando la confrontacin entre espaoles, habr que apelar al patriotismo para integrarlos, poniendo en primer plano lo que los une e invitndolos a compartir objetivos autnticamente nacionales.

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No se trata simplemente de reemplazar a este Gobierno. Se trata de derogar la mentira para restaurar la confianza. Derrotar la divisin para recuperar la unidad. Restaar heridas para fortalecer la convivencia nacional. No se trata de hacer lo mismo que el sanchismo, pero al revs; hay que hacer lo contrario del sanchismo. Donde este busca alimentar la confrontacin entre bloques, apelar al sentido nacional.

Para acometer esa obra, de dimensin verdaderamente histrica, creo que el PP debe apelar a todo el mundo; su convocatoria debe ser tan amplia, a derecha e izquierda, como nacional el mandato que recabe de las urnas cuando se d voz a los espaoles.

Pero tambin creo que solo ser posible materializar la alternativa concentrando los sufragios en una sola candidatura, la popular.

Primero, porque no me parece cierta la idea que presenta a Vox como aval en un eventual Gobierno de coalicin. La palabra y los actos propios deben ser suficiente garanta. El PP debe aspirar a gobernar en solitario no porque le amedrenten las diatribas del PSOE. Los socialistas carecen de autoridad moral para denunciar ninguna poltica de pactos tras gobernar en coalicin con el populismo de extrema izquierda y apoyados en una mayora parlamentaria de comunistas, separatistas, golpistas y herederos polticos del terrorismo. Solo caben cordones sanitarios con quienes ponen en peligro la convivencia democrtica, y eso es cosa de terroristas, golpistas y secesionistas insurreccionales. No hay simetra entre Bildu y Vox que valga.

Lo que ocurre es que existen tanto motivos de eficacia electoral como razones polticas de fondo para postular una alternativa concretada en un Gobierno popular sin aadido populista. Las razones de matemtica electoral no hay que ir a buscarlas ms lejos del sistema D’Hont y de una experiencia reciente: la del ao 2023. Las otras, que me parecen las decisivas, tienen que ver con lo apuntado ms arriba: derogar el sanchismo no es practicarlo en sentido inverso, sino llevarle la contraria; es decir, abandonar la lgica de la polarizacin. Y eso solo podr hacerlo un partido con un proyecto y un programa especficamente dirigidos a recabar ese mandato.





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