Daz, perdida en el espacio


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En 2022, Snchez imparti instrucciones a su vicepresidenta y rutilante ministra de Trabajo para que se hiciese con el socavn de la izquierda. Aquella envenenada directriz para neutralizar a Podemos y, a su debido tiempo, anular tambin a la propia lder de la artificiosa creacin, se bautiz con pompa, el «espacio Yolanda Daz». El oficialismo lo llen de luz y color y celebr exageradamente que en torno a Daz se forjaba una coalicin de 16 fuerzas polticas -bsicamente eran tres: IU, Ms Madrid y Comproms-; el resto, partculas de arena. El encargo de Snchez inclua amarrar dentro a Podemos.

Una imagen recoge la sobreactuacin y expectativas de ese tiempo arrolladoramente amanerado. Ella, arrobada, lleva un clavel sujeto de su melena. Rodea con su brazo los hombros de su pareja de chotis. l sonre algo tenso, sus labios estn muy cerca. Es slo un armnico instante en la Pradera de San Isidro, pero Daz y Errejn saborean las mieles de su revancha: ella piensa en Montero; l, en Iglesias. Era en vsperas de la campaa andaluza de 2022.

La semana previa haba sido muy tensa; las negociaciones con Podemos, al lmite. Tanto, que Podemos no lleg a tiempo de registrarse en la coalicin Por Andaluca. Las discrepancias doctrinales son insignificantes en la multitud de facciones de la izquierda -slo Teresa Rodrguez, que ya iba por libre, las expuso-. Todo son reyertas personales y diferencias tcticas; Daz y Errejn decan que eran de tono. Algunos cuadros de IU por fin se sintieron resarcidos de la humillacin a la que les haba sometido Iglesias; asumen que Daz es un bluf, pero es «nuestro bluf». Finalmente, la prueba experimental del artilugio de Snchez se la peg sonoramente en Andaluca.

En la factora de creacin de contenidos de La Moncloa se encendieron algunas alarmas. Dieron con la tecla para el 23-J: Snchez se situ a la izquierda de Daz y atrajo votantes de Podemos y separatistas. La estrella de Daz declinaba cuando deba alzarse. Snchez ha reprogramado el protagonismo de Podemos y exhibe su distancia con Daz. Sumar no existe. Lo sabemos al menos desde que se public otra instantnea que revela intenciones, inercias y enajenaciones de la izquierda. Fue durante la calamitosa campaa de las gallegas de 2024. Daz, agachada, buscaba concienzudamente pellets en las playas. Errejn permaneca de pie, riguroso, severo. Haca fro. Justo cuando Errejn alz los ojos al encapotado cielo -«Dios mo, qu hacemos aqu»-, ella encontr una bolita en la batea. Se abstuvo de brincar.

A Daz se le acaba el tiempo. No puede desmarcarse ni abjurar de Snchez y tomar nuevo rumbo -en ningn caso propio- porque se cierra la puerta de consolacin: ingresar en sus listas. Tampoco puede intensificar su seguidismo, que nutre a Podemos, preferencia otra vez de Snchez. As que gana tiempo y renueva en Andaluca su candidatura sin candidato y sin los de Belarra. Es la honra para IU y un ejercicio de dignidad y autonoma limitada de Daz, pues lo hace con el emblema proporcionado por Snchez: la bandera palestina, el entelado para la sopa -de siglas- en el espacio. La izquierda se pega por la paz.





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